HAY MILAGROS?

Hace poco una señora preguntaba: Cómo era posible que hubiera personas que todavía creyeran en los milagros?. Decía que si en realidad alguna vez hubo milagros, seguramente fue en el pasado.

Esta incredulidad se basaba en las cosas que ocurren en el mundo y que a ella le mostraban que Dios se había olvidado de las personas y que había dejado librado a los hombres a su propia suerte.

En casos como este es necesario pedir Sabiduría de lo Alto para poder dar las razones  oportunas y que pudieran llegar hasta la mente y el corazón de quién se siente frustrado y hasta traicionado.

Como siempre hay quién tiene el argumento necesario. Le preguntó: Señora, Ud. viaja todos los días en el metro? Ella dijo que sí, que todos los días, a eso de las siete de la mañana.

Y Ud. tiene seguridad de que el metro va a funcionar? Por supuesto contestó ella, como no habría de funcionar. Y Ud. compra pan todos los días? Claro, antes de irme de casa.

Si Ud. cree que el metro y la panadería estarán abiertos todos los días, por qué no puede creer que Dios hace milagros todos los días? Y uno de esos milagros es la fe que Ud. tiene para poder viajar y poder comprar alimentos para comer.

Daniel 4:2
Diego Acosta García

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LA INFLUENCIA

En las relaciones humanas siempre se van estableciendo determinados niveles, que permiten que unas personas predominen sobre otras, en lo que llamamos la influencia.

Esto puede ser bueno o puede ser malo, dependiendo de cómo es la otra persona, de cuáles son sus ideas y sobre todo como son valores espirituales.

En otras palabras, si la influencia que recibimos es la correcta estaremos creciendo en la dirección adecuada. Pero si no fuera así, estaremos abandonando la senda estrecha.

Esto no significa que la persona que pueda tener predicamento sobre nosotros sea un hombre o una mujer de malos principios, simplemente se trata de entender que quizás esos principios no coincidan con los nuestros o no nos sean convenientes.

Los buenos principios de otros pueden entrar en conflicto con los que debemos sostener como elementos fundamentales de nuestra fe y entonces, dejaran de ser buenos para convertirse en alarmantes.

Esto significa que constantemente debemos de escudriñar las actitudes y los pensamientos de quienes nos rodean, para tratar de contrastar todo lo que dicen o lo que hacen con la Palabra de Dios.

Este ejercicio de prudencia nos ha sido dado como un mandato, a efectos de que nadie nos engañe y también para que con nuestras actitudes permisivas nos dejemos engañar.

Proverbios 1:10
Diego Acosta García

BENDECIR ESCUCHANDO

Cuando pensamos como podemos bendecir a otras personas, siempre nos imaginamos que es orando, intercediendo, clamando por sus vidas y sus necesidades.

Desde luego que es una manera preciosa de bendecir a quienes nos rodean o aún a aquellas otras que estando lejanas, sabemos que están en pruebas o en aflicción.

Debemos recordar que además de orar tenemos otras maneras de bendecir y debemos estar atentos para percibir las necesidades que quienes nos rodean puedan tener.

Hemos recibido el mandato de amar al prójimo y bendecir forma parte de ese mandato, puesto que nos preocupamos con misericordia de los problemas de los demás.

Bendecir es también una forma de alejarnos de nuestras actitudes egoístas que nos impiden llorar con el que llora y sufrir con el que sufre, que es como debería ser nuestra vida de creyentes.

Bendigamos con nuestras oraciones y también con nuestros hechos, aquellos que representan ayudas o aquellos que representan tener amor a través de actitudes humildes y sin grandilocuencias.

Escuchar con paciencia, con atención es también otra forma de bendecir, a quién precisamente necesita que se lo escuche, que busca comprensión y sobre todo busca amor en otra persona.

Deuteronomio 15:10
Diego Acosta García

LÍCITO O CONVENIENTE?

Un joven recién convertido estaba maravillado leyendo la Biblia, cuando descubrió un versículo que le pareció tremendamente contradictorio y por tanto se preocupó grandemente.

Comentaba que como Pablo podía decir que lo que nos era lícito nos podía resultar inconveniente. Si era lícito, no había más que decir, simplemente era conveniente.

Frente a razonamientos como este, es donde debe surgir la misericordia y el amor de quienes siendo mayores en la fe que el joven hermano, debían ayudarlo a interpretar la Palabra.

