EN ESTE DÍA. PALABRA
Jesús, respondiéndole, dijo:
Escrito está:
No sólo de pan vivirá el hombre,
sino de toda palabra de Dios.
Lucas 4:4
Inicia su Ministerio
Jesús, respondiéndole, dijo:
Escrito está:
No sólo de pan vivirá el hombre,
sino de toda palabra de Dios.
Lucas 4:4
ANTIVIRUS
Dos encuestas realizadas recientemente, revelan cómo se va reduciendo el número de jóvenes que están dejando de creer en Dios.
No resulta muy sorprendente esta conclusión, por cuanto esos mismos jóvenes tienen una nueva creencia: La de la tecnología y más precisamente la informática.
Estaríamos hablando que más que dejar de creer, estamos haciendo una sustitución: Cambiamos al Dios verdadero por lo que llamamos sistemas de información.
En el fondo este supuesto cambio de tendencia no es otra cosa que la muestra rotunda de todo lo que la Iglesia de Jesús, está dejando de hacer con nuestros jóvenes.
Estamos más preocupados en divertirlos que en enseñarlos, más interesados en darles actividades que en profundizar sus conocimientos del Mandato que todos hemos recibido.
No nos preocupan las estadísticas, nos preocupan las evidencias de que hay algo que estamos haciendo mal y que es urgente corregir. Esto también nos será reclamado.
Diego Acosta
DEVOCIONAL
En la casa donde vivo hay un hermoso jardín, poblado de árboles frutales. Entre ellos se encuentra un ciruelo, que con el tiempo de la primavera ha estallado en colores con sus delicadas flores.
Las primeras brisas las van haciendo caer, cumpliendo así el ciclo que llevará después al árbol a producir los brotes de donde surgirán los frutos deliciosos que ofrece año tras año.
Mirando todo esto, el Espíritu me recordó como es el crecimiento de los hombres y mujeres que aceptamos a Jesús. Podríamos decir que florecemos tras la muerte y el perdón de los pecados con el bautismo.
Luego seguirán las enseñanzas, que nos harán crecer hasta que finalmente comenzaremos a dar los Frutos que se nos demandan. Los maravillosos frutos de la Fe.
El Espíritu me enseña, en cualquier lugar y circunstancia. Para que comprenda el inmenso valor del perdón de los pecados y para que ayude a otros a recibir, lo que tengo por Gracia.
1 Corintios 3:7
Así que ni el que planta es algo,
ni el que riega,
sino Dios, que da el crecimiento.
1 Coríntios 3:7
Pelo que nem o que planta é alguma coisa,
nem o que rega,
mas Deus, que dá o crescimento.
Diego Acosta / Neide Ferreira
Oremos por los que se rebelan contra Dios!
Oremos por los que se apartan de Dios ante cualquier dificultad!
Oremos por los que son piedra de tropiezo para otras personas!
Oremos para que la Misericordia cubra a los desesperados!
Oremos por los orgullosos que no admiten la Soberanía del Eterno!
Oremos por los que se niegan a reconocer a Jesús como su Señor!
Oremos para volver a la fuente fundamental: A Jesús!
Oremos para llamar a las cosas por su nombre!
Oremos para llamar a lo bueno bueno y a lo malo malo!
Oremos para no claudicar ante el mundo!
Oremos para renovar nuestro Pacto con el Dios Soberano!
Oremos para ser servidores fieles y no servirnos de nadie!
CONGREGACIÓN
SÉPTIMO MILENIO
Una de las más frecuentes acciones que se utilizan en el mundo son las motivacionales, que no son otra cosa que impulsar a quienes deben realizar determinadas tareas a que las hagan con un cierto margen de rigor o ampliando la visión, con eficacia.
La existencia de estas acciones demuestran en forma categórica que a la mayoría de las personas hay que motivarlas para que hagan lo que tienen que hacer, con un mínimo de diligencia.
Curiosamente estos comportamientos también se repiten en las congregaciones, acentuando una vez más la idea, de que cada vez más el mundo está influyendo en la Iglesia de Jesús.
Es más que evidente que siendo como somos, discípulos del Hijo del Hombre, no precisaríamos que se nos impulse, que se nos aliente a cumplir con nuestras obligaciones.
Tristemente advertimos que ese impulso motivacional es necesario, porque la indolencia y también la queja, son lugares comunes entre quienes integramos las congregaciones.
Hay quienes se consideran superiores a sus responsabilidades y por lo tanto las hacen a menos y cuando se deciden a cumplirlas, lo demuestran con mucha claridad.
De esta manera podemos comprobar que quién trabaja por obligación se queja por convicción!
No se tiene en cuenta que quién trabaja no está realizando una determinada tarea, sino que está sirviendo. Y cada vez que la cumplimos honramos al Señor.
