LOS INDIFERENTES
Diego Acosta García
La mayoría de nosotros nos comportamos como si estuviéramos en una burbuja donde todo es más o menos ideal, donde pareciera que la maldad del mundo está alejada de nuestras vidas.
Pareciera que la frase la «vida color de rosa” nos alcanzara de pleno simplemente porque somos creyentes, porque se nos enseña que todo está bien y que el mal difícilmente nos alcanzará.
De tanto escuchar buenas palabras, acabamos por creerlas sin advertir que no hay nada más alejado de la realidad, que esos argumentos que solo sirven para que nos sintamos contentos con el lugar donde estamos.
Pero es verdad que la «vida es color de ro
sa”? Aunque se nos insinúe que efectivamente es así, estamos frente a una tremenda distorsión de lo que nos enseñó Jesús.
El Maestro nos advirtió que pasaríamos aflicciones y también que seríamos perseguidos por ser sus seguidores y que seríamos humillados, difamados, calumniados.
De este modo podemos comprobar que en el mundo real existen los destructores, los hombres que pretenden que la obra de Dios esté bajo su control y si no logran conseguirlo, simplemente arrasan con todo.
Estamos advertidos. La “vida color de rosa” es una frase mundana que se opone a la realidad que nos toca vivir. Enfrentemos con decisión a los destructores, porque nunca serán más poderosos que Dios.
Salmos 91:3
Diego Acosta García
Cada vez que hablamos lo hacemos con una intención, porque difícilmente hablemos sin pensar lo que decimos. O al menos eso es lo que se espera de nosotros.
Por tanto cuando hablamos seguramente estamos tratando de expresar nuestros pensamientos, nuestras ideas o nuestras emociones o sentimientos.
Distinto es cuando hablamos para expresar lo que entendemos que está bien o que está
mal, lo que es bueno o lo que es malo, tratando de reflejar lo que dice la Palabra de Dios.
Pero qué ocurre cuando hablamos para halagar? Qué ocurre cuando hablamos para seducir a quién o a quienes nos escuchan? Qué ocurre cuando hablamos con segundas intenciones?
Creemos que nadie puede responder en forma negativa a estas preguntas, pues seguramente unos más y otros menos, todos hemos hablado con esos propósitos.
Seguramente nos olvidamos que Dios escucha lo que hablamos, aunque no nos dirijamos a Él, aún cuando no sea nuestra intención dirigirnos a Él con nuestras palabras.
Debemos recordar que Dios siempre nos escucha y que muchas veces habremos entristecido su corazón con nuestros dichos. Por eso antes de hablar pensemos: A quién alegramos con nuestras palabras?
Salmos 64:10
Diego Acosta García
A lo largo de los años hemos podido comprobar cómo los movimientos pendulares en la sociedad afectan gravemente sus comportamientos, hasta tornarlos imprevisibles y contradictorios.
El movimiento del péndulo es totalmente contrario al equilibrio, tan necesario para mantener actitudes que no vayan de extremo a extremo, de opuestos a opuestos.
Jesús dejó establecidas enseñanzas para los hombres que suponen un cambio de mente y una nueva manera de vivir, pero dejando siempre l
ugar a la coherencia.
Por esta razón debemos ser tan cuidadosos con la cuestión de los movimientos pendulares, para que no afecten ni pongan en duda los principios fundamentales con los que tenemos que vivir.
Por pretender ser generosos o buscadores de la libertad, es como se va permitiendo que hombres y mujeres que se niegan a reconocer que viven en pecado, se llamen cristianos.
Los principios bajo los cuales debemos de vivir son inamovibles, no están sujetos a cambios por la influencia de la sociedad. Todo lo contrario, los principios en los que creemos deben ser transformadores de la sociedad.
Que el péndulo no nos lleve a aceptar situaciones que son contrarias a la rotundidad de la Palabra de Dios. Vivamos fielmente nuestra condición de hijos de Dios y no nos apartemos de la senda estrecha.
