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QUÉ DUDAS…?

Siempre me ha preocupado no buscar pretextos para no hacer lo que Dios me manda. Pero lo cierto es que muchas veces caigo en la tentación de ir en contra de mi voluntad.

Estaba obrando como dijo Pablo, que hacía lo que no quería!

Pero enfrentarse a las dudas es una tarea ardua y difícil, pero absolutamente necesaria para cambiar el rumbo de nuestra propia vida.

Me pregunto: Cuáles son mis dudas? Que las origina? Por qué me dejo dominar por ellas?

Y una por una voy tratando de definir la naturaleza de mis dudas y llego a la conclusión que más que dudas, son cuestiones que no me gustan y por eso las convierto en  incertidumbre.

En realidad la duda nace en el corazón cuando dejo que mi confianza en el Eterno decline, a causa de cualquier circunstancia desfavorable.

Es entonces cuando el enemigo comienza a obrar en mi mente y a preguntarme cosas para las que no tengo respuestas adecuadas, precisamente porque mi fe ha disminuido y mi incredulidad a aumentando.

No dejemos que las dudas crezcan en nuestra vida, porque acabarán por destruir todo lo que el Señor ha levantado con tanto Amor.

Mateo 14:31

Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo:

!Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

Mateus 14:31

E logo Jesus, estendendo a mão, segurou-o e disse-lhe:

Homem de pequena fé, por que duvidaste?

Diego Acosta / Neide Ferreira

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ALERTA HALLOWEEN

 

Por considerarlo de especial interés, reproducimos textualmente el comentario publicado

por el diario ABC de Madrid, España

El origen oculto de Halloween, el ritual prohibido de los druidas celtas que Roma reprimió por su brutalidad

Ni calabazas, ni caramelos. Esta celebración tiene su origen en el Samagín, una festividad en la que se llevaban a cabo sacrificios humanos para adivinar el futuro y -según la tradición- el mundo de los vivos y los muertos quedaba irremediablemente conectado

La legión romana que aplastó una secta renegada de druidas y brujas

Ni caramelos, ni calabazas sonrientes, ni niños felices. Lo que a día de hoy llamamos Halloween no guarda ninguna relación con la fiesta en la que hunde sus raíces. Una celebración celta llamada Samhain o Samagín en la los druidas rendían culto al dios de la muerte a través de la barbarie y la crueldad. De hecho, tan brutal era aquel festejo que, cuando las legiones romanas llegaron a la antigua Britania, decidieron prohibir una buena parte de sus ritos.

Desde entonces, los retazos de aquella primitiva fiesta se han ido transformando a lo largo de los siglos. Tanto que, a día de hoy, existen decenas de versiones sobre lo que ocurría en el Samagín. Lo que sí está claro es que en aquella fiesta los druidas llevaban a cabo sacrificios humanos con el objetivo de adivinar el futuro. Algo que no resulta extraño atendiendo a lo que el mismo historiador Cornelio Tácito señaló en sus escritos: «Consultaban a los dioses en las palpitantes entrañas de los hombres».

Celtas y druidas

A día de hoy, se desconoce el momento exacto en el que el Samagín empezó a celebrarse. Tan solo se sabe que tenía como protagonistas a los hechiceros britanos y que ya se practicaba antes de la conquista romana de las islas. La cual comenzó con Julio César en el año 55 a.C. y acabó de materializarse en el 43 con Claudio. Independientemente de la fecha concreta, todas las fuentes coinciden en que la fiesta giraba alrededor de los druidas, los sacerdotes del pueblo celta.

Un pueblo que, como bien señalan los autores John Ankerberg y John Weldon en su libro «Facts on Halloween», vivía en el norte de Francia y las Islas Británicas. «Era un pueblo que practicaba las artes ocultas y adoraba a la naturaleza, a la que atribuía cualidades animísticas o sobrenaturales», determinan los espertos.

El arqueólogo e historiador decimonónico Henri Hubert determina en su obra «Los celtas y la civilización céltica» la importancia que tenían para este pueblo los druidas. Según sus palabras, eran un punto central sobre el que se apoyaba la sociedad. De hecho, añade que la mencionada civilización se mantenía unidad -entre otras tantas cosas- gracias a ellos. La razón principal era que se encargaban de contentar a los temidos dioses. «Eran una clase de sacerdotes expresamente encargados de la conservación de las tradiciones», sentencia el experto.

