AGRADAR


Es probable que la gran mayoría de nosotros vivamos pensando en lo que los demás opinan de nosotros, lo que genera una especial forma de vivir y de comportarnos.

Buscamos agradar para ser admitidos, para ser reconocidos, porque es un rasgo esencial de la condición humana el sabernos valorados por las demás personas.

En esa búsqueda invertimos muchos esfuerzos y afanosamente no solamente buscamos agradar sino que también intentamos ser como las otras personas querrían que fuéramos.

Curiosamente contra más nos esforzamos menos resultados logramos porque comienza a operarse en nuestro interior, un cambio realmente peligroso.

Podemos llegar a un estado en el que somos más como los demás suponemos que desearían, que como realmente somos y se nos plantean auténticos problemas de lo que podríamos llamar la identidad.

La búsqueda de agradar a los demás es un afán además de peligroso inútil, porque nunca conseguiremos nuestros objetivos así como tampoco nos mostraremos como realmente somos.
La verdadera raíz del problema es que el afán de agradar domina nuestros actos y nos olvidamos que somos seres únicos e incomparables y por tanto somos una joya de la Creación.
Agradar a los demás es completamente diferente de ser una referencia para los demás, que es lo que se nos demanda porque Dios tiene un propósito único e intransferible para cada uno de nosotros.

Efesios 6:6
Diego Acosta García

LOS CONSEJOS

La Palabra de Dios nos enseña por la activa y la pasiva acerca de la necesidad de pedir consejos para enfrentar situaciones o para tomas decisiones relevantes.

Esta enseñanza de que busquemos consejos es más que sabia, porque nos permitirá cotejar opiniones de personas en las que confiamos y también personas reconocidas por su prudencia.

Es evidente que recibir consejos nos permitirá aclarar nuestras dudas y también nos ayudará a formarnos una opinión sobre el tema que nos preocupa.

Con pedir consejos hemos acabado con la cuestión? Decididamente no, porque la Biblia nos enseña a que debemos escudriñar todo lo que leemos y todo lo que se nos dice.

Y por qué entonces pedimos consejos? Porque de ellos recibiremos sabiduría, pero de escudriñar y contrastar esos consejos, tendremos la certeza de que hemos adoptado la decisión correcta. 

Podríamos decir que todavía falta lo más importante: Saber si luego de haber escuchado los consejos y después de haberlos escudriñado, estamos obrando según la Voluntad Soberana del Señor.

Y para buscarla debemos poner nuestra decisión ante su presencia, clamando para que nos indique su Voluntad y obrar entonces en consecuencia, sabiendo que estamos haciendo lo correcto.

En la hora de las decisiones es bueno buscar consejos, pero siempre será lo más importante saber lo que Dios quiere de nosotros y hacer lo que Él quiere que hagamos.

Isaías 25:1
Diego Acosta García

NUESTROS PLANES

En un estudio bíblico uno de los alumnos hizo una pregunta que muchos de nosotros teníamos en mente, a propósito del tema que se estaba tratando: Podemos hacer proyectos…podemos hacer planes para el futuro?

El maestro con toda paciencia volvió a recalcar los principios de su enseñanza: Los hombres podemos hacer planes pero siempre estarán sujetos a la Voluntad Soberana de Dios.

Y otro alumno preguntó lo que también estábamos pensando: Y que ocurre cuando decidimos que lo que hemos planeado está bien y no esperamos la decisión de Dios?

A eso lo llamamos libre albedrío le contestó el maestro y por lo tanto nos debemos hacer responsables de nuestras decisiones y de todas sus consecuencias.

Pero que significa exactamente esto: Si sabemos que Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros y a pesar de ello tomamos determinaciones sin consultarlo, corremos riesgos.

Nuestros planes no tienen necesariamente que coincidir con los que Dios ha establecido y entonces nos encontraremos ante circunstancias de las que tendremos que asumir sus resultados.

Hacer planes y proyectos forma parte de nuestra naturaleza, pero también debemos ser sabios y comprender que siempre nuestras decisiones deben ser aprobadas por Dios. Solamente así obraremos con su bendición.

Proverbios 16:33

Diego Acosta García

DE LO QUE TENGO TE DOY

El momento de ofrendar es francamente precioso si lo que tenemos en nuestro corazón está en la línea con lo que nos enseñó el Apóstol Pedro cuando junto con Juan, sanaron un cojo.

En esa oportunidad Pedro dijo: No tengo nada, pero de lo que tengo te doy, una maravillosa revelación de su corazón que nos revela lo consciente que era de que las cuestiones materiales no tienen nada que ver con las espirituales.

