MISIONEROS

Es posible que alguna vez nos hayamos peguntado quienes son los misioneros, quienes son esas personas que abandonan su comodidad y se marchan a evangelizar.

Podríamos decir que misioneros deberíamos ser todos los hombres y mujeres que nos llamamos hijos de Dios, pues a todos se nos dio la Gran Comisión de llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra.

Sin embargo la gran mayoría de nosotros interpretamos que la condición de misioneros está reservada a algunas personas y nos excluimos de ese llamado.

En realidad misioneros somos todos los creyentes, a todos se nos demandará el cumplimiento de la Gran Comisión, puesto que todos tenemos a quién llevar la Palabra de Salvación.

Es evidente que nos resulta más fácil y sencillo no hablar a nuestros familiares para no despertar rencillas, a nuestros vecinos para que no piensen mal de nosotros y a los desconocidos para evitar litigios.

Pero esta lista es fundamental para que nos convirtamos en misioneros. Nunca se nos dijo que fuera fácil llevar el Mensaje de Esperanza, por lo tanto debemos asumir todos los riesgos que eso implica.

Estamos viviendo horas decisivas o nos estamos acercando al tiempo de las horas determinantes. No eludamos nuestra responsabilidad y asumamos que somos todos misioneros.

Romanos 10:15
Diego Acosta García

ALFOMBRAS…

Sería conveniente que nos detengamos a analizar las cuestiones cotidianas, pues de todas ellas podremos sacar enseñanzas importantes para el crecimiento de nuestra vida de creyentes.

Nos podemos detener en las alfombras, por ejemplo. Un complemento necesario en nuestras viviendas, particularmente cuando hace frío y nos debemos proteger.

Pero también las alfombras pueden tener otro sentido, cuando en el mundo se habla de las alfombras rojas, cambiando de esta manera la consideración de estos tan útiles elementos.

Debemos advertir como con un simple agregado, algunas palabras tienen un significado muy diferente, como el de representar ese mundo frívolo, vacío, al que le otorgamos el valor del glamour.

Es preciso que estemos alertas en cada momento de nuestra vida para no caer en la trampa atractiva y seductora que tienen estas cuestiones mundanas y que tanto se alejan de los propósitos espirituales.

Es tan grave lo de una alfombra roja? La gravedad puede surgir de la importancia que le concedamos a todo lo que supuestamente significa y olvidando el valor utilitario que tiene contra las inclemencias.

Nuestra vida de creyentes debe ser edificada en torno a valores que Jesús nos dejó como cuestiones trascendentes y superiores, alejadas por completo de las cuestiones mundanas.

Una alfombra ha sido y será una alfombra, pero lo que no debemos hacer es caer en la tentación de conferirle otro significado, puesto que entonces estaremos cediendo al mundo y alejándonos del Señor.

1 Juan 2:8
Diego Acosta García

 

CUANDO NOS ASUSTAMOS

La mayoría de nosotros vive más o menos apaciblemente, sin tener mayores complicaciones que las que son propias de personas que viven en el mundo, adecuándose a sus normas.

Esta forma de vivir más o menos placentera nos coloca en una situación de tibieza frente a Dios, en las cuestiones relacionadas con la Iglesia y con relación a nuestro compromiso con la Gran Comisión.

Así vivimos muchos de nosotros, en esa ambigüedad tan peligrosa, que lentamente nos va alejando de Dios, de sus promesas y también de nuestras obligaciones.

Pero un día nos asustamos! Ocurre algo inesperado que modifica radicalmente esa vida más o menos acomodada que llevamos y caemos en una situación completamente nueva.

Estamos asustados, no comprendemos bien que es lo que nos pasa y como se ha alterado esa vida tranquila, que es verdad que se tornaba rutinaria, pero también nos tranquilizaba.

Ese susto inesperado modifica todo aquello que nos daba esa sensación de que a pesar de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, nuestra burbuja nos protege.

No estábamos preparados para que algo inesperado nos asustara, nos hiciera perder la paz y llegáramos rápidamente a la conclusión que del susto pasamos al miedo.

Los sustos en nuestra vida de creyentes, se originan en que hemos puesto nuestra confianza en las cosas del mundo y en la seguridad que el mundo nos puede dar. Alcemos nuestra mirada y solamente confiemos en el Señor.

Job 4:6
Diego Acosta García

RECORDAR

Se nos ha enseñado que no podemos vivir mirando hacia el pasado, porque lo mejor está por venir, porque esa es la bendita esperanza bajo la cual vivimos.