Pero los druidas eran únicamente los guardianes de las temibles deidades, sino que también eran los médicos del pueblo. Así lo afirma el divulgador histórico Manuel Velasco Laguna en «Breve historia de los celtas». Obra en la que explica que basaban sus rituales de curación en las plantas que recogían en el bosque. Por si fuera poco, también hacían las veces de cirujanos. «Los arqueólogos han encontrado herramientas muy similares a las usadas hoy en día con las que practicaban cesáreas y trepanaciones», completa el experto.

Al parecer, esta mezcla de hechiceros y líderes espirituales se encargaban primero de buscar la razón de la dolencia «detectando» las alteraciones a través de la piel para, posteriormente, solventar el problema expulsando -entre otras cosas- con conjuros a los demonios del interior del cuerpo. «Silicio nos habla del canto druídico curativo refiriéndose a él como una forma de apaciguar el alma y lograr que el enfermo se reestablezca de sus males», explica Pedro Palao en «El libro de los celtas».

Samagín y Belenus

Como pueblo que basaba una buena parte de su existencia en la naturaleza, los celtas daban una importancia suma a los ciclos estacionales. Para ellos, el año se dividía en dos grandes épocas: el invierno y el verano. La primera, asociada con la muerte; la segunda con la vida. Y, para conmemorar el paso de una a otra, celebraban dos fiestas en honor a los respectivos dioses a los que asociaban cada una de ellas. «Los celtas adoraban al dios sol (Belenus) especialmente en Beltane, el primero de mayo. Y adoraban a otro dios, Samagín, el dios de la muerte o de los muertos, el 31 de octubre», determinan los autores de «Facts on Halloween» en su obra.

De la segunda fiesta que se llevaba a cabo en honor de esta deidad es de la que proviene el actual Halloween. Según afirman la mayoría de las fuentes, el festival de Samagín duraba tres días y tres noches y en él se conmemoraba el «inicio de la estación muerta del año, en la cual campos y seres vivos dormían a la espera de la próxima primavera». Al menos, según lo eplica la doctora en historia Margarita Barrera Cañellas en su tesis “Halloween, su proyección en la sociedad estadounidense”.

Podría parecer que esta fiesta era entendida como una celebración de segunda categoría, pero nada más lejos de la realidad. Al fin y al cabo, los propios druidasconsideraban al pueblo britano descendiente directo del dios de la muerte. Con todo, tan cierto como esto es que existen autores partidarios de que Samagín era únicamente el nombre que se le dio a la festividad, y no el de ninguna deidad. «De los 400 nombres de dioses celtas conocidos, el que más se menciona es el de Belenus. Samagín, que es nombre específico del señor de la muerte, es incierto. No obstante, es posible que fuera la principal deidad druídica», explican Ankerberg y Weldon.

Creencias

Las creencias de los druidas afirmaban que, en la noche del 31 de octubre, Samagín convocaba a los muertos para que pasasen «al otro lado». Es decir, del mundo de los fallecidos, al de los vivos. Sin embargo, estos espíritus podían llegar al «más acá» de dos formas diferentes atendiendo a si habían sido «buenos» o «malos» durante los últimos meses.

Si el dios consideraba que no habían cumplido con sus deberes, hacía que se reencarnasen en animales tras el ocaso. Por el contrario, aquellos que habían obrado acorde a lo que quería la deidad eran libres de visitar a sus familiares con su forma humana y pasar unas horas en sus antiguos hogares antes de regresar al limbo.

Además, la noche del 31 era considerada especialmente esotérica por los druidas. «Creían que el velo existente entre el presente, el pasado y el futuro caía, siendo esta la razón de que se considerase como el momento más propicio para todas las clases de artes mágicas y, en especial, las adivinatorias y de predicción sobre el nuevo año», completa la experta en su tesis. Era, en definitiva, una jornada mágica en el sentido más literal de la palabra en la que el miedo a los muertos se mezclaba con la esperanza de recordar a un familiar que hubiese dejado este mundo.