Santiago 4:8
Diego Acosta García
Reconocer nuestros errores nos ayudará a centrarnos en nuestros propósitos y especialmente a reencontrarnos en el Camino correcto y no el equivocado.
Demasiado frecuentemente caemos en la grave tentación de tomar decisiones o de solucionar problemas, desde nuestra propia sabiduría o con nuestras propias fuerzas.
Solamente cuando fracasamos, cuando advertimos que a pesar de nuestro voluntarismo o de nuestra tenacidad, no encontramos ni las decisiones correctas ni las soluciones que esperamos, apelamos a Dios.
En otras palabras hasta que no fracasamos rot
undamente, tratamos de ocupar el lugar de Dios porque pensamos que somos superiores o porque nuestra vanidad nos impulsa a hacer lo equivocado.
La comprensión que ocupar el lugar de Dios es mala para nuestras vidas, nos debe llevar al arrepentimiento por nuestra arrogancia y para poder recibir la Gracia del Perdón.
Todas las veces que estemos a punto de caer en esta tentación recordemos las consecuencias que debimos afrontar en el pasado, para que en nuestro futuro no haya más tristes experiencias.
Nunca olvidemos que Dios es el Soberano sobre todas las cosas y Soberano sobre nuestras vidas. Recordemos siempre que cuando Él ocupa su lugar, estamos bajo su Gracia y su Bendición.
Hechos 4:24
Diego Acosta García
Hace un tiempo advertimos la obsecuencia de un hermano con relación a quién era la máxima organización a la que pertenecíamos, porque era un caso verdaderamente extremo.
La obsecuencia parecía tener el único propósito de obtener ventajas de la pleitesía y de sus reiteradas manifestaciones, impropias de alguien que se llama hijo de Dios.
Este caso comenzó a ser conocido y esta persona obviamente, comenzó a quedar en evidencia a raíz de sus continuos gestos hacia quién ten
ía las mayores responsabilidades.
Cierto día comentando el tema y sobre todo preocupados por el mal ejemplo para los jóvenes, alguien hizo un comentario que todavía recordamos.
La obsecuencia es extremadamente peligrosa, para el que la practica y también para quien la recibe sin oponerse a ella e impedir que se siga manifestando.
Este enfoque provenía de un hombre respetado por su buen juicio y por su dominio propio y fue un llamado de alerta que comprendimos en su verdadera importancia.
A raíz de esto hablamos con nuestro superior y le expusimos lo que habíamos comentado. Este hombre en un ejemplar ejercicio de humildad, reconoció su error y decidió llamar al orden al obsecuente y no tolerar sus malas actitudes.
1 Tesalonicenses 2:4
Diego Acosta García
Por qué muchas veces nos sentimos solos? Incluso podemos llegar a sentirnos abandonados, viendo como otras personas disfrutan de relaciones, de amistades, de familias.
Que es lo que nos sucede? Es bueno reflexionar sobre esto, porque debemos advertir que como somos seres únicos, diferentes, nuestras conductas también son diferentes.
Hay quienes enseñan que es necesario esforzarse para desarrollar el relacionamiento social, sin pensar que eso significa insinuar que cambiemos nuestra forma de ser y llegar a mostrarnos como no somos.
No porque seamos más sociales seremos mejores, en todo caso seremos diferentes y por tanto todo lo que hagamos y todo lo que digamos, será diferente a lo que hacen y dicen otras personas.
La búsqueda compulsiva de relaciones no nos asegurará que estamos haciendo lo mejor y lo correcto según la Palabra de Dios, que dice que no es bueno estar solos.
Es necesario que nuestra mejor compañía sea Jesús, pues Él es nuestro compañero más preciado, el más noble, el más sincero, el más cabal.
No nos atribulemos con la soledad, sino que pensemos que tener a Jesús en nosotros, es un privilegio que nos distingue y nos guía y por tanto no debemos caer en búsqueda vanas.