La primera reacción es responder con formalismos basados en la Escritura, sin reparar que debemos ser sabios y amorosos para tratar con personas que tienen dudas.

Sin embargo la cuestión es tratar de hacer comprender al hermano, que su interpretación era muy distinta al que había inspirado al Apóstol al escribir esa sabia recomendación.

Lo lícito era el legalismo que en la mayoría de los casos está inspirado en opiniones de hombres. Lo permitido es aquello que por la revelación del Espíritu sabemos que es lo mejor para nosotros.

Precisamente se trata de no dañar a los jóvenes creyentes con palabras y con hechos que puedan afectar su fe creciente y no caer en legalismos que los aparten del amor que contiene la Palabra de Dios.

1 Corintios 10:23
Diego Acosta García

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LOS INDIFERENTES

 

Seguramente todos conocemos a personas que viven con la mayor indiferencia con relación a todos lo que los rodea, como si pudieran caminar por las alturas sin tocar la tierra.
Esas personas son las que tienen una profunda preocupación por ellas mismas y están totalmente centradas en sus propias vidas, no dejando lugar a nada que sea ajeno a ellas.
La indiferencia se convierte en una seña de identidad, en una forma de comportarse y en una forma de relacionarse. Solamente hay interés cuando se trata de un tema que les afecte.
Ignoran de esta manera lo que nos pasa a los hombres y mujeres que vivimos junto a ellos, y tratan que todo lo que nos ocurra no les produzca ningún inconveniente.
Como distinguimos a los indiferentes? Son altivos, distantes, con una cierta dosis de prepotencia y otra de superioridad que los hace ser distintos a todos nosotros.
Nos deben preocupar los indiferentes? La respuesta debería ser que no, por la simple razón que ellos no se preocupan por nosotros, pero esa no es una respuesta digna de los hijos de Dios.
La indiferencia de algunas personas, nos tiene que hacer reflexionar cuanto trabajo queda por hacer para establecer el Reino. Mientras queda un solo indiferente, la tarea no estará terminada.
Proverbios 16:5
Diego Acosta García

LOS DESTRUCTORES

La mayoría de nosotros nos comportamos como si estuviéramos en una burbuja donde todo es más o menos ideal, donde pareciera que la maldad del mundo está alejada de nuestras vidas.

Pareciera que la frase la «vida color de rosa” nos alcanzara de pleno simplemente porque somos creyentes, porque se nos enseña que todo está bien y que el mal difícilmente nos alcanzará.

De tanto escuchar buenas palabras, acabamos por creerlas sin advertir que no hay nada más alejado de la realidad, que esos argumentos que solo sirven para que nos sintamos contentos con el lugar donde estamos.

Pero es verdad que la «vida es color de rosa”? Aunque se nos insinúe que efectivamente es así, estamos frente a una tremenda distorsión de lo que nos enseñó Jesús.

El Maestro nos advirtió que pasaríamos aflicciones y también que seríamos perseguidos por ser sus seguidores y que seríamos humillados, difamados, calumniados.

De este modo podemos comprobar que en el mundo real existen los destructores, los hombres que pretenden que la obra de Dios esté bajo su control y si no logran conseguirlo, simplemente arrasan con todo.

Estamos advertidos. La “vida color de rosa” es una frase mundana que se opone a la realidad que nos toca vivir. Enfrentemos con decisión a los destructores, porque nunca serán más poderosos que Dios.

Salmos 91:3
Diego Acosta García

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A QUIÉN ALEGRAMOS?

Cada vez que hablamos lo hacemos con una intención, porque difícilmente hablemos sin pensar lo que decimos. O al menos eso es lo que se espera de nosotros.

Por tanto cuando hablamos seguramente estamos tratando de expresar nuestros pensamientos, nuestras ideas o nuestras emociones o sentimientos.

Distinto es cuando hablamos para expresar lo que entendemos que está bien o que está mal, lo que es bueno o lo que es malo, tratando de reflejar lo que dice la Palabra de Dios.

Pero qué ocurre cuando hablamos para halagar? Qué ocurre cuando hablamos para seducir a quién o a quienes nos escuchan? Qué ocurre cuando hablamos con segundas intenciones?

Creemos que nadie puede responder en forma negativa a estas preguntas, pues seguramente unos más y otros menos, todos hemos hablado con esos propósitos.

