MIEDO O TEMOR?

El Apóstol Pablo nos enseñó que deberíamos tener temor y temblor delante de Dios, estableciendo una norma de gran relevancia para nuestra relación con nuestro Creador.

Y por qué empleó el término temor y no el miedo? Es que existe una diferencia tan rotunda entre una cosa y la otra? Y la respuesta es más que categórica.

El miedo está relacionado con lo físico y el temor con lo espiritual, una diferencia que resulta fundamental para comprender el enfoque de la enseñanza que nos dejó Pablo.

Y como vivimos: con miedo o con temor? Probablemente la mayoría de nosotros deberemos contestar con miedo, porque nos preocupan más las cuestiones materiales que las espirituales.

Tenemos miedo por la economía, por el trabajo, por el futuro, por nuestras relaciones sentimentales, por nuestros hijos y nuestra familia, por el país y también por nuestra vejez.

Todas cuestiones materiales, que en el fondo están denunciando nuestra falta de confianza en Dios, por eso obramos como obramos, a veces tergiversando la verdad, otras manipulando situaciones.

No es así como debemos vivir. No debemos de tener miedo, sino temor de Dios, para poder intentar llevar una vida que nos haga distinguir entre quienes somos sus hijos y quienes no lo son.

Filipenses 2:12
Diego Acosta García

VOLVER AL PASADO

Frecuentemente nos sorprendemos pensando en los días en que vivimos, en los buenos momentos que pasamos, en los gratos que nos resultaron determinados momentos. Frecuentemente miramos hacia el pasado.

Pareciera ser una forma de olvidarnos del presente, de escaparnos de la realidad que tenemos que afrontar cada día, de refugiarnos frente a hechos que nos preocupan y que no son de nuestro agrado.

Demasiado frecuentemente el pasado ocupa el presente de nuestra vida y esto afecta también a nuestro futuro. La cuestión es: ¿Por qué miramos hacia el pasado y no miramos hacia el futuro?

Seguramente habrá tantas respuestas como personas contesten, pero nos atrevemos a asegurar que en el fondo se trata de una fuga hacia lo conocido en lugar de afrontar lo que desconocemos.

Una fuga hacia lo que vivimos, aunque no nos sea demasiado grato porque no nos atrevemos a afrontar la realidad de este día y mucho menos la incertidumbre del futuro.

Debemos romper con esta costumbre de mirar hacia el pasado. Debemos recordar que la misericordia de Dios se renueva cada día y que mañana también la tendremos, nueva y amorosa como la tenemos hoy. No volvamos nuestra mirada al pasado.Lo mejor está por venir.

Eclesiastés 7:10

Diego Acosta García

VER COMO JESÚS

La diferencia entre ver y mirar difícil de explicar, pero en cualquier caso la diferencia existe y se trata de establecer que cuando miramos o cuando vemos tenemos distintas actitudes.

Por esta razón es que muchos de nosotros pasamos desaprensivamente por la vida, ignorando la realidad de quienes nos rodean y quedando ajenos a sus necesidades.

Así es como que cuando la mayoría de las personas no centran su atención en un determinado asunto, siempre habrá quién aprecie en él algo diferente y nos haga reflexionar sobre el tema.

Constatar esta realidad puede que no nos resulte agradable, pero es algo que si obramos con sinceridad lo podremos hacer con relativa facilidad. Y entonces nos podemos preguntar: Y Jesús como veía?

Si nos formulamos este interrogante podremos apreciar que la perspectiva de la cuestión cambia radicalmente. Él no pasa su vista distraídamente sobre las personas.

Las ve con amor, con compasión, percibiendo en el espíritu sus buenas o sus malas intenciones, captando sus necesidades a pesar del silencio de quienes la padecen.

Qué ocurriría si aprendemos de las enseñanzas del Maestro? Seríamos más sensibles frente a las necesidades, frente a las injusticias, frente a la prepotencia, frente al desamor? Aprendamos a ver como Jesús!

