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Acusar de extremismo a la iglesia Evangélica parece haberse convertido en otro supuesto filón, para ganar notoriedad, aunque difícilmente prestigio.
Criticar a una rama de la iglesia y además haciéndola cercana a una forma de opinión política, es no solo aventurado sino también irrespetuoso.
Tal vez porque se especula que la Iglesia no será capaz de reaccionar y de esta forma debilitar los argumentos que se alzan en su contra. Este mensaje no tiene el propósito de defender a nadie, sino el de esclarecer una cuestión fundamental.
Se trata que el supuesto extremismo eclesial, de existir, no es menor de sus acusadores, que haciendo abuso de la libertad de expresión, se permiten valorar cuestiones espirituales, con la vulgaridad de ubicar a quienes profesan la fe, como cercanos a una determinada idea política.
El Movimiento Reformista que inició Martin Lutero hace más de 500 años, buscó y busca colocar a la Fe en su verdadera dimensión, y será Dios el Supremo Juez, quién determine quienes se apartaron de sus Mandamientos y juzgan al Prójimo.
Por eso es que nos preguntamos: ¿Quién juzga a quién?
Diego Acosta


