LA CORRUPCIÓN

Muchas encuestas revelan que la corrupción es uno de los problemas que más preocupan a los ciudadanos y de manera especial, la corrupción de los políticos.

Esta cuestión es muy antigua porque desde siempre hubo quienes por avaricia o por otras oscuras razones se ha van valido de sus cargos para enriquecerse.

La Palabra de Dios nos enseña que el corazón del hombre es desesperadamente corrupto, por lo que este asunto debe scorrup2er tratado con una especial atención.

¿Cuándo se habla de hombres corruptos, hablamos solamente de los corrompidos? ¿O cuando hablamos de hombres corruptos, también hablamos de los corruptores?

Para que haya corrupción necesariamente debe haber dos personas: el que corrompe y el que es corrompido. Por tanto es tan responsable uno como otro.

La cuestión pareciera ser desde la perspectiva del mundo, que se hace con los corruptos. La sociedad debe percibir que la corrupción es perseguida como un grave mal que la afecta.

Desde la perspectiva espiritual se nos enseña que el dinero y la avaricia constituyen dos elementos fundamentales en cuanto a las actitudes del corazón humano.

Por tanto guardemos nuestro corazón de todo espíritu de codicia porque es el comienzo de otras graves cuestiones que nos enfrentan de manera definitiva con las normas del Señor.

Gálatas 6:8
Diego Acosta García

¿Y LOS DEMÁS?

Uno de estos días me sorprendí pensando en un determinado momento de mi vida, que me estaba preocupando y que era el motivo de una cierta desazón.

Cuanto más intentaba solucionar el problema, más me daba cuenta que la solución no estaba dentro de mis capacidades y por mucho que me afligiera era evidente que no encontraría la salida.

Fue en estos momentos cuando el Espírito hizo acto de presencia, a través de una pregunta sencilla y concreta: ¿Y los demás? En ese instante fue como si algo hubiera explotado en mi interior.ayuda3

Pensaba que era legítimo ocuparme de mi problema… pero la pregunta me cambió el sentido de mis pensamientos y comprendí lo torpe que había sido ocupándome tanto tiempo de mi situación.

Era evidente que contra más me centraba en la búsqueda de la solución, más me alejaba de ella, porque la dimensión humana de mis fuerzas era muy pequeña con relación a la magnitud del problema.

Fue entonces cuando recordé con alegría quién es el Soberano sobre todas las cosas y desde luego sobre mi propia vida, por lo que abandoné mi preocupación.

Comprendí en toda su extensión la profundidad de la pregunta: ¿Y los demás? …En el momento que dejamos de preocuparnos por nuestros asuntos, Dios los toma como propios y entonces podemos dar amor y misericordia a quienes nos rodean.

Isaías 41:10
Diego Acosta García

LA ESPERA

Hay momentos muy especiales en la vida de los seres humanos, son aquellos en los que es necesario aguardar para que ocurra aquello que necesitamos o que deseamos.

Este tiempo suele resultar especialmente difícil porque se combinan cuestiones  que nos son particularmente complejas de manejar, como son la ansiedad y la necesidad.

La ansiedad porque nuestra naturaleza nos reclama que aquello que estamos precisando se concrete lo más pronto posible. Y en esta sociedad del “ya mismo” es mucho más notorio.

La necesidad por su parte nos parece cada vez más perentoria y nos produce la sensación de que cada segundo que pasaun minuto se agranda no solo en magnitud sino en su perentoria resolución.
La espera constituye evidentemente una forma que el Señor tiene de probar varias cosas de nosotros. Y cuando decimos probar estamos hablando literalmente de lo que llamamos “prueba”.

Está comprobando nuestra paciencia, que si no la tenemos la tenemos que desarrollar. Nuestra confianza, que si la tenemos la tenemos que robustecer más allá de los límites que nosotros mismos le queremos conceder.

Está probando  que nuestra fe se apoya en la creencia que  Él es el Soberano sobre todas las cosas, incluyendo nuestras vidas y el espacio de tiempo que llamamos espera.

La espera debe ser un tiempo de reflexión, de aprender a mirar aquellas cosas que con nuestro afán dejamos de advertir y por sobre todas las cosas, a poner nuestra mirada confiada en el Señor. Bendita sea la espera!

1 Samuel 12:16
Diego Acosta García

¿LIBRES?

Día tras día se acrecientan los mensajes que nos sugieren diversas formas de libertad relacionadas incluso con nuestro cuerpo, con nuestras decisiones y también con nuestras actitudes.

Estos mensajes buscan desmontar progresivamente instituciones fundamentales como la familia, alegando que puesto que somos libres podemos hacer lo que nos parezca bien.

