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LA EXCELENCIA

CONGREGACIÓN
SÉPTIMOMILENIO

Una de las máximas del mundo, es la de buscar la excelencia. Obviamente se está aludiendo a un nivel de calidad que se convierte en digno de ser elogiado.

De esta manera colocamos en un alto escalón, todo aquello que realizamos para sobresalir, para destacar la obra de nuestras manos o poner de manifiesto nuestros talentos.

Bien podríamos decir que en la sociedad se utiliza la excelencia como una de las herramientas más sofisticadas para obtener resultados que puedan ser admirados por encima de lo que consideramos la media de calidad.

Esta cuestión surge como resultado de una conversación que mantuve con un respetado pastor, que en una oportunidad me preguntó sobre cómo me encontraba.

Le respondí que muy bien, pero también muy cansado, argumentando que no solamente trabajaba mucho, sino que también buscaba en cada cosa que hacía llegar a la excelencia.

Él, por toda respuesta me dijo: Has pensado como está tú nivel de vanidad?

Esa noche, volví a pensar en el tema tratando de encontrar una explicación a lo que el pastor me había dicho. Y sobre todo a tratar de aclarar por qué había vinculado la excelencia con la vanidad.

En el fondo la cuestión es bastante simple: Si nos pasamos el día buscando la excelencia, lo más probable es que dejemos de hacer lo que es nuestra responsabilidad, porque estaremos más ocupados en exaltarnos que en cumplir con nuestras obligaciones.

En términos del mundo podríamos argumentar que por buscar la excelencia, estamos afectando nuestro rendimiento y en cierta forma estamos incumpliendo con nuestro deber.

En términos espirituales, llegados a este punto es cuando podemos advertir que efectivamente esa búsqueda de la excelencia, que supuestamente estamos ofreciendo a Dios, no es otra cosa que nuestra vanidad en acción.

El Eterno no nos demanda ni sacrificios ni perfecciones, nos demanda obediencia para que seamos fieles con aquello que es el Propósito para nuestra vida.

Al advertir esta relación entre excelencia y vanidad, no tuve menos que pedir perdón al Supremo por la necedad de mi actitud de disfrazar mi orgullo con la máscara de una falsa humildad.

Sirvamos al Señor con alegría, porque ÉL conoce la magnitud de nuestros talentos!

Diego Acosta / Neide Ferreira

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INSEGURIDAD ALIMENTARIA

ANTIVIRUS

El ministro de hacienda de Zimbawe ha advertido que la mitad de la población del país, unos siete millones de personas se encuentran sufriendo lo que llamo eufemísticamente inseguridad alimentaria.

Las orígenes de esta situación se adjudican a las cuestiones climáticas. Por un lado una sequía de magnitudes desconocidas en los último cuarenta años.

A ello deben agregarse las inundaciones que siguieron a la sequía, provocadas por los ciclones que trajeron grandes masas de agua que descargaron, sumando un estrago sobre otro estrago.

El problema se agravó aún más por el colapso económico que vive el país, al punto que hasta febrero del año próximo, no se volverán a dar estadísticas relacionadas con la inflación.

Las ayudas recibidas por los pobladores son manifiestamente insuficientes y la compra de alimentos en el exterior se complica por la falta de divisas y por el aumento de los precios internacionales.

En suma, que la llamada inseguridad alimentaria, no es otra cosa que el reconocimiento de una tremenda hambruna y la admisión de que las autoridades no están en condiciones de asumir sus responsabilidad.

Recordamos las palabras de Jesús: Porque me diste de comer cuando tuve hambre…

Diego Acosta

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