Salmos 94:9
Diego Acosta García

ESPERAR SIN DESESPERAR

 

Es muy probable que el sentido de la prisa, haya ido cambiando tanto como el hombre ha cambiado a lo largo de los tiempos. Es legítimo suponer que tener prisa hace dos mil años, no es lo mismo que hoy.

Por esta razón en algunos pasajes de la Biblia puede sorprendernos como los hombres ttenían largos tiempos de espera, que afrontaban con gran serenidad.

En los tiempos que vivimos el concepto de espera ha cambiado tanto que nos desesperamos cuando algo se demora… más de unos segundos y por supuesto, ni hablar cuando debemos esperar días, meses o años.

Daniel anticipó que en el final todo sucedería con una extraordinaria rapidez, una profecía asombrosa en lo conceptual, sobre todo al referirse a como mediríamos los hombres el paso del tiempo.

Esta fantástica evolución relacionada con el tiempo no la entenderíamos sino es por la revelación profética y por las enseñanzas que Dios nos ha dado en la Biblia.

Sin embargo, antes como ahora, la espera está relacionada con una cuestión espiritual fundamental. Quienes antes esperaban, no se desesperaban, porque confiaban en Dios.

A quienes nos toca esperar en estos días, deberíamos tomar como enseñanza esa absoluta confianza en Dios, para no desesperarnos y confiar en su Voluntad.

Lamentaciones 3:24

Diego Acosta García

Y SI CONOCEMOS NUESTRO FUTURO?

Conocer el futuro ha sido y seguramente será el más grande de los afanes de los seres que formamos parte de la especie humana según la Creación de Dios.

Prácticamente todas las civilizaciones del pasado, y obviamente la de nuestro presente, se preocuparon y se preocupan por saber lo que ocurrirá mañana y pasado y pasado…

Así como en el pasado y en el presente, siempre hubo y habrá quienes supuestamente tienen el poder de conocer el futuro y todos nos rendimos  ante ellos.

Los poderosos, porque confiaban en esos supuestos conocedores del futuro para determinar sus decisiones de gobierno y quienes formaban y formamos parte del pueblo para resolver sus necesidades personales.

Todos, poderosos y simples, olvidamos algo fundamental: que el futuro es impredecible para los humanos porque está en manos de Quién nos ha Creado y es inútil intentar saber lo que solamente Él sabe.

No busquemos saber más de lo que podamos saber porque nos podríamos encontrar ante un dilema pavoroso: que ocurriría su supiéramos con toda seguridad el día de nuestra muerte?

Seamos sabios y aprendamos a vivir el presente, dejando las preocupaciones del futuro para Dios, quién siempre nos dará lo mejor y más conveniente para cada uno de nosotros.

Isaías 35:1
Diego Acosta García

A QUIÉN SERVIMOS?


En el vértigo afanoso en el que vivimos muchas veces perdemos el rumbo de lo verdadero y podemos llegar a confundir lo que es auténticamente de Dios con lo que no lo es. Deberíamos establecer a quién servimos cuando trabajamos.

Podemos preguntarnos:
Trabajamos para hombres?
Trabajamos para nuestro ministerio personal?
Trabajamos para engrandecer socialmente la Iglesia?
Trabajamos para destacarnos en la congregación?
Trabajamos para distinguirnos ante nuestros líderes?
Trabajamos para ser honrados por nuestros hermanos?
Trabajamos por la satisfacción de sentirnos útiles?
Trabajamos por sentirnos superiores a otros hermanos?
Trabajamos porque simplemente nos gusta trabajar?
Trabajamos buscando la proyección ministerial?
Trabajamos para sentirnos importantes en algo?
Por qué y para quién trabajamos?

Es indudable que las respuestas son personales. Pero lo cierto es que todos deberíamos responder que trabajamos para servir a Dios y no a hombre ninguno. Por importante que sea o por importante que creamos que sea.