Y brutalidad

Durante las celebraciones, los celtas practicaban varios rituales. Uno de los más básicos era apagar todos los fuegos que hubiese encendidos en las casas con dos objetivos. El primero era evitar que los espíritus errantes (los malvados) entrasen en las viviendas al considerarlas frías. El segundo, simbolizar la llegada de la estación «muerta» y oscura del año. De esta forma, los diferentes pueblos se quedaban totalmente a oscuras y solo eran iluminados por una cosa: las hogueras gigantescas que los druidas encendían en las colinas.

«Los druidas o clase sacerdotal celta encendían nuevos fuegos centrales en las colinas como símbolo del renacimiento de la Naturaleza y de la vida durante la noche de Samhain. En estos nuevos fuegos se quemaban principalmente ramas de roble, árbol sagrado para los celtas, y ofrendas de frutos, animales e incluso seres humanos. Al día siguiente en las cenizas y restos de huesos calcinados los druidas leían el futuro de la comunidad en el nuevo año que comenzaba», completa la doctora en historia en su obra

Druidas britanos

Estas fogatas eran encendidas con todo tipo de objetos que los jóvenes reunían en los días previos a la celebración. ¿Cómo lo hacían? Mediante una tradición que se mantiene en la actualidad: pidiendo materiales de casa en casa para la gran hoguera.

Los fuegos eran un elemento central de la celebración, pues se creía que con ellos se lograba espantar a los espíritus malignos que, enfadados por haber sido castigados por el dios de la muerte, se dedicaban a hacer tretas a los vivos. «La gente se ponía grotescas máscaras y danzaba alrededor de la gran fogata pretendiendo que eran perseguidos por los malos espíritus», completan los autores ingleses.

Con todo, las gigantescas fogatas y las máscaras no era lo único que primaba durante esta festividad. Además de todo ello, esta fiesta era considerada un momento propicio para pedir por los espíritus de los fallecidos y para practicar la magia y las artes adivinatorias. Esta última praxis era realizada por los druidas, quienes consideraban que podían averiguar el futuro usando vegetales… o sacrificando seres humanos a los dioses. Una barbaridad que, a día de hoy, ha caído en el olvido durante la noche de Halloween.

Adiós a Samagín

La barbarie de Samagín continuó hasta el siglo I d. C., cuando los romanos llegaron hasta Britania de manos de Claudio y sus legiones Augusta, Hispana, Gemina y Valeria Victrix. Después de pisar tierras isleñas, estos «civilizaron» la festividad erradicando los sacrificios humanos. En su lugar, cambiaron a los condenados por efigies. Posteriormente, y en un intento de romanizar todavía más la celebración, la cambiaron por el festival de Pomona (en honor de la diosa de las manzanas y el otoño). La fiesta aceptada, pero el pueblo jamás olvidó sus creencias.

Con el paso de los años, y usando como vía de entrada la civilización romana, la Iglesia Católica trató de dar una vuelta de tuerca más al festival para acabar definitivamente con las creencias celtas. Así fue como, en el año 610, el Papa Bonifacio IV instauró la fiesta de los «Mártires Cristianos» el 13 de mayo.

«Esta medida no tuvo mucho éxito, por lo que en el siglo VIII d.C. el Papa Gregorio III, implantó la fiesta de los Mártires Cristianos el día 1 de Noviembre, haciéndola coincidir de esta forma con la fecha de la celebración de Samhain, y más adelante, el Papa Gregorio IV amplió esta celebración a todos los santos del panteón cristiano», añade la experta. En esos años fue cuando se cambió el nombre del festival a «All Hallow’s Eve», término que derivaría posteriormente en el actual Halloween.

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LA EXPIACIÓN

En el Libro de Levítico se revela como fue mandado por Jehová, la presentación de ofrendas para la expiación de los pecados.

Un mandamiento que tuvo su término con la última gran Expiación, con el Supremo ofrecimiento realizado por la expiación de los pecados de todos los hombres.

Tan grande resultó el sacrificio de Jesús en la cruz, que invalidó un mandamiento que había sido dado a las generaciones anteriores de realizar ofrendas para que el supremo sacerdote las pusiera en el altar del Templo.

Esta revelación nos debería hacer reflexionar acerca de lo que representa Jesús en la historia de la Humanidad y de su trascendencia, a pesar de que fue negado, denostado y ajusticiado.

