PODEMOS DUDAR?


Siempre recordaremos con afecto una reflexión que nos fue dada al poco tiempo de aceptar al Señor como nuestro Salvador, en circunstancias en las que buscábamos respuestas para todo.

Este recuerdo contribuye también a pensar, que así como recordamos a los hermanos mayores por sus reflexiones sabias y oportunas, también seamos capaces de hacer lo mismo con otros hermanos más jóvenes en la fe.

La cuestión que origina este comentario estaba relacionada con las dudas, porque creíamos en nuestra infancia como creyentes, que era muy grave o muy malo dudar.

En ese sentido fue que preguntamos a uno de nuestros maestros, si dudar era tan malo como nosotros pensábamos, entendiendo que una vez que conocemos al Señor desaparecen las dudas.

El maestro nos contestó que dudar era legítimo, pero lo que no era bueno, era vivir dudando o vivir en un estado de duda permanente, porque eso precisamente nos alejaba de los principios de la fe.

Para explicarse el maestro nos dijo que si dudamos continuamente, lo que en realidad estamos haciendo es no aceptar por fe las verdades que nos son enseñadas.

La duda es enemiga de la fe, porque la fe alimenta nuestro crecimiento hacia verdades que cada vez son mayores y profundas. La duda se genera en nuestra mente para alejar la fe que arde en nuestros corazones.

Marcos 11:23
Diego Acosta García

FRIVOLIZAR LA FRIVOLIDAD

Puede parecer redundante que intentemos hacer más notable lo que ya de por sí es muy notorio, puede parecer exagerado lo que ya de por sí es exagerar un concepto.

Pero si observamos con detenimiento lo que ocurre a nuestro alrededor, lo que hablamos y lo que escuchamos, incluso lo que leemos en los medios electrónicos, tal vez no nos parezca tan fuera de lugar lo que afirmamos.

Estamos convencidos de que pasamos mucho tiempo compartiendo obviedades y que de tanto convivir con ellas, hemos perdido la perspectiva de lo que verdaderamente es importante.

Confundimos las frases hechas, las fórmulas repetidas una y otra vez, con mensajes que intentan aproximarnos los unos con los otros, creando una falsa sensación de fraternidad.

Por eso hablamos de frivolizar la frivolidad, porque vamos avanzando vertiginosamente en esa dirección, olvidando que lo verdaderamente trascendente, no se adorna con palabras bonitas o lugares comunes.

Todas estas reflexiones me las formulaba a título personal, observando lo que hacemos cotidianamente y advirtiendo como nos alejamos de aquello que es auténticamente importante.

Pensando en todo esto nos podemos preguntar: Y Jesús? Donde está Jesús en nuestras vidas? Con qué hechos demostramos que somos sus discípulos? No tenemos respuestas, salvo que la frivolidad nos está alejando de Él. Pero confiemos en su misericordia.

Salmos 88:12
Diego Acosta García

LA ESPERANZA

En un determinado momento de la vida posiblemente todos habremos pensado que nos habíamos quedado sin esperanza, que ya no podíamos esperar nada más de la vida.

Ese sentimiento tan grande de abatimiento es imposible de superar,con las propias fuerzas, ni con la ayuda de personas que bien intencionadas, se acerquen a consolarnos.

La sensación de la pérdida de esperanza, solamente la pueden valorar quienes la han sentido en su propia vida, por lo tanto es una experiencia casi intransferible.

Pero por qué perdemos la esperanza? En la mayoría de los casos podríamos decir porque hemos depositado nuestra confianza en personas o circunstancias equivocadas.

Cuando esto ocurre no solo perdemos la esperanza, sino también nos convertimos en seres incapaces de volver a creer en nada ni en nadie, porque junto con la esperanza perdimos la confianza.

Todo cambia a partir del bendito momento en que alguien, que alguna circunstancia o como haya sido, nos reveló la existencia de Jesús y de su promesa de una nueva vida.

No una vida sin problemas ni dificultades, pero sí una vida plena en la que las luchas pueden ser soportadas porque sabemos que podremos contar siempre con su ayuda y con su presencia. Esa es la bendita esperanza!

Salmos 62:5
Diego Acosta García

DEMOS EL PRIMER PASO…

En la complejidad de las relaciones humanas siempre hay situaciones que nos pueden llevar a tener serias confrontaciones con otras personas, que generan serias consecuencias.

Como es lógico por nuestra condición de seres humanos, casi siempre estaremos firmes en nuestra postura y esperaremos a que la otra persona se acerque a nosotros para disculparse o para enmendar el error cometido.

