diego septimomilenio

EL MEJOR TIEMPO

Cuando nos aprestamos a leer la Palabra de Dios, debemos prepararnos, profundamente para un gran momento de nuestra vida.

No es solo prepararnos para una lectura sino también para adentrarnos en las revelaciones que el Espíritu pueda darnos.

Pero, debemos apreciar que son dos situaciones distintas. Una cosa es leer, con detenimiento, sin prisas. La otra es dejar pasar nuestra vista sobre Capítulos y versículos, buscando lograr de leer el máximo posible de páginas.

Como es comprensible, el Espíritu difícilmente podrá enseñarnos lo que tiene para nosotros, si solo pasamos  nuestra vista, con rapidez sobre las páginas como si estuviéramos compitiendo contra nosotros mismos.

Cuando leemos debemos elegir el mejor momento del día, aquel en el que estaremos más tranquilos, más serenos, para no tener ninguna clase de prisa ni caer en la tentación de hacerlo rápido para acortar los tiempos.

Estas cuestiones fueron momento, una gran revelación para mí, pues un día el Espíritu me mostró mi gran torpeza, mi auténtica necedad a la hora de leer el Texto Sagrado.

Un buen ejemplo de lo que estamos comentando, es el momento en el que Jesús habla de la semilla de mostaza y de lo pequeña que es.

Creo que todos nos quedamos en la primera parte del versículo, al que damos por sabido y por entendido, sin detenernos ni un solo instante en lo que podríamos llamar la segunda parte de lo que dijo el Hijo del Hombre.

Hablando de la calidad de nuestra fe la comparó con una semilla de mostaza y mencionó que podríamos cambiar a un monte de lugar.

Y pareciera que ese es el fin de la historia. Pero Jesús formuló una promesa: Si nuestra fe fuera mayor, podríamos hacer cosas mayores que esa.

Sería bueno que leyéramos el pasaje, en el Evangelio de Mateo, para comprender acabadamente la necesidad que tenemos de profundizar en el Texto y permitir que el Espíritu nos hable.

Con el paso de los años, he podido valorar la importancia de esta enseñanza. Cuando le dediquemos el mejor tiempo a la lectura de la Biblia, entonces nuestra vida comenzará a cambiar.

Mientras tanto caminaremos como si no tuviéramos una brújula y estaremos perdidos y sin rumbo.

Diego Acosta 

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mustard septimomilenio

POCA FE…

En los momentos que dedico a observar mis hechos, me sorprendo de cómo son de pobres, de cómo son de mejorables…

Me sorprendo porque mis obras no tienen nada que puedan servir de ejemplo para otros creyentes o para quienes podrían tener una visión de Jesús a través de mí.

Todo esto tiene una sola explicación: Mi poca fe!

La Palabra de Dios nos enseña que no basta con declaraciones ni palabras rimbombantes, sino que deben estar acompañadas por hechos que las reflejen.

La fe debe ser alimentada del mismo modo que alimentamos nuestro cuerpo para que permanezca sano y esté robusto para enfrentar las demandas cotidianas.

Si no alimento mi fe, estaré disminuyendo mi propia condición de hijo de Dios, aunque persista en mis palabras hablando de lo que mucho que creo y de lo mucho que confío.

Jesús nos advirtió a propósito de no ser engañados…y en primer lugar debemos observar esta advertencia, para no engañarnos nosotros mismos.

Me queda por delante la obra de aumentar mi fe. Confío en la Misericordia del Señor, para que siga haciendo su Obra en mí.

Mateus 17:20

E Jesus lhes disse: Por causa da vossa pequena fé; porque em verdade vos digo que, se tiverdes fé como um grão de mostarda, direis a este monte: Passa daqui para acolá  e há de passar; e nada vos será impossível.

Mateo 17:20

Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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roca septimomilenio

REFUGIO…!

En los momentos difíciles, es cuando siguiendo un impulso natural buscamos un refugio, para apartarnos del peligro.

De esta manera enfrentamos la adversidad, buscando un lugar que sea propicio para evitarnos males, pesares y no caer en el miedo.

Unos encuentran ese refugio en su propio orgullo, en su fortaleza física. Otros, en la proximidad de otras personas o consumiendo productos que nos hagan olvidar lo que ocurre a nuestro alrededor.

De todos quienes toman esta clase de decisiones, solamente aciertan quienes elevan la mirada por encima de las circunstancias y buscan a Jesús.

El Hijo del Hombre es el Único y Verdadero Consuelo!

Nadie como ÉL para cobijarnos, para darnos aliento y estímulo para superar cualquier momento difícil, por grande que sea el problema, por tremendas que sean las situaciones que enfrentemos.

Jesús será el Verdadero Refugio! Siempre!

1 Corintios 10:4

Y todos bebieron la misma bebida espiritual;

porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.

1 Coríntios 10:4

E beberam todos de uma mesma bebida espiritual,

porque bebiam da pedra espiritual que os seguia; e a pedra era Cristo.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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