EL SALARIO JUSTO

Un joven creyente defendía en la empresa familiar la necesidad de pagar a sus trabajadores el salario justo, lo que originó una seria disputa con su padre y sus hermanos.

Uno de ellos le recriminó incluso que estaba en contra de quienes eran su familia, al defender aumentar los costos pagando los haberes que marcaba la ley.

El joven creyente a pesar de todos los argumentos que empleaba no encontraba las razones suficientes como para enfrentar la tenaz oposición que había despertado el tema.

Como podía remediar la situación? Recordó entonces aquella tarde que en el estudio bíblico el maestro había puesto especial énfasis en la necesidad de cumplir con todos los textos bíblicos.

Y recordó su pregunta: eso incluía en los tiempos presentes el pago de los salarios que marca la ley? Y el maestro le respondió: No es para estos tiempos que habla la Biblia, el mensaje de la Biblia es para todos los tiempos.

Por tanto quienes trabajan deben recibir el salario justo porque eso es lo que establece Dios para los hombres y es necesario comprenderlo para no apartarse de sus mandamientos.

El joven apeló a ese recuerdo y con firmeza y serenidad habló a sus padres y a sus hermanos acerca de lo que decía la Biblia sobre el salario. Ellos, a pesar de que no eran creyentes, comprendieron y aceptaron que había una razón superior para pagar el salario justo.

Jeremías 22:13
Diego Acosta García

SOMOS MEJORES LOS CREYENTES?

Esta pregunta además de perturbadora es francamente odiosa, porque nos confronta con una realidad que no deseamos admitir pero que en el fondo no deja de estar en nuestros pensamientos.

Hace algunos días pudimos comprobar con una cierta sorpresa, como un grupo de creyentes nos mostrábamos superiores a un grupo de personas con las que participábamos de una reunión.

Había en nuestras actitudes un aire de superioridad basado quizás, en nuestra condición de creyentes lo que evidentemente entraba en una manifiesta contradicción con nuestra fe y sus mandatos.

Por qué nos sentimos superiores a los demás? Por qué nos sentimos mejores al resto de las personas? Será que por Gracia conocimos al Señor y fuimos Salvos?

Si fuera por estas razones jamás deberíamos sentirnos superiores a nadie, sino todo lo contrario, deberíamos obrar con la mayor humildad como obró Jesús en su ministerio terrenal.

Las actitudes de superioridad son las mejores herramientas que tiene el enemigo de nuestra fe, para contradecir nuestro mensaje evangelístico, porque nuestros hechos demuestran lo contrario de lo que decimos.

Aceptemos que por Gracia recibimos la Salvación, sin haber hecho ninguna clase de mérito ni ser mejores que nadie en nada. La Salvación que recibimos la debemos utilizar para vivir con la dignidad de la humildad y el amor.

Proverbios 15:33
Diego Acosta García

POR QUÉ TE ABATES?


En circunstancias personales bastante complicadas el Espíritu nos habló claramente y nos preguntó: Por qué te abates? Por qué te preocupas tanto? Por qué has perdido la calma?

La primera reacción fue la de pensar que además de tener problemas tenía que responder a preguntas difíciles de contestar y difíciles de entender en momentos como los que estábamos viviendo.

El Espíritu es paciente y misericordioso y lentamente nos hizo entender que las preguntas estaban dirigidas no ha complicarnos más la vida, sino a todo lo contrario.

Por qué nos  abatíamos? Esta es la pregunta principal y este es el verdadero centro de todo el problema, cuando nos encontramos tan absorbidos por nuestros problemas, es cuando perdemos toda noción y referencia.

Por qué te abates? La respuesta más directa sería porque en medio de nuestras tribulaciones en lugar de centrarnos en lo verdadero y fundamental, nos preocupamos por nuestras circunstancias.

Porque en lugar de mirar hacia lo Alto solamente miramos hacia lo más inmediato que nos rodea y entonces perdemos la razón de ser de nuestra condición de creyentes.

Si somos hijos de Dios por qué nos permitimos el sentimiento de abatimiento? Por qué no confiamos en que Él nunca nos pondrá ante situaciones que no podamos soportar?. Él es un Padre amoroso!

Salmos 126:23
Diego Acosta García

EL ESPEJO DE DIOS

En su infinita misericordia Dios nos revela en cualquier momento o en cualquier circunstancia, cuestiones que son fundamentales para nuestra vida de creyentes.

Esto significa que debemos estar atentos a escuchar su Palabra que no tiene la grandilocuencia que podamos imaginar, pero que sí tiene la Grandeza que solo puede provenir de Él.