Esto no debería impedirnos recordar cómo es nuestro presente con relación a nuestro pasado, para poder reflexionar acerca de la Gracia y Misericordia de Dios sobre nuestras vidas.

Cuando pensamos en lo que éramos y en lo que somos, deberíamos dar gracias al Eterno por todo lo que hizo y por todo lo que hará, para transformarnos en nuevos hombres y nuevas mujeres.

Cada vez que cedemos ante las presiones del mundo o de las dificultades que se nos presentan, deberíamos de ser capaces de recordar esta realidad tan tremenda.

El Señor nos rescató de una vida oscura, triste y llena de pecados y transgresiones, para presentarnos un tiempo pleno de Luz y con un Camino cierto por recorrer.

Por qué nos olvidamos de esta prueba del Amor del Señor? Seguramente porque nos afanamos en encontrar soluciones a las cuestiones que solamente Él puede resolver.

Vivamos como sus hijos, vivamos en plenitud cada día sabiendo que el futuro que nos preocupa ya está resuelto por el Creador. Y tengamos la capacidad de recordar lo que fuimos para entender lo que somos.

2 Pedro 1:12
Diego Acosta García

LAS PALABRAS

En los tiempos que vivimos debemos prestar especial atención a las palabras que usamos y al valor que les otorgamos, para no caer en las trampas del mundo.

Nos referimos a palabras que desde la perspectiva espiritual tienen un profundo contenido, pero que en el mundo se transforman en una pobre versión que refleja como están las cosas en la aldea global.

Cuando hablamos de matrimonio, por ejemplo, hablamos indiscutiblemente de la unión entre un hombre y una mujer, según lo dispuso Dios en el momento de la Creación.

No hay alternativa posible ni discusión posible sobre esta cuestión y es lo que debemos de transmitir a nuestros hijos. Dios creó al hombre y a la mujer.

Pero existen otras formas de matrimonio? De ninguna manera, como tampoco existe otra forma en la especie humana, como no sea la del hombre y la mujer.

Por tanto debemos obrar con la mayor misericordia con relación a quienes viven al margen de esta realidad y debemos poner todo nuestro empeño en restaurar sus vidas.

Solamente de esta manera podremos dar contenido total a lo que significa matrimonio, sabiendo que es la unión de un hombre con una mujer, como lo estableció el Eterno. De una vez y para siempre.

Cuando hablemos del matrimonio tengamos presente esta Verdad y no nos dejemos engañar por quienes buscan desde su realidad, confundir y confundirnos. Dios no juega con sus criaturas!

Génesis 2:24
Diego Acosta García

OTRO DÍA…

Que nos ocurre cuando nos levantamos y decimos… otro día? Que significa esa pregunta? Es que nos disgusta vivir el día que el Señor nos ha concedido?

Cada tanto es bueno hacer una pausa y analizar lo que estamos haciendo, como ocupamos nuestro tiempo, como estamos sirviendo en aquello que el Señor nos ha marcado como propósito.

Si hiciéramos esto, tal vez podríamos dar respuestas razonables a las preguntas sobre porque decimos otro día… como si estuviéramos afrontando una especie de castigo por vivir.

Lo cierto es que en algunas ocasiones pueden parecernos difíciles los tiempos que estamos afrontando, con sus dificultades, sus problemas, sus necesidades.

Sin embargo esto nos puede ocurrir porque estamos luchando batallas que no son nuestras y porque estamos enfrentando situaciones con nuestras propias fuerzas.

Bueno será recordar entonces que Dios se glorifica en nuestras debilidades y que por lo tanto no podemos luchar en solitario y que debemos hacerlo con el auxilio del Eterno.

Ninguna batalla por importante que sea la podremos librar solos, porque entonces caeremos en aquello de decir otro día… Porque se nos van agotando las fuerzas y el entusiasmo.

Cada mañana al despertarnos demos gracias al Señor por darnos otra jornada para honrar su Nombre, para honrar su Grandeza con nuestra humildad. Y no volveremos a decir: otro día…

Salmos 35:28
Diego Acosta García

COMO OBRAR

Quienes buscamos servir al Señor poniendo lo mejor de nuestras vidas no estamos exentos de tener momentos de duda o de no saber muy bien qué hacer.

Esencialmente esto se relaciona con un aspecto sobre el que raras veces nos detenemos a pensar: Se trata de establecer con la forma en que servimos al Señor.

Para decirlo de otra manera, debemos tratar de saber cuál es el nivel de nuestro trabajo como siervos para contribuir a establecer el Reino y para concretar la Gran Comisión.