Esta actitud está basada principalmente en la soberbia de sabernos o de creernos poseedores de la razón, lo que revela una alta dosis de vanidad o de orgullo.

El tiempo en estos casos obra en contra de la solución de la controversia y lo que es más grave todavía, contribuye a ampliar las grietas originadas en la relación personal.

Frente a una situación como esta deberemos obrar con firmeza y humildad y dar un paso hacia la solución, que no es otro que abordar a la otra persona para encontrar juntos el fin del problema.

Ampararnos en la soberbia de nuestra vanidad herida, no nos servirá de nada y mucho menos como creyentes, porque hemos sido enseñados a obrar con mansedumbre, aunque tengamos la razón.

Si al dar el primer paso cedemos posiciones, pareciendo débiles o culpables, debemos de tener en cuenta que Dios es quién nos justifica y que como hijos suyos debemos de tener actitudes ejemplares.

Efesios 4:2
Diego Acosta García

QUE ME DIRIAS DE JESÚS?


Una pregunta de difícil respuesta, mucho más cuando la formula una persona que ha buscado y rebuscado en otras religiones y también en las fuentes de las ayudas basadas en la motivación.
Esta persona buscaba podríamos decir, desesperadamente un nuevo camino para su vida, porque sus problemas no eran económicos ni en el presente ni en el futuro.
Sus problemas eran interiores porque tenía un gran vacío por llenar y nada lo conformaba ni lo alentaba a seguir buscando, ya que su intelecto y su raciocinio no le aportaban las soluciones que buscaba.
Fue entonces cuando nos formuló la pregunta relacionada con Jesús y fue entonces cuando una vez más apelamos al Espíritu Santo para que pusiera las palabras adecuadas en nuestra boca.
Estamos completamente convencidos que no es nuestra experiencia ni nuestra sabiduría, poca o mucha, la que puede dar contestaciones adecuadas en el momento necesario.
No dudamos ni un instante en hacer una pausa para tratar de escuchar e interpretar el mensaje del Espíritu, para no confundirlo con nuestras reflexiones.
La  respuesta que dimos fue muy sencilla: De Jesús te puedo decir que cambió mi vida, que transformó lo gris por una luz brillante y que me dio esperanza frente al escepticismo y al conformismo.
Efesios 4:17
Diego Acosta García
28 FEb 2012

DECISIONES PERSONALES?

Cada vez que nos enfrentamos a la necesidad de tomar una decisión, nos encontramos frente a dos alternativas claramente definidas y por lo tanto está más que claro que debemos optar por una de ellas.

Los momentos que vivimos ante estas opciones son especialmente complicados, porque muchas veces nos debatimos entre lo que es nuestra voluntad y lo que sabemos que debemos hacer.

Es la confrontación entre nuestra voluntad deseosa de torcer el rumbo de los acontecimientos y nuestro conocimiento de todo lo que nos ha sido enseñado.

Este punto de ruptura es tan importante que aunque lo sepamos y lo hayamos escuchado muchas veces, cuando llega el momento dudamos y nos debatimos en un auténtico torbellino de emociones y conocimientos.

Lo cierto es que la opción es tan sencilla que es asombroso que no seamos capaces de optar rápidamente por lo que es lo único que debemos hacer y abrimos el margen para las dudas.

Se trata de elegir entre hacer lo que nos parece bien, lo que nos gustaría hacer o poner todo delante de Dios, para que su Soberana Voluntad esté sobre nuestras vidas.

No tratemos de tomar decisiones y luego pedir a Dios que las bendiga, porque estamos corriendo riesgos tremendos, cuando sabemos que debemos hacer lo Él decida, solo entonces no nos equivocaremos nunca!

Proverbios 16:33
Diego Acosta García

PRESTAR OÍDOS…

Se nos ha enseñado la importancia que tiene escuchar a quienes están necesitados de encontrar a alguien, que tenga la paciencia y el buen tino para oír aquello que tienen guardado en su corazón.

Es algo que debemos de hacer con la mayor diligencia, con amor y misericordia y también con la máxima prudencia por ser receptores de cuestiones personales muy delicadas.

Esto supone que debemos ser fieles guardianes de lo escuchado para respetar la intimidad de quién ha confiado en nosotros, de allí la importancia que tienen estos gestos.

Pero también prestar oídos tiene otras variantes que son igual de importantes, pero que siempre están relacionadas con nuestras actitudes de creyentes.

Así como en algunos casos es bueno e importante saber escuchar, hay otros en los que no debemos permitir que ni siquiera se comience a hablar de determinados temas.