Estas palabras se originan recordando un precioso momento en el que conversando  acerca de las cosas de Dios, por su Gracia recibimos una revelación notable.

Una persona comentaba que nosotros debemos influir en la sociedad y no permitir que el mundo se apropie de nuestra formar de actuar o de considerar las circunstancias que nos rodean.

Mientras hacía estas afirmaciones y siguiendo con la línea de pensamiento dijo: porque así como nosotros debemos ser semejantes a Jesús, el Hijo es el espejo del Padre y refleja su grandeza.

En otras palabras: Jesús es el espejo de Dios. Por esta razón influenció en el mundo de su tiempo terrenal y a todas las generaciones que le siguieron transformando vidas, sanando trayendo la Salvación. Y nosotros debemos ser espejos de Jesús!

Agradezcamos esta revelación que no es patrimonio de nadie sino un presente de bendición para todos los que nos llamamos hijos del Altísimo, porque por su Gracia podemos crecer espiritualmente.

Gálatas 1:12
Diego Acosta García

ME EDIFICA, ME SERÁ BUENO?

Se cuenta que en una familia la madre siempre le decía a sus hijos, que antes de hablar pensaran bien lo que iban a decir para evitar que pudieran hacer daño o hacerse daño.

La madre cuando alguno de sus hijos se acercaba para contarle algo que había ocurrido o que habían escuchado, les preguntaba: Me edifica lo que vas a decir, me será bueno?

Los hijos durante bastante tiempo reaccionaron mal frente a esta actitud de su madre, a la que calificaban de frustrante y también de castradora por evitar el diálogo entre padres e hijos.

No obstante estas duras afirmaciones la madre siguió perseverando con su posición, logrando que en la casa rara vez se comentaran hechos o dichos que afectaran la vida espiritual de la familia.

En otras palabras: la madre se colocó en la peor de las posiciones con relación a los hijos, pero perseveró en su firmeza de enseñarles las consecuencias de lo serio que es hablar de más.

Como es natural con el paso de los años los hijos fueron comprendiendo la actitud de su madre y cuando fueron responsables de sus propios hijos, tuvieron una sólidos principios para educarlos.

No tengamos miedo a asumir determinadas actitudes, siempre y cuando que estén bien inspiradas, para formar con firmeza a nuestros hijos de acuerdo a lo que nos enseña la Palabra de Dios.

Proverbios 24:3
Diego Acosta García

Y QUE SABE?

 

Es probable que más de una vez hayamos tenido algún comentario descomedido con relación a una persona, que nos haya dado su opinión o su consejo sobre un determinado tema.

Esa reacción encierra un grado de ofuscación peligroso para nuestra vida espiritual, porque significa que estamos admitiendo que hemos escuchado algo que no nos ha gustado.

Por eso le negamos a otro su capacidad para opinar sobre una cuestión en la que supuestamente no precisamos comentarios de ningún tipo y menos uno que se oponga a nuestra valoración.

Y qué sabe?, nos repetimos una y otra vez, dando lugar al crecimiento de un sentimiento de  animadversión hacia alguien que obró con comedimiento ante una situación específica.

Por qué asumimos esta actitud? Seguramente porque nos creemos superiores y porque no aceptamos que haya alguien que esté en condiciones de decirnos lo que tenemos que hacer.

Que diferente sería todo si tuviéramos la humildad de dar las gracias a Dios por poner amor a un hombre o a una mujer para que nos hablara acerca de algo que nosotros debemos resolver.

Obrar con soberbia en todas las situaciones nos puede llevar a males mayores, sobre todo cuando nos negamos a aceptar que estamos equivocados y rechazamos la ayuda que Dios puede darnos a través de un consejo oportuno.

Job 12:13

Diego Acosta García

QUÉ HUNDIÓ AL TITANIC?

La soberbia del hombre o un iceberg?
La vanidad del hombre o un barco con defectos?
La capacidad del hombre o su propia creación?

Qué hundió al Titanic? Es curioso como abundan las teorías acerca de las causas verdaderas del hundimiento del barco que “ni Dios podría hundir” según las crónicas de la época.

Si miramos nuestras vidas quizás estemos construyendo un auténtico Titanic, con grandes esfuerzos y también en base a nuestra capacidad y a nuestro talento.

Si observamos nuestros hechos tal vez estemos construyendo un Titanic que no se hundirá nunca, porque está basado en nuestra inteligencia y en la obra de nuestras manos.

Si analizamos lo que hablamos, tal vez estemos dando argumentos para que nuestra soberbia creación del Titanic personal, pueda exhibirse al mundo con orgullo.

