ENSANCHAR LAS ESTACAS
Es frecuente que según vamos enfrentando problemas, en lugar de crecer nos vamos reduciendo a una forma de pensar, que contribuye a darnos una cierta tranquilidad.
Tratamos de movernos con aquellos conceptos que nos son conocidos para así evitar problemas o situaciones inesperadas que puedan alterar un determinado esquema que nos hemos formado.
Para decirlo de una manera más coloquial, es como si hubiéramos arreglado nuestro jardín personal y nos limitáramos a la seguridad que surge de saber el origen de todo lo
que tenemos plantado.
Sin embargo, nada hay más alejado para lo que fuimos llamados, que buscar la seguridad por nuestros propios hechos y por nuestros propios pensamientos, pues esa clase de seguridad se puede romper en cualquier momento.
Por esta razón es que somos exhortados a no ser pequeños, a no ser tímidos en nuestros planteamientos, porque indudablemente no son esos los propósitos para los que fuimos creados.
Ensanchemos las estacas de nuestra mente para no quedar reducidos a una poca cosa, que no nos sirve para mucho y tampoco sirve para ayudar a los demás, porque de lo poco bien poco se puede dar.
Recordemos que fuimos elegidos por Dios para ser sus hijos y por tanto nuestras decisiones deben estar a la altura de esa gracia inmensa que recibimos. No seamos escasos…!
Isaías 54:2
Diego Acosta García







El momento de ofrendar es francamente precioso si lo que tenemos en nuestro corazón está en la línea con lo que nos enseñó el Apóstol Pedro cuando junto con Juan, sanaron un cojo.
Y más inquietos nos quedamos cuando sabemos perfectamente el escaso dinero que tenemos en nuestro poder y entonces sacamos cuentas acerca de lo que podemos dar y con cuánto nos vamos a quedar.
Volver a la niñez espiritual es lo que se nos reclama para que podamos sentirnos humildes ante quién nos creó y no adoptar posturas que los hombres creemos que son las mejores.