Seguramente nos olvidamos que Dios escucha lo que hablamos, aunque no nos dirijamos a Él, aún cuando no sea nuestra intención dirigirnos a Él con nuestras palabras.

Debemos recordar que Dios siempre nos escucha y que muchas veces habremos entristecido su corazón con nuestros dichos. Por eso antes de hablar pensemos: A quién alegramos con nuestras palabras?

Salmos 64:10
Diego Acosta García

EL PÉNDULO

A lo largo de los años hemos podido comprobar cómo los movimientos pendulares en la sociedad afectan gravemente sus comportamientos, hasta tornarlos imprevisibles y contradictorios.

El movimiento del péndulo es totalmente contrario al equilibrio, tan necesario para mantener actitudes que no vayan de extremo a extremo, de opuestos a opuestos.

Jesús dejó establecidas enseñanzas para los hombres que suponen un cambio de mente y una nueva manera de vivir, pero dejando siempre lugar a la coherencia.

Por esta razón debemos ser tan cuidadosos con la cuestión de los movimientos pendulares, para que no afecten ni pongan en duda los principios fundamentales con los que tenemos que vivir.

Por pretender ser generosos o buscadores de la libertad, es como se va permitiendo que hombres y mujeres que se niegan a reconocer que viven en pecado, se llamen cristianos.

Los principios bajo los cuales debemos de vivir son inamovibles, no están sujetos a cambios por la influencia de la sociedad. Todo lo contrario, los principios en los que creemos deben ser transformadores de la sociedad.

Que el péndulo no nos lleve a aceptar situaciones que son contrarias a la rotundidad de la Palabra de Dios. Vivamos fielmente nuestra condición de hijos de Dios y no nos apartemos de la senda estrecha.

Santiago 4:8
Diego Acosta García

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EL LUGAR DE DIOS


Reconocer nuestros errores nos ayudará a centrarnos en nuestros propósitos y especialmente a reencontrarnos en el Camino correcto y no el equivocado.

Demasiado frecuentemente caemos en la grave tentación de tomar decisiones o de solucionar problemas, desde nuestra propia sabiduría o con nuestras propias fuerzas.

Solamente cuando fracasamos, cuando advertimos que a pesar de nuestro voluntarismo  o de nuestra tenacidad, no encontramos ni las decisiones correctas ni las soluciones que esperamos, apelamos a Dios.

En otras palabras hasta que no fracasamos rotundamente, tratamos de ocupar el lugar de Dios porque pensamos que somos superiores o porque nuestra vanidad nos impulsa a hacer lo equivocado.

La comprensión que ocupar el lugar de Dios es mala para nuestras vidas, nos debe llevar al arrepentimiento por nuestra arrogancia y para poder recibir la Gracia del Perdón.

Todas las veces que estemos a punto de caer en esta tentación recordemos las consecuencias que debimos afrontar en el pasado, para que en nuestro futuro no haya más tristes experiencias.

Nunca olvidemos que Dios es el Soberano sobre todas las cosas y Soberano sobre nuestras vidas. Recordemos siempre que cuando Él ocupa su lugar, estamos bajo su Gracia y su Bendición.

Hechos 4:24
Diego Acosta García

LA OBSECUENCIA

Hace un tiempo advertimos la obsecuencia de un hermano con relación a quién era la máxima organización a la que pertenecíamos, porque era un caso verdaderamente extremo.

La obsecuencia parecía tener el único propósito de obtener ventajas de la pleitesía y de sus reiteradas manifestaciones, impropias de alguien que se llama hijo de Dios.

Este caso comenzó a ser conocido y esta persona obviamente, comenzó a  quedar en evidencia a raíz de sus continuos gestos hacia quién tenía las mayores responsabilidades.

Cierto día comentando el tema y sobre todo preocupados por el mal ejemplo para los jóvenes, alguien hizo un comentario que todavía recordamos.

La obsecuencia es extremadamente peligrosa, para el que la practica  y también para quien la recibe sin oponerse a ella e impedir que se siga manifestando.

Este enfoque provenía de un hombre respetado por su buen juicio y por su dominio propio y fue un llamado de alerta que comprendimos en su verdadera importancia.

A raíz de esto hablamos con nuestro superior y le expusimos lo que habíamos comentado. Este hombre en un ejemplar ejercicio de humildad, reconoció su error y decidió llamar al orden al  obsecuente y no tolerar sus malas actitudes.

1 Tesalonicenses 2:4
Diego Acosta García