Qué hundió al Titanic? Es una pregunta que muchos técnicos todavía se formulan y cada vez hay más respuestas contundentes, pero todo apuntaría a un exceso de seguridad del hombre en su propia creación.

Tengamos cuidado con nuestra vida y con el Titanic que estamos construyendo, no desafiemos a Quién no debemos desafiar, para que nuestra creación no sea destruida por un iceberg oculto en el océano de nuestras circunstancias.

Salmos 78:53
Diego Acosta García

EL BUEN HACER


Si alguno de nosotros pudiera elegir libremente para hacer solamente lo que nos gusta o nos satisface, con toda seguridad dejaríamos apartados muchos compromisos importantes.

Y en esto debemos ser muy precisos: debemos ser capaces de determinar cuáles son las cosas que nos gustan y cuáles son las que debemos hacer, nos satisfagan o no.

Si seguimos con esta forma de analizar la cuestión, pronto nos daríamos cuenta que las cosas que nos gustan no son necesariamente las más importantes.

Ni siquiera pueden ser aquellas a las que estamos comprometidos a asumir por nuestra condición de creyentes y por tanto, se nos presenta un problema que debemos resolver.

En su ministerio terrenal Jesús nos dio múltiples ejemplos de que hizo lo que debía, sin postergar ninguna visita por incómoda que fuera ni dejar de hacer determinados gestos, por ingratos que pudieran resultar.

Esta es la verdadera cuestión. Sobreponernos a nosotros mismos y tener la capacidad y la humildad de pedir ayuda al Espíritu para que nos guíe y nos fortalezca para hacer todo lo que debemos.

Jesús es el Camino y transitar por sendas estrechas no siempre nos puede resultar agradable y no siempre nos dará satisfacciones terrenales, pero sí podemos tener la certeza de que estaremos haciendo lo que debemos.

Salmos 25:4
Diego Acosta García

LA MISIONERA

 

Hace algún tiempo una joven creyente manifestó su deseo de ser misionera en África y quienes escuchamos esta afirmación no podíamos salir de nuestra sorpresa.

Un hombre sabio que estaba con nosotros le preguntó: Y por qué quieres ir a África, es que Dios te ha mandado? La joven no supo que responder ante una pregunta tan concreta.

Sin embargo, ella argumentó que era necesario ir para África a llevar la Palabra de Dios porque había millones de personas que no la habían recibido y ese era un mandato de Jesús.

El hombre le dijo: En tu familia son todos creyentes? En el edificio donde vives son todos creyentes? Todos los miembros de tu familia y tus compañeros de trabajo escucharon de tu boca el mensaje de Salvación?

Con estas nuevas preguntas la joven quedó totalmente desconcertada y ahora sí que permaneció en silencio, pensando tal vez en lo que se le había inquirido.

El hombre sabio le dijo entonces mansamente: Nadie puede poner en duda la necesidad de ir a predicar el Evangelio a África ni nadie te lo puede impedir y menos criticar si deseas hacerlo.

Pero recuerda que por amor te debes a todos los miembros de tu familia a quienes no les has hablado de Jesús. Y por misericordia te debes a todos tus vecinos y a tus compañeros que no te han escuchado hablar de la Salvación… No es para pensar?

Romanos 10:15

Diego Acosta García

CUIDADO CON LOS SÍMBOLOS

Para quienes venimos de otras experiencias que son religiosas, apartarnos de los signos es verdaderamente difícil, pero sin embargo completamente necesario.

La Palabra de Dios nos advierte que no nos hagamos símbolos y esta advertencia está relacionada con las actitudes atávicas de nuestro pasado, que muchas veces nos atraen y nos confunden.

El propio Dios no nos ha dado ninguna imagen física y aunque estamos hechos a su semejanza, esa semejanza es puramente espiritual y por tanto ajena por completo a cualquier forma de símbolos.

Debemos recordar que los símbolos siempre han sido utilizados para identificar  opiniones y sobre todo ideologías, que son las que mueven a los hombres en determinadas direcciones.

No fueron acaso los símbolos del imperio romano los continuadores de la simbología griega? No fueron acaso todos esos símbolos los precursores de los que pudimos ver en experiencias religiosas de nuestro pasado?

Aunque nos resulte dificultoso entender, no pensemos que por tener determinadas figuras, representaciones o elementos visuales, estaremos más cerca de Jesús y sus enseñanzas.

Por el contrario, nuestra idea de símbolo debe ser una referencia espiritual que nos alienta a perseverar en nuestro crecimiento y en el cumplimiento de aquellas normas que son tan buenas y fundamentales para nuestras vidas.

2 Crónicas 24:18
Diego Acosta García