Muchas veces cuando llega el momento de la ofrenda nos sentimos inquietos, hasta podríamos decir que malhumorados, porque consideramos que estamos obligados a dar de nuestro dinero.

Y más inquietos nos quedamos cuando sabemos perfectamente el escaso dinero que tenemos en nuestro poder y entonces sacamos cuentas acerca de lo que podemos dar y con cuánto nos vamos a quedar.

La ofrenda, no tiene que ser necesariamente de dinero y no nos podemos incomodar por no tenerlo. Pero pensemos: Realmente no tenemos nada para dar si no tenemos dinero?

No tenemos tiempo? No tenemos misericordia? No tenemos amor? No tenemos oídos para escuchar? No tenemos paciencia para el ansioso? No tenemos palabras para quién las necesita?

Como es posible que digamos que no tenemos nada para dar?. Sigamos el ejemplo de Pedro, porque entonces descubriremos que lo que tenemos para dar es mucho más y mejor de lo que nos imaginamos!

Hechos 3:6

Diego Acosta García

 

VOLVER A LA NIÑEZ

Nunca dejará de sorprendernos el cambio de actitud que significa volver a ser niños, volver a ser pequeños y tener la capacidad de aprender de quienes tienen pocos años.

Es así como Jesús quiere que seamos, porque únicamente así seremos capaces de tener la aptitud de recibir enseñanzas, de no ser vanidosos de nuestros hechos ni de nuestra sabiduría.

Ser como niños nos guarda de todos los condicionantes que tenemos como adultos, de todas aquellas cosas que arrastramos de nuestro pasado y que tanto nos gustan y que tanto nos atan.

Volver a la niñez espiritual es lo que se nos reclama para que podamos sentirnos humildes ante quién nos creó y no adoptar posturas que los hombres creemos que son las mejores.

Siendo niños no nos atreveremos a desafiar a Dios ni a renegar de sus mandatos y siendo como niños nos comportaremos con respeto y también con el amor que solo los pequeños pueden dar.

La niñez es un tiempo precioso que se inicia en el momento mismo en que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador y nos transformamos en hombres nuevos y en mujeres nuevas.

No dejemos que nuestros aires de superioridad, nos priven de iniciar el camino hacia la perfección. Se nos reclama que seamos como niños, no que nos comportemos como niños. Esa es la gran diferencia.

Mateo 11:25

Diego Acosta García

LA TECNO IGLESIA

Alguna vez nos imaginamos a Jesús en el Sermón del Monte? Alguna vez pensamos en ese prodigioso momento en el que transmitía su mensaje a miles de personas?

Es probable que nos podamos dar una idea de cómo fue posible que se concretara ese tiempo en el que el Autor de nuestra fe, expusiera los fundamentos del Reino.

Tal vez en lo que no hayamos reparado es que ese mensaje histórico para los hombres, fue dado sin la intervención de ninguna tecnología, sin la ayuda de toda la parafernalia de nuestros tiempos.

Por esta razón debemos reflexionar acerca de lo que está ocurriendo en nuestros días, cuando podemos ver en las iglesias más y más elementos técnicos.

El mundo del sonido y de las imágenes, de los más modernos y eficaces métodos de difusión, están puestos al servicio de quienes buscan impactar a las congregaciones.

Es esto bueno o malo? Bueno si se actúa con mesura, malo si caemos en el efectismo. Mucho nos tememos que lo que sería una buena utilización de los recursos tecnológicos, se está convirtiendo en un auténtico objetivo.

La prudencia debe regir todos nuestros actos. No nos oponemos a la tecnología, pero si declaramos que sea utilizada con sabiduría para que no se convierta en un fin en sí misma.

Proverbios 2:2
Diego Acosta García

CUANDO DEJAMOS DE APRENDER?


Pareciera que nuestra capacidad de aprendizaje tiene un límite, a partir del cual ya no es necesario que sigamos recibiendo más conocimientos porque los que tenemos nos bastan.

Ese es el momento en el que nuestra soberbia determina que ha llegado el momento de no comportarnos como alumnos, sino que debemos pasar a ser maestros.

Un paso tan arriesgado como poco conveniente, porque la Palabra de Dios nos enseña repetidamente que debemos estar prestos a seguir creciendo, sin importar nuestras circunstancias.

No importa que seamos importantes según nuestra opinión, ni relevantes según los cargos que ocupemos, siempre debemos de seguir creciendo, porque nunca estaremos en el nivel que se nos reclama.

Dejar de ser alumnos nos priva además, de los preciosos momentos en que la persona más inesperada, nos brinda un mensaje de sabiduría, de reflexión, de exhortación.