Deuteronomio 32:10
Diego Acosta García
Una joven contaba con cierta dosis de timidez que muchas veces lloraba cuando veía las noticias, especialmente cuando afectaban a los niños en las guerras.
Esta declaración resultó un poco sorprendente porque revelaba que la joven estaba preocupada por lo que ocurría a su alrededor, aunque fuera lejano en la distancia.
La inmediata reacción fue de una cierta incredulidad, porque varios compañeros le preguntaron si era verdad lo que había dicho, cosa que molestó bastante a la protagonista de este episodio.
Está mal llorar por las noticias? Que tiene d
e malo? Estas parecieran que eran las preguntas que se formulaba la joven tras la reacción de sus compañeros de estudios bíblicos.
Lo que fue una honesta declaración se convirtió en un problema, no solo por las dudas sino también por la falta de interés y de solidaridad de quienes compartían los estudios.
No será la primera vez que una honrada manifestación de las actitudes personales, es respondida con indiferencia y hasta con ciertas dosis de incredulidad.
Llorar por las noticias no es ni bueno ni malo, tal vez. Llorar por quienes sufren en distintos países del mundo, no solamente que es bueno, sino que revela la misericordia que guardamos en nuestro corazón.
Salmos 25:10
Diego Acosta García
Contaba una señora mayor que desde jovencita siempre había deseado tener una vida apacible en los últimos años de su vida y que había tratado de lograr ese objetivo.
Se había casado, tenido hijos y ahora era abuela… y pensaba que con todos esos logros podría vivir como se había imaginado cuando era una entusiasta estudiante universitaria.
Ese era el gran plan de su vida! Pero un día conoció a Jesús y a partir de entonces nada fue igual a como se lo había imaginado. Mucho más cuando leyó ciertos pasajes de la
Biblia.
Algunos de ellos la impactaron: dos de los hombres más relevantes habían sido llamados a cumplir con el Plan de Dios, cuando tenían 80 años! La señora de la historia, comenzó a pensar que sus planes no se cumplirían.
A partir del momento en que aceptó a Jesús, comprendió que con todo lo que ella creía que había logrado, nada en realidad era tan relevante como servir al Señor.
Su esposo, sus hijos, sus nietos, su carrera universitaria eran realidades maravillosas, pero lo más importante estaba por venir y estaba dispuesta a asumir que esa sería su vida.
Ella al fin, reflexionaba acerca de lo vana que resultaba la vida sin la presencia de Jesús. No porque no le diera valor a todo lo que tenía, sino porque tener a Jesús, era tener una nueva vida, maravillosa y llena de dificultades, posibles de afrontar!.
Filipenses 4: 12-13
Diego Acosta García
Declaramos con llamativa facilidad que no estamos pendientes del pasado, pero sin embargo, nos aferramos a objetos o cosas que lo simbolizan, negando con nuestros hechos nuestras palabras.
Muchos de nosotros pensamos que en el pasado vivimos mejor, que los tiempos anteriores fueron más agradables que los presentes, tal y como hizo el pueblo de Israel en el desierto luego de haber sido liberados de Egipto.
Este mirar para el pasado tiene también la complicación, que distorsiona el presente porque no nos atrevemos a valorarlo con realismo y nuestras emociones terminan prevaleciendo.
Por qué miramos hacia el pasado? Esta sería la pregunta básica sobre este tema. La respuesta sería que hay algo en el presente que nos disgusta o que no es como lo habíamos imaginado.
El día a día, lo que podríamos llamar la lucha cotidiana tiene el problema que pone a prueba nuestra capacidad de convertir en realidad lo que declaramos.
Si decimos que somos creyentes y que somos hijos de Dios, por qué no obramos en consecuencia? Que está impidiendo que obremos como se espera que debamos obrar?
No miremos el pasado, porque al tener la mirada puesta hacia atrás, no podemos ver las cosas mejores que Dios tiene para nosotros. El pasado debe ocupar el lugar de la experiencia. El futuro el de la esperanza!
Eclesiastés 7:10
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Diego Acosta García