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LA EXPIACIÓN

En el Libro de Levítico se revela como fue mandado por Jehová, la presentación de ofrendas para la expiación de los pecados.

Un mandamiento que tuvo su término con la última gran Expiación, con el Supremo ofrecimiento realizado por la expiación de los pecados de todos los hombres.

Tan grande resultó el sacrificio de Jesús en la cruz, que invalidó un mandamiento que había sido dado a las generaciones anteriores de realizar ofrendas para que el supremo sacerdote las pusiera en el altar del Templo.

Esta revelación nos debería hacer reflexionar acerca de lo que representa Jesús en la historia de la Humanidad y de su trascendencia, a pesar de que fue negado, denostado y ajusticiado.

Si perdemos la perspectiva de todo lo que significa, nunca podremos comprender los mandatos recibidos de ÉL ni podremos utilizar el Poder que ÉL nos ha concedido para sanar enfermos y expulsar demonios.

Debemos recuperar el sentido verdadero de su Sacrificio, para que la expiación de nuestros pecados obre poderosamente en nuestras vidas y ante el Padre.

Levítico 5:5-7

ES – Cuando pecare en alguna de estas cosas, confesará aquello en que pecó,

y para su expiación traerá a Jehová por su pecado que cometió, una hembra de los rebaños, una cordera o una cabra como ofrenda de expiación; y el sacerdote le hará expiación por su pecado.

 Y si no tuviere lo suficiente para un cordero, traerá a Jehová en expiación por su pecado que cometió, dos tórtolas o dos palominos, el uno para expiación, y el otro para holocausto.

PT – Será, pois, que, culpado sendo numa destas coisas, confessará aquilo em que pecou.

E a sua expiação trará ao Senhor, pelo seu pecado que pecou: uma fêmea de gado miúdo, uma cordeira ou uma cabrinha pelo pecado; assim, o sacerdote por ela fará expiação do seu pecado.

 Mas, se a sua mão não alcançar o que bastar para gado miúdo, então, trará, em expiação da culpa que cometeu, ao Senhor, duas rolas ou dois pombinhos; um para expiação do pecado, e o outro para holocausto.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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EN MI NOMBRE 1

EN MI NOMBRE – I

Jesús según consta en el Evangelio de Marcos 16:17-18 nos anunció:

Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;

 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

Específicamente nos detendremos en las dos afirmaciones que motivan estos mensajes:

En mi nombre echarán fuera demonios

sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

Estas impresionantes promesas del Hijo de Dios las debemos tomar como propias, para ayudar al prójimo y para servirlo.

La cuestión es: Creemos en lo que nos anunció el Hijo del Hombre?

Estamos dispuestos a ponerlo en práctica?

Las respuestas son exclusivamente personales, pero deseamos ayudar a quienes tienen la certeza de un llamado para servir al prójimo EN EL NOMBRE DE JESÚS.

El Mesías vino para sanar a los hombres, en sus cuerpos y en sus espíritus!

Diego Acosta

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SEÑALES?

En los últimos días pudimos comprobar cómo la nefasta necedad de los hombres o las propias condiciones de la naturaleza, provocaban incendios tremendos en por lo menos dos continentes, provocando casi 80 víctimas mortales.

Estas son algunas de las señales del fin de los tiempos, como anunció Jesús a sus discípulos?

A este impresionante deben agregarse las sequías en la Península Ibérica y también el horroroso atentado que se perpetró en el nombre de Alá contra la población musulmana en Somalia, en África.

Podemos seguir viviendo en la indiferencia y en la frívola mezquindad de pensar que todo eso, afecta a otros y no a mí o a mi familia?

No estaremos siendo advertidos de que comenzamos a vivir el comienzo del fin de los tiempos?

No estará llegando la hora de arreglar nuestra vida con Dios?

Mateo 24:7

Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino;

y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.

Mateus 24:7

Porquanto se levantará nação contra nação, e reino contra reino,

e haverá fomes, e pestes, e terremotos, em vários lugares

Diego Acosta / Neide Ferreira