Dios utiliza los medios más variados y sorprendentes para hablarnos y cuando nos cerramos en nuestra postura de ser lo suficientemente conocedores, nos perdemos sus mensajes.

Es importante que reflexionemos sobre esta cuestión. No caigamos en la vanidosa postura de saberlo todo y seamos humildes para que nuestras vidas puedan enseñar a los demás.

Salmos 119:73
Diego Acosta García

 

LOS SEMBRADORES

Los hombres y mujeres que formamos la especie humana, es probable que tengamos una cosa en común: Que a todos nos gusta ver los resultados de nuestro trabajo.

Este criterio parece esencial en la vida de cada uno de nosotros y se manifiesta en una mayor o en una menor medida, pero finalmente se traduce en lo mismo: Queremos ver los frutos de nuestras obras.

Este afán muchas veces nos conduce a la apatía y a la desmotivación porque dudamos si una determinada tarea, nos puede brindar lo que estamos buscando.

Si hablamos de llevar el mensaje de Salvación, muchas veces dejamos de hacerlo, porque de antemano descartamos que podamos haber dado con la persona adecuada para recibirlo.

Es decir: nos convertimos en los jueces de nuestros propios actos, negando a otro ser humano la posibilidad de escuchar el mensaje de Jesús, el mismo que nos fue dado para nuestra salvación.

Debemos abandonar esta actitud egoísta y sin fundamento espiritual, porque hemos sido enseñados que quienes siembren no siempre serán los que recojan las cosechas.

Seremos juzgados por nuestras obras como reflejo de la medida de nuestra fe y por tanto no debemos ser mezquinos con nuestro trabajo porque solamente Dios lo podrá honrar. Nunca dejemos de sembrar!

Salmos 126:5
Diego Acosta García

Y LA MAYORDOMÍA?

Cuando se anuncian los grandes cambios que se están registrando en la tierra como consecuencia de la obra del hombre, es bueno preguntarse por nuestra responsabilidad.

El propósito de Dios es que el hombre señoreara sobre todo lo creado y sojuzgara a toda la Creación, por lo que nos constituyó en mayordomos de su Obra.

Es evidente que nos cuesta entender el sentido de la responsabilidad personal que tenemos en esta cuestión, porque siempre lo relacionamos con la responsabilidad que tenemos los 7 mil millones de habitantes.

Sin embargo cada uno de nosotros ha sido hecho responsable de todo lo que le ocurra a la Tierra, por lo que no podemos eludir la carga que tenemos sobre lo que le suceda al planeta en el que vivimos.

De allí la importancia de hacernos cargo de este mandato recibido, siendo ejemplares en su cumplimiento para que las personas que nos rodean, lo comprendan y obren en consecuencia.

Tan importante como esto, es la primordial tarea de enseñar a nuestros hijos, para que sean ellos los portadores en el futuro de la alta misión que tenemos como mayordomos.

Ser hijos de Dios nos compromete doblemente en esta cuestión de guardar y preservar la Creación, porque formamos parte de ella y porque al estar en su cúspide, tenemos una más grande responsabilidad.

Génesis 2:27-28
Diego Acosta García

NEGARSE


Pocas cosas en la vida son más difíciles de entender como nuestra negativa a aceptar la realidad, luchamos contra ella y nos enfrentamos a retos que son verdaderamente inalcanzables.

A pesar de las evidencias nos debatimos y nos negamos a aceptar lo que para muchos, son verdades que prácticamente no tienen discusión, porque están basadas en sólidos fundamentos.

Podemos pensar que la lucha contra la realidad forma parte de un momento de nuestra vida, quizás porque somos muy jóvenes o porque tenemos poca experiencia.

Sin embargo los dos argumentos se rebaten por sí mismos, al constatar cuantos casos hay de personas mayores que también están entregados a la lucha contra la realidad.

Contra qué realidad luchamos? Qué realidad negamos? Se trata de debatirnos contra la peor de las realidades: que es la que sabemos que es la Verdad y no lo que nosotros argumentamos.

Quienes un día conocieron a Dios y luego lo niegan, están luchando contra la realidad más absoluta y por eso libran batallas que están perdidas desde antes de comenzar.

Tengamos amor y misericordia por las personas que se encuentran en esta situación, ayudándolas con el ejemplo de nuestras vidas y con lo que Dios ha hecho en nosotros.

Difícilmente podamos utilizar otros argumentos distintos a éstos, porque las palabras siempre originan debates, pero los hechos siempre se demuestran por sí mismos y es prácticamente imposible negarlos.

2 Timoteo 2:13
Diego Acosta García