Inmediatamente nos podemos preguntar: Lo estamos haciendo bien, más o menos bien o buscando la excelencia? Probablemente la respuesta que nos demos nos guiará hacia el fondo de la cuestión.

Para la mayoría de las personas nos bastaría pensar que lo estamos intentando, pero deberíamos buscar una alternativa diferente a este planteamiento.

Hacerlo más o menos bien o hacerlo bien, son dos posibilidades que demandan esfuerzo, pero no todo el esfuerzo que está en nuestra capacidad o en nuestro talento.

Verdaderamente la cuestión sería no solo emplear a fondo nuestros talentos sino también buscando como objetivo servir con el máximo de eficiencia. De esta manera podríamos acercarnos al Señor y su Grandeza.

Mateo 4:10
Diego Acosta García

CONTIENDAS

Cada vez es más frecuente que tomemos contacto con la triste realidad que se vive en muchas congregaciones, donde pareciera que en lugar de ser hermanos estamos formando parte de grupos enfrentados en una batalla.

Es una tristísima realidad porque detrás de estos hechos se puede advertir que está el afán por lograr poder, más poder o todo el poder, en lugar de servir con alegría al Señor.

La Iglesia se convierte de esta manera en un aspecto muestrario de actitudes que nada tienen que ver como el espíritu del Cuerpo de Cristo, el Cuerpo que debería servir al Señor.

Pablo advirtió a la Iglesia acerca de estos hechos, destacando que estos episodios contribuyen a la destrucción y no a la edificación, anulando así el verdadero propósito de su creación.

Es fundamental que reflexionemos cuál es nuestro rol en lo que está ocurriendo en la congregación, para rectificar con humildad y sabiduría aquello que estamos haciendo mal.

La vida de la Iglesia no se puede ver amenazada por los afanes personales, por el protagonismo desmedido o por la conquista de poder. La Iglesia es del Señor y debemos ser sus fieles servidores.  

Filipenses 2:3
Diego Acosta García

TURBULENCIAS

A todos quienes hemos vivido la experiencia de viajar en avión y de sufrir las turbulencias que nos obligan a utilizar el cinturón de seguridad, nos resultará fácil comprender determinadas situaciones.

Hay tiempos de altibajos, tiempos de no comprender lo que está sucediendo con nosotros o a nuestro alrededor. Tiempos que nos obligan a utilizar el cinturón de seguridad.

Pero pensemos: Usamos el cinturón de seguridad, pero seguimos estando en el avión que está sometido a turbulencias a veces muy fuertes y seguimos en el medio de la tormenta.

La seguridad que nos otorga el cinturón es puramente física, puesto que impide que nos desplacemos hacia un lado o hacia otro, con el riesgo cierto de hacernos daño.

Es entonces cuando nos preguntamos: Un cinturón es la garantía de nuestra seguridad o es Dios con su Misericordia quién nos ayudará? La respuesta solamente la podrán dar quienes vivieron situaciones parecidas.

Los hombres damos seguridades propias de los hombres, limitadas a nuestras propias capacidades. No estamos diciendo que los aviones son inseguros. Estamos hablando de otra cosa.

En las turbulencias de nuestra vida recordemos siempre que nuestra confianza debe estar puesta en Dios y es a Él a quién debemos de clamar por su ayuda y su Misericordia.

Jeremías 17:7
Diego Acosta García

NO SOMOS JUGUETES

Hay veces que nos comportamos de una manera que pareciera que somos objetos en lugar de personas y que además, se puede jugar con esos objetos.

Para decirlo de otro modo hay veces que obramos como si Dios estuviera jugando con nosotros y lo demostramos a través de nuestros gestos de incomprensión o de incertidumbre.

Esa sensación de ser objetos con los que se puede jugar o se puede manipular, es propia de quienes viven en los avatares del mundo, donde todo es válido o todo es posible.

Pero nosotros somos hijos de Dios y por tanto jamás podemos llegar a pensar que quién nos ha Creado juegue con nosotros, porque ofende su Benignidad.

Entonces: por qué nos sentimos como si fuéramos juguetes? Tal vez porque los principios sobre los que debemos edificar nuestra vida, no son tan sólidos como debieran.

Tal vez porque nos esté faltando la consistencia espiritual que nos haga reflexionar acerca de la naturaleza de las dificultades que estamos  atravesando o de los problemas que nos afligen.

En cualquier circunstancia y en cualquier momento o lugar, siempre debemos de saber que Dios jamás jugará con nosotros. Recordemos que Él prometió estar a nuestro lado para siempre y que Él es nuestro Padre.

Deuteronomio 4:31

Diego Acosta García