En ese sentido se enfatizan los intercambios de pareja, induciendo a la infidelidad consentida u oculta y disfrazada de un progresismo cada espososvez más alejado de todo principio.

Se fomentan las diversas formas de estimular el morbo, la sexualidad, los subterfugios que nos permitan gozar de nuestro cuerpo sin otro límite que nuestra propia imaginación.

Se nos argumenta que seremos libres si rompemos con cuestiones que eran intocables hasta hace un tiempo, pero que ahora en homenaje a la ruptura de cadenas mentales y sentimentales debemos acabar con ellas.

Estas propuestas van creando un clima propicio para entender que en realidad hemos estado presos de nuestros propios prejuicios o conceptos retrógrados en los tiempos que vivimos.

¿Así seremos libres? Siguiendo estas normas del mundo que se consideran no solo progresistas sino también que revelan la evolución del pensamiento, llegaremos a una falsa y frustrante libertad.

La cuestión es saber que todas estas propuestas son ajenas a las normas que Dios nos  ha dado a los hombres para que vivamos bien con un orden superior y sabiendo que la Verdad nos hace libres.

1 Pedro 2:16
Diego Acosta García

¿AMIGOS?

En la sociedad en la que vivimos se sostienen teorías sorprendentes y otras francamente perversas porque desvirtúan la razón de ser de quienes tienen responsabilidades.

Una de esas teorías sostiene que los padres deben ser amigos de sus hijos para hacer posible una buena relación y para lograr buenos momentos en el hogar.

Esta propuesta está envuelta en muy edulcorados argumentos, tan atractivos como devastadores de lo que es el fundamento de la verdadera actitud que deben tener los padres con los hijos.

¿Por qué se propugna que seamos amigos de nuestros hijos? ¿Cuál es la verdadera intención de esta modificación de lo que siempre ha sido de otra manera?

Indudablemente que con la cuestión de que el hombre es por ser hombre lo más importante de la sociedad, que no es otra cosa que el humanismo, se lleva en la misma dirección la cuestión familiar.

Es una auténtica perversidad plantear que los padres puedan ser amigos de sus hijos, porque entonces se desvirtúa el principio de autoridad que es fundamental para la vida de los pequeños.

¿Si somos amigos de nuestros hijos, como los educaremos, como los reprenderemos, incluso como los disciplinaremos?

Los padres nunca deberán ser amigos de sus hijos, porque tienen la misión de educarlos y guiarlos,  porque así ha sido establecido por el Creador como una norma básica.

Deuteronomio 11:19
Diego Acosta García

Y DIOS?

Frente a la desmesura con la que vivimos y frente a los hechos tremendos que estamos constatando dentro y fuera de las Iglesias y por supuesto en el mundo, bueno es que nos hagamos unas preguntas.

La más importante de todas es: Y donde hemos dejado a Dios? En que atajo de nuestras vidas lo hemos dejado abandonado? Por qué nos olvidamos de esta manera de nuestro Padre?

Son preguntas inquietantes porque las respuestas son difíciles de encontrar. Jesús advirtió a los discípulos que nos cuidáramos para que nadie nos engañe.

Esta tremenda advertencia la ignoramos con una facilitad tan grande, que esa ignorancia nos abre el camino para que el mundo y los falsos profetas ocupen un lugar que nunca deberían ocupar.

Estamos muy afanados con nuestros planes, nuestras ideas, contagiados por el mundo y sus dictados y absorbidos por las teologías de quienes buscan engañarnos con sus promesas de riquezas.

Por eso es que nos olvidamos de Dios. Hemos perdido el temor y el temblor del que  nos enseñaba Pablo y nos creemos tan autosuficientes como el mundo plantea la hegemonía del hombre por sobre todas las cosas.

Estamos comenzando a vivir horas cruciales sobre las que nos enseñó Jesús. De nosotros mismos depende que las afrontemos bajo su manto protector o quedar bajo la temeraria guarda de nuestras propias fuerzas.

Filipenses 2:12
Diego Acosta García

YO AGRADO…

Muchos de nosotros pasamos gran parte de nuestro tiempo intentando ser reconocidos por las personas que nos rodean, lo que podría llamarse como la aceptación social.

En esto ponemos tanto afán que vamos desdibujando nuestra propia personalidad y no somos lo que verdaderamente somos ni tampoco somos como los demás quieren que seamos.

Una frase afortunada nos puede sacar de este auténtico enredo acerca de esto de agradar. La frase destaca, que es una gran equivocación desear agradar a todas las personas.

Dice la frase: Muchos te amarán por la forma en que eres y muchos te odiarán por la misma razón. En otras palabras: el buscar recibir el reconocimiento de la sociedad es una tarea ardua e infructuosa.