Si perdemos la perspectiva de todo lo que significa, nunca podremos comprender los mandatos recibidos de ÉL ni podremos utilizar el Poder que ÉL nos ha concedido para sanar enfermos y expulsar demonios.

Debemos recuperar el sentido verdadero de su Sacrificio, para que la expiación de nuestros pecados obre poderosamente en nuestras vidas y ante el Padre.

Levítico 5:5-7

ES – Cuando pecare en alguna de estas cosas, confesará aquello en que pecó,

y para su expiación traerá a Jehová por su pecado que cometió, una hembra de los rebaños, una cordera o una cabra como ofrenda de expiación; y el sacerdote le hará expiación por su pecado.

 Y si no tuviere lo suficiente para un cordero, traerá a Jehová en expiación por su pecado que cometió, dos tórtolas o dos palominos, el uno para expiación, y el otro para holocausto.

PT – Será, pois, que, culpado sendo numa destas coisas, confessará aquilo em que pecou.

E a sua expiação trará ao Senhor, pelo seu pecado que pecou: uma fêmea de gado miúdo, uma cordeira ou uma cabrinha pelo pecado; assim, o sacerdote por ela fará expiação do seu pecado.

 Mas, se a sua mão não alcançar o que bastar para gado miúdo, então, trará, em expiação da culpa que cometeu, ao Senhor, duas rolas ou dois pombinhos; um para expiação do pecado, e o outro para holocausto.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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ANTI-ENVIDIA…

En un cierto momento tuve la idea, creo que inspirada, de hacer una especie de campaña para luchar contra la envidia.

Fue muy curioso lo que ocurrió, porque esta especie de acción contra la envidia, fracasó a causa de la…envidia, pues muchos tuvieron ese sentimiento a propósito del objetivo que se esperaba lograr.

Cada día me convenzo más de los peligrosos efectos que provoca la envidia, principalmente en aquellos que la padecen.

En esa especie de campaña, más de una vez sugerí que la envidia tiene un poder destructor inimaginable, porque es capaz de lograr que una persona deje de vivir a causa de lo que tiene en su corazón.

Ese dejar de vivir está relacionado con lo que se convierte en una especie de obsesión, que obra en todos los aspectos de los hechos cotidianos y llegan a convertirse en algo enfermizo.

Quién tiene envidia por alguien, es porque ha dejado que la semilla de la maldad crezca en su corazón, ignorando lo que Dios nos manda.

Envidiar lo que otra persona tiene, es directamente un estado de rebelión contra lo que el Eterno ha establecido, porque ÉL es quién concede y ÉL y solamente ÉL el que quita.

Si ignoramos esta Verdad seremos una fácil presa del obrar del enemigo, porque hemos abierto las puertas de nuestro corazón y de nuestra mente, para que la envidia se convierta en una razón para vivir o para morir.

Si logramos pensar con seriedad en Jesús, podremos comenzar a desandar la senda equivocada que transitamos. Y es bueno que lo hagamos, antes que la maldad acabe por destruirnos.

Mateo 20:15

¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío?

¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?

Mateus 20:15

 Ou não me é lícito fazer o que quiser do que é meu?

Ou é mau o teu olho porque eu sou bom?

Diego Acosta / Neide Ferreira

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LA REFORMA – III

LA DEGRADACIÓN

Una de las grandes cuestiones que influyeron en el ánimo de Martin Lutero, fue sin duda el grado de degradación que existía en la jerarquía de la iglesia católica.

El monje lo pudo comprobar cuando en el año 1510 viajó a Roma y se encontró con la gran sorpresa de comprobar cómo vivían los altos prelados de la iglesia.

Advirtió que la ostentación y la riqueza eran comunes a muchos hombres que detentaban altas responsabilidades en Roma. E incluso la propia iglesia estaba construyendo un gigantesco templo, que luego conoceríamos con el nombre de Vaticano.

De esta manera pudo contrastar la modesta forma de vivir que tenían en su orden, ya que los agustinos eran una de las órdenes mendicantes.

Es decir, los agustinos luego de cumplir con sus deberes como miembros de la congregación, debían salir a las calles para lograr los alimentos esenciales para la supervivencia.

