OBSTINADO

DEVOCIONAL        

Una de las características que tenemos los seres humanos, es que somos obstinados.

Bajamos la cabeza y avanzamos…sin saber muy bien a donde vamos, pero siempre hacia adelante, como si no pudiéramos ser capaces de hacer una pausa y pensar.

Hay imágenes que nos hacen reflexionar y viendo las de unas escaleras que parecen no tener fin, me vino a la memoria un tiempo de mi vida en que tenía una escenografía parecida.

Escaleras y escaleras…sin saber a dónde me dirigían, pero siempre avanzando!

Está mal avanzar?

Evidentemente No.

Lo que está mal es avanzar sin sentido, sin dirección y sin propósito!

Esto es lo que nos propone el mundo, para que agotemos nuestros esfuerzos en pura vanidad, en pura fantasía y en nada que representa algo para los demás.

Por eso Jesús cambió mi vida y cambiará la de quienes lo acepten!

Solamente con el Hijo del Hombre, comprenderé cuál es el gran Propósito del Eterno, cuando nos dejó la Promesa irrevocable de ser sus hijos y tener vida eterna. Y esto, no es para obstinados!

Salmo 64:5
ES – Obstinados en su inicuo designio,
tratan de esconder los lazos,
y dicen: ¿quién los ha de ver?

PT –  Firmam-se em mau intento;
falam de armar laços secretamente e dizem:
Quem nos verá?

Diego Acosta / Neide Ferreira

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HOMBRE O ROBOT?

ANTIVIRUS

En estos tiempos la coherencia parece ser la gran ausente en cualquier cuestión que se pueda considerar.

Con ejemplos se demuestra mejor esta afirmación. Por un lado se magnifica la importancia que tendrán las unidades robóticas, pero por otro lado se nos advierte acerca de sus peligros.

Son buenas porque harán muchos trabajos que mejorarán la calidad de vida de los hombres, pero se nos advierte que un robot será el gran competidor en el mercado laboral.

Con estas apreciaciones resulta difícil considerar si un robot es bueno o es malo!

Si agregamos a todo esto la exaltación del hombre por el hombre mismo, como hace el humanismo, nos encontraremos con otro dilema. Si el hombre es tan inteligente y tan capaz, para que crea un robot que será su competidor?

Así es como nos debatimos en una contradicción tras otra y así es como vivimos en un manifiesto clima de confusión. No sabemos en qué dirección vamos y lo que es más grave aún, tampoco sabemos para qué vamos.

Un hombre sin Dios nunca tendrá paz en su corazón ni coherencia en su mente!

Diego Acosta

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MIRAR O VER…

CONGREGACIÓN
SÉPTIMO MILENIO

Si reparamos en el significado profundo de algunas palabras comprobaremos también, como son nuestras actitudes como hijos de Dios.

Muchas veces miramos…casi con displicencia, dejando que nuestros ojos solamente perciban lo que resulta evidente, sin llegar a detenernos en ningún detalle.

A eso le llamamos mirar!

Ahora pensemos como era la actitud de Jesús con relación a todo lo que lo rodeaba, a todos los que lo rodeaban. En ningún caso el miró nada, pero si percibió con sus ojos otra cosas.

El estaba viendo a los hombres y a las mujeres que lo rodeaban como seres que precisaban de su ayuda, de su Amor, de su Misericordia y también de su palabra severa para corregir sus conductas.

Jesús percibía como era el interior de las personas, observaba, examinaba lo que se hacía y lo que se hablaba. Consideraba lo que estaba bien y lo que estaba mal y reflexionaba o advertía.

Y como obro en lo personal? Simplemente miro o me esfuerzo por ver?

La diferencia marca con rotundidad lo que tenemos en nuestro corazón, lo que hemos aprendido del Hijo del Hombre y lo que deseamos hacer con su Mandato.

Si solamente miramos, tal vez nos podamos sentir superiores ante quienes viven con tribulaciones, dificultades o han caído por ser débiles o por ser esclavos del pecado.

Si a las mismas personas las viéramos con la mirada intensa de Jesús, todo cambiaría, porque no habría sentimientos de superioridad ni de grandeza, ni de poder ni de gloria. Todo lo contrario.

Viendo al prójimo, podremos comprender en profundidad aquello que nos enseña la Palabra: LLorar con el que llora, sufrir con el que sufre… y por qué no, reír con el que ríe.

Dejemos de mirar lo superficial, lo mundano, lo frívolo y cambiemos la dirección de nuestra mirada. Si no lo hacemos dejaríamos de ver a un hombre como Pedro o a otro tan diferente como Pablo.

Tanto una cosa como la otra depende de lo que tengamos en el corazón. Oremos para que el Eterno nos conceda la Gracia de comenzar a ver la vida de otra manera. La personal y la de quienes nos rodean, de nuestro prójimo.

Así comenzaremos a comprender a Jesús y comenzaremos a ser mejores discípulos.

Diego Acosta

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