Por eso es que resulta tan importante y tan agradable poder ver a muchos hermanos y hermanas, que no se sienten degradados por ningún trabajo que les sea encomendado y por el contrario los realizan con alegría.
Esta diferencia en la disposición, marca también niveles en el mundo y también lo hacen en la Iglesia!
De qué sirve la obra de unas manos que están condicionadas por la queja?
De qué sirve el esfuerzo que se considera sacrificio?
Estas preguntas son las que nos debemos hacer cuando declaramos con nuestra boca, que estamos dispuestos a servir y no a ser servidos, tal y como lo enseñó Jesús.
El Eterno no nos demanda sacrificios. Demanda nuestro corazón!
Y es en nuestro interior donde está o debería estar, la voluntad de servir con la misma humildad y mansedumbre , con la que sirvió el Señor!
Diego Acosta
Hablar por hablar
es una forma de torpeza,
hablar de la Salvación
un Mandato de Jesús!
DEVOCIONAL
Una de las características que tenemos los seres humanos, es que somos obstinados.
Bajamos la cabeza y avanzamos…sin saber muy bien a donde vamos, pero siempre hacia adelante, como si no pudiéramos ser capaces de hacer una pausa y pensar.
Hay imágenes que nos hacen reflexionar y viendo las de unas escaleras que parecen no tener fin, me vino a la memoria un tiempo de mi vida en que tenía una escenografía parecida.
Escaleras y escaleras…sin saber a dónde me dirigían, pero siempre avanzando!
Está mal avanzar?
Evidentemente No.
Lo que está mal es avanzar sin sentido, sin dirección y sin propósito!
Esto es lo que nos propone el mundo, para que agotemos nuestros esfuerzos en pura vanidad, en pura fantasía y en nada que representa algo para los demás.
Por eso Jesús cambió mi vida y cambiará la de quienes lo acepten!
Solamente con el Hijo del Hombre, comprenderé cuál es el gran Propósito del Eterno, cuando nos dejó la Promesa irrevocable de ser sus hijos y tener vida eterna. Y esto, no es para obstinados!
Salmo 64:5
ES – Obstinados en su inicuo designio,
tratan de esconder los lazos,
y dicen: ¿quién los ha de ver?
PT – Firmam-se em mau intento;
falam de armar laços secretamente e dizem:
Quem nos verá?
Diego Acosta / Neide Ferreira
CONGREGACIÓN
SÉPTIMO MILENIO
Si reparamos en el significado profundo de algunas palabras comprobaremos también, como son nuestras actitudes como hijos de Dios.
Muchas veces miramos…casi con displicencia, dejando que nuestros ojos solamente perciban lo que resulta evidente, sin llegar a detenernos en ningún detalle.
A eso le llamamos mirar!
Ahora pensemos como era la actitud de Jesús con relación a todo lo que lo rodeaba, a todos los que lo rodeaban. En ningún caso el miró nada, pero si percibió con sus ojos otra cosas.
El estaba viendo a los hombres y a las mujeres que lo rodeaban como seres que precisaban de su ayuda, de su Amor, de su Misericordia y también de su palabra severa para corregir sus conductas.
Jesús percibía como era el interior de las personas, observaba, examinaba lo que se hacía y lo que se hablaba. Consideraba lo que estaba bien y lo que estaba mal y reflexionaba o advertía.
Y como obro en lo personal? Simplemente miro o me esfuerzo por ver?
La diferencia marca con rotundidad lo que tenemos en nuestro corazón, lo que hemos aprendido del Hijo del Hombre y lo que deseamos hacer con su Mandato.
Si solamente miramos, tal vez nos podamos sentir superiores ante quienes viven con tribulaciones, dificultades o han caído por ser débiles o por ser esclavos del pecado.
Si a las mismas personas las viéramos con la mirada intensa de Jesús, todo cambiaría, porque no habría sentimientos de superioridad ni de grandeza, ni de poder ni de gloria. Todo lo contrario.
Viendo al prójimo, podremos comprender en profundidad aquello que nos enseña la Palabra: LLorar con el que llora, sufrir con el que sufre… y por qué no, reír con el que ríe.
Dejemos de mirar lo superficial, lo mundano, lo frívolo y cambiemos la dirección de nuestra mirada. Si no lo hacemos dejaríamos de ver a un hombre como Pedro o a otro tan diferente como Pablo.
Tanto una cosa como la otra depende de lo que tengamos en el corazón. Oremos para que el Eterno nos conceda la Gracia de comenzar a ver la vida de otra manera. La personal y la de quienes nos rodean, de nuestro prójimo.
Así comenzaremos a comprender a Jesús y comenzaremos a ser mejores discípulos.
Diego Acosta