Esta situación conmovió todavía más a Lutero que comenzó a definir como era la iglesia que mejor serviría al Señor.

Siete años más tarde de su sufrido viaje a Roma, se decidió a hacer públicas sus proposiciones, que le valdrían la persecución y que marcarían el comienzo del proceso que llamamos la Reforma.

Diego Acosta

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ATENTOS…

Siempre estamos atentos…a muchas cosas pero nunca a lo verdaderamente importante.

Somos esclavos de las necesidades que nos hemos ido creando, de estar siempre informados, de mantener al día nuestras relaciones.

En eso consiste la forma de vivir que tenemos en estos tiempos, pero hemos perdido la perspectiva de lo que es necesario, por no decir fundamental.

Con tanto ajetreo nos olvidamos de escuchar al Espíritu, porque estamos aturdidos con tantas cosas en nuestros oídos y en nuestra mente.

El Espíritu no vendrá a nosotros para sumarse a esa confusión, buscará hablarnos en el momento idóneo, que muchas veces puede ser mientras estamos descansando.

Lo grave es que aún en esas circunstancias, tal vez seamos incapaces de percibir quién es el que nos habla, quién es el que nos visita.

Debemos reaccionar y debo reaccionar, para dejar de vivir de esta manera alocada y frívola, de saber muchas cosas, que es la mejor forma de no saber nada.

Guardemos nuestros oídos para percibir al Espíritu…para escuchar aquello importante que tiene para decirnos o advertirnos.

Hebreos 3:7

Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:

Si oyereis hoy su voz.

Hebreus 3:7

 Portanto, como diz o Espírito Santo,

se ouvirdes hoje a sua voz.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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LAS CRÍTICAS

Un recuerdo que siempre conservaré por lo que tuvo de enseñanza, es el del primer mensaje que pronunció un joven predicador en una congregación.

A sus evidentes nervios y emoción, se agregó la notoria falta de experiencia, lo que rápidamente generó un ambiente propicio a las críticas.

Algunos hermanos fueron muy severos en sus afirmaciones, olvidando de una manera sorprendente lo que les ocurrió cuando ellos pasaron por el mismo trance.

Incluso yo mismo me olvidé de mis primeras veces y me sumé a las críticas, hasta que el Espíritu me amonestó severamente con relación a lo que estaba haciendo.

En circunstancias como estas, es cuando advertimos que pese a utilizarlas muchos, las palabras Amor y Misericordia, las ponemos muy poco en práctica.

Demostramos además, que no tenemos el menor sentido de grandeza, cuando criticamos y hasta nos burlamos de quién predica por primera vez en una iglesia.

Bueno sería transformar críticas en palabras amables de y ánimo, para alentar a continuar, a quién ha recibido la alta responsabilidad de traer la Palabra del Señor por primera vez a los suyos.

Salmo 26:3

ES – Porque tu misericordia está delante de mis ojos,

           Y ando en tu verdad.

PT –  Porque a tua benignidade está diante dos meus olhos;

             e tenho andado na tua verdade.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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EL CUIDADO

Le contaba a un amigo que había tenido que realizar un largo viaje hasta una ciudad y volver a mi casa.

Mientras le daba detalles de cómo se había desarrollado el viaje y de algunos accidentes que presencié, él me interrumpió y me dijo: Como te cuida el Señor!

Me quedé sorprendido y le contesté que sí, que me había cuidado y que había orado para clamarle por su protección en todo momento.

Cuando me quedé solo me puso a pensar en lo que me había dicho mi amigo y mi sorpresa fue mayor todavía, porque comprendí que el Eterno me había cuidado mucho más de lo que me podía imaginar.

Me resulta penoso ver como son mis propios comportamientos. El cuidado que Dios tiene de mí es algo que lo debería saber y recordar, sin que nadie me lo mencione.

Sin embargo fue necesario que alguien lo dijera, para que nuevamente tuviera que dar gracias por su infinita Misericordia.

Hasta cuándo tendrá Dios que soportar tanta indiferencia hacia su Amor?

Salmo 55:22

ES – Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará;
       No dejará para siempre caído al justo.

PT – Lança o teu cuidado sobre o Senhor, e ele te susterá;

       nunca permitirá que o justo seja abalado.

Diego Acosta / Neide Ferreira