Salmos 101:6
Diego Acosta García  

SER PRÓSPERO


La Iglesia del Señor en estos tiempos que vivimos está bajo la influencia de una serie de doctrinas, que son tan exitosas como antibíblicas en sus contenidos.

Jesús advirtió que esto ocurriría en los tiempos finales y por tanto no debemos de asombrarnos que ocurra, puesto que fue el propio Maestro quién nos enseñó sobre la cuestión.

Lo importante es no solo reconocer las falsas doctrinas y a los falsos profetas que las alientan, sino saber que nos pueden afectar en el momento menos esperado.

Por qué estamos expuestos a la teología de la prosperidad, entre otras? Simplemente porque en un determinado momento caemos en el facilismo de no pensar lo que escuchamos.

Caemos en el facilismo de no oponernos a lo que la mayoría puede entender como válido en una congregación. Simplemente por eso. Entonces seremos defensores de la prosperidad de los hombres y no de la de Dios.

Los argumentos manipulados nos alejan del Plan que el Creador tiene para cada uno de nosotros, que por cierto es mejor y superior, a cualquier ideología o doctrina que nos prometa grandes cosas.

Podemos ser muy prósperos en la humildad de nuestra vida, si tenemos el corazón, la mente y los propósitos puestos en Jesús, obrando con amor y mansedumbre. Esa es una maravillosa riqueza!

Salmos 52:7
Diego Acosta García

AMAR AL ENEMIGO

Jesús en su ministerio terrenal nos dejó un nuevo mandamiento: El de amar al prójimo, incluyendo al enemigo, estableciendo así los principios de Justicia del Reino.

Debemos confesar que este mandamiento nos ha causado perplejidad a lo largo de nuestros años de creyente, porque asumir que debemos amar a nuestros enemigos, es francamente difícil.

Cuántas veces nos habremos encontrado con situaciones en las que nos gustaría dejar de lado este mandamiento y obrar con humana pasión y tomar la justicia por nuestras manos.

Es eso lo que debemos hacer? Evidentemente no. La justicia de los hombres es inevitable que esté impregnada de las emociones y los sentimientos que nos caracterizan como especie.

Por tanto lo que debe primar es el mandamiento del amor, para que entonces podamos decir que hemos tenido dominio propio y haber sido capaces de hacer lo que se nos dio por mandato.

Aunque nos resulte difícil y aunque muchas veces lo querramos olvidar, el amar al enemigo nos coloca en una situación compleja pero que debemos asumir con plena conciencia.

Ser seguidores de Jesús tiene múltiples implicancias, algunas de ellas notablemente difíciles, pero que cuando las cumplimos nos dejan la paz y el gozo prometido por nuestro Salvador.

Éxodo 23:4
Diego Acosta García

NI ANTES… NI DESPUÉS

Una de las mayores dificultades que tenemos los creyentes es entender como son nuestros tiempos y como son los tiempos de Dios, que raramente coinciden.

Esta falta de armonía entre nuestras necesidades, que evidentemente están relacionadas con nuestro concepto del tiempo, nos generan grandes tensiones y presiones.

Es fundamental comprender que nuestra condición de seres finitos se opone radicalmente con la condición de eternidad de Dios, por lo que nosotros no sabemos manejar una escala de tiempo inalcanzable para los humanos.

Como podemos armonizar los tiempos personales con los tiempos de Dios? Esta es la gran cuestión que debemos resolver desde la perspectiva de nuestra fe y no de nuestro entendimiento.

Los seres humanos tenemos limitadas capacidades para muchas cosas, entre ellas para establecer una relación de un tiempo que se termina con un tiempo que no se termina nunca.

Seamos sabios y comencemos a valorar cada minuto que se nos concede de vida, sabiendo  que es absolutamente irrepetible cada segundo que dejamos atrás y que no hemos utilizado correctamente.

De allí que nuestra condición del tiempo, debe entenderse desde la perspectiva que nada ocurre sin que se encuentre bajo la Voluntad Soberana de Dios y por tanto nada ocurrirá antes… ni nada después.

Levítico 26:4
Diego Acosta García