Mucho más si lo relacionamos con las cuestiones espirituales, donde recibimos mensajes concretos con relación a este tema, comenzando por el propio Jesús que no recibió el reconocimiento de muchos de los suyos.

Del mismo modo debemos pensar que buscar agradar a todo el mundo, no solo es un propósito inalcanzable sino que revela que no tenemos afirmada nuestra condición de hijos de Dios.

No estamos en este mundo para agradar a las personas, ni para ser simpáticos y mucho menos para ser reconocidos. Estamos para influir al mundo con nuestro testimonio, aunque no digamos una sola palabra.

Gálatas 1:10
Diego Acosta García

LAS INTENCIONES

Hubo un tiempo en el que un grupo de hermanos estábamos afanados por trabajar más y más en nuestra congregación, tratando de lograr objetivos que nos habíamos marcado.

En ese afán no advertimos que nuestros esfuerzos buscaban más el reconocimiento de los hombres y de los líderes, que el hecho importante y trascendente de servir al Señor.

Confundimos lo importante con lo verdadero, de una manera tan grande que poco a poco nos fuimos alejando de las cuestiones espirituales para centrarnos solamente en el rendimiento del esfuerzo.

Esta situación se fue acentuando a medida que advertimos que otros hermanos también participaban de tareas similares a las nuestras y podría decirse que estábamos compitiendo entre nosotros.

Como siempre pasa, algunas personas advirtieron que tanto afán estaba resultando perjudicial, por contradictorio que pudiera parecer, puesto que nos apartamos entre otras cosas, de las reuniones de oración.

Habíamos suplantado el servicio auténtico por los objetivos que nos habíamos propuesto y lo trascendente de la misericordia y el amor, lo habíamos relegado.

En situaciones como estas donde lo aparente es más importante que lo sustancial, nunca debemos olvidar que el Señor conoce las intenciones de nuestro corazón.

Hebreos 4:12
Diego Acosta García

ENVIDIA

Una persona aseguró categóricamente: Yo no tengo envidia de nadie ni por nada. En ese momento quienes la escuchamos nos quedamos francamente sorprendidos.

Pero casi al momento recordamos cuantas veces esta misma persona había comentado con un cierto tono de frustración, que había otros hermanos que hacían menos y tenían más reconocimiento en la congregación.

En esas circunstancias confrontar su afirmación con su realidad hubiera hecho que la conversación tomara un rumbo no deseado con un final menos deseado todavía.

Luego de algunos días volvimos a conversar sobre el tema y le comentamos que era muy difícil que alguien pudiera afirmar que no sentía envidia por nada ni por nadie.

En el largo proceso de los creyentes hacia la perfección que es el modelo de Jesús, siempre habrá situaciones que nos hagan dudar e incluso que nos aparten momentáneamente del Camino.

Pero siempre volvemos porque la Gracia está sobre nosotros y nos ayuda a reflexionar sobre nuestra naturaleza humana y las reacciones que son propias de nuestra condición.

La persona escuchó estas reflexiones no como una acusación sino como una confesión de nuestra parte por los errores cometidos y también por los fallos evidentes que tenemos.

Coincidimos en ese momento en la necesidad de preservar nuestro corazón de todas las amenazas de nuestra carne, para que nada nos aparte del Señor con la ayuda imprescindible del Espíritu.

Proverbios 23:17
Diego Acosta García

RESPONSABILIDAD

Un joven creyente se preguntaba acerca de la responsabilidad que tenemos quienes nos llamamos hijos de Dios, con relación a todo lo que ocurre en un país.

Se preguntaba si éramos responsables por la corrupción, por la mala administración, por la falta de ayuda a quienes lo necesitan, por los matrimonios entre personas del mismo sexo.

La lista de asuntos que le preocupaban era más larga pero reflejaba el ánimo de quién con espíritu inquieto estaba confrontando la realidad con todo lo que se le había enseñado.

La respuesta global que le pudimos dar era que evidentemente teníamos la parte proporcional de la responsabilidad, según el número de creyentes que vivíamos en el país.

Entonces surgió otro interrogante: Y qué podemos hacer para asumir esa responsabilidad? Algunos se inclinan por participar de la vida política de la nación.

Otros en cambio proponemos acciones que están estrechamente ligadas con las enseñanzas de Jesús. La participación en la política significa asumir actitudes que podrían no estar de acuerdo con lo que creemos.

Frente a eso podemos levantar un clamor por los gobernantes para que reciban Sabiduría de lo Alto y modifiquen sus planteamientos, que los colocan en los peores lugares de la consideración social.

Está claro que no es tiempo para los indiferentes, así como también está claro que el Juicio vendrá sobre quienes gobiernan y sobre los gobernados que no asumen la responsabilidad de orar por quienes lo necesitan.

Mateo 20:25
Diego Acosta García