Específicamente nos referimos a cuando se habla en contra de los ungidos, de los hombres y mujeres que tienen ministerios consagrados,  ya que estos casos estamos siendo cómplices pasivos de rebeldía o de juicio.

La sabiduría de discernir qué es lo más conveniente para cada situación solamente la podemos clamar al Espíritu Santo, para que cuando tengamos que prestar oídos, escuchemos lo bueno y desechemos lo malo.

Salmos 85:8
Diego Acosta García

TERRITORIO HOSTIL

Un joven evangelista apasionado con los primeros intentos de su ministerio comentaba sobre sus primeras experiencias y se mostraba un tanto sorprendido por los resultados que estaba logrando.

Un hombre con muchos en el ministerio le dijo que lo que le estaba ocurriendo era completamente normal y que nadie estaba al margen de las experiencias como las que él estaba viviendo.

Esta afirmación lejos de tranquilizar al joven evangelista lo pusieron más nervioso, ante lo que el hermano mayor le dijo una frase breve y contundente: Lo que ocurre es que evangelizamos en territorio hostil.

Que significa territorio hostil? Es una frase afortunada o una realidad? Es una dura realidad porque el territorio hostil no es otra cosa que enfrentarnos al mundo cada día.

El territorio hostil no es otra cosa que cumplir nuestras obligaciones laborales cotidianas, desplazarnos por las calles, tener relaciones personales con personas del mundo.

Ese es el territorio hostil al que debemos llevar el mensaje de Salvación tal y como lo hizo en su ministerio terrenal el Señor Jesús, poniendo claramente de manifiesto su amor, su humildad y su mansedumbre.

Esa es la clave para enfrentarnos al territorio hostil: tener amor por las personas y ser humildes y mansos como lo fue el Señor Jesús, para que la maravillosa semilla del Evangelio toque los corazones de los necesitados.

1 Juan 1:5
Diego Acosta García

LA BUENA SIEMBRA

Es algo inherente a la condición humana esperar resultados de nuestras obras, esperar ver los frutos de lo que hicimos, pues son maneras de ejemplificar eso que en el mundo se llama éxito.

En realidad casi todo lo que hacemos está condicionado a esa necesidad que tenemos de lograr ver los resultados que demuestren que hicimos algo bien, para recibir el beneplácito de los demás.

Esta es la forma en la que se rigen la mayoría de los comportamientos en el mundo y es también la forma, en la que muchos de los que nos llamamos creyentes tenemos como normas de vida.

Pero es necesario que nos preguntemos: debemos ver los resultados de nuestras obras? Es esto lo que pretendemos cuando decimos servir a Dios con esfuerzo?

En realidad lo que debemos hacer es sembrar de la mejor manera posible para que, aunque sean otros los que recojan los frutos de nuestro trabajo, sepamos que no son los hombres los que nos darán la honra.

Entender este punto es fundamental para que no caigamos ni en el desánimo ni en la apatía, que general se originan cuando no vemos recompensados nuestro trabajo.

Servir a Dios supone que tendremos que sembrar sabiendo que solamente Él verá los resultados, aunque los hombres valoren por lo que vean y digan que no hemos sido fructíferos.

Gálatas 6:7
Diego Acosta García

CUANDO HABLAMOS…


La Palabra de Dios nos formula muchas advertencias relacionadas con lo que hablamos y más específicamente acerca de cómo hablamos y el sentido de lo que hablamos.

Esto tiene un especial valor cuando nuestras palabras están dirigidas a personas que por su edad, su formación o su experiencia, pueden ser muy influenciables por nuestros argumentos.

De allí la importancia que tiene lo que hablamos porque podemos influir de una manera inadecuada, inoportuna o improcedente, a personas que todavía no están en condiciones de poder evaluar lo que decimos.

Las advertencias de la Palabra nos obligan a ser especialmente cuidadosos con nuestras expresiones, que muchas veces reflejan más que juicios, estados de ánimo.

Es necesario que los hombres y las mujeres que tenemos experiencia y experiencias en las cosas de Dios, seamos muy prudentes y cuidadosos con las expresiones que hagamos públicamente.

El Apóstol Pablo nos advierte acerca del cuidado que deben merecernos los más débiles y los más nuevos en la fe, porque les podemos causar grandes daños sin tener la menor intención de hacerlo.

La vida cristiana demanda gran prudencia, sensatez y sobre todo la permanente ayuda del Espíritu Santo para que seamos sostén y apoyo de quienes esperan de nosotros la guía oportuna y el ejemplo necesario.

Proverbios 24:3
Diego Acosta García