ESPINAS HIRIENTES

 

DEVOCIONAL

En algunas ocasiones las revelaciones del Espíritu son impactantes, tremendas porque nos sitúan en una realidad que ni siquiera nos podíamos imaginar.

Una de ellas es la relacionada con las malas palabras o los insultos que decimos, en algunos casos como el mío, constantemente aunque termine de justificarme que muchas de ellas tienen un origen casi folklórico.

Pero lo cierto es que deberíamos saber, que cada mala palabra o insulto que pronunciamos, es una ofensa. una espina hiriente en los oídos Santos del Padre.

Tenemos espinas en la boca?

Por asombroso que resulte, es lo que el Espíritu nos emplaza a imaginar y entonces pensemos: Que haríamos con las espinas en nuestra boca?

Cada vez que decimos alguna inconveniencia, añadimos otra espina a las que ya habían y en una cadena sin fin, iríamos agregando esos perturbadores elementos que podrían destruir nuestra boca.

Todavía seguiremos hablando malas palabras o insultando?

Efesios 4:31
Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.

Diego Acosta / Neide Ferreira

QUIÉN ERA MARTA…?

ESCUDRIÑAR

Jesús era amigo de Lázaro y de sus dos hermanas: Marta y María, que vivían en Betania, muy cerca de Jerusalén. En una visita que les hizo, quedó en evidencia el carácter hospitalario de Marta.

Tanto fue que le reclamó a Jesús por la actitud de su hermana de no ayudarla en las tareas, pero Él le respondió que estaba afanada y turbada por muchas cosas, pero solo una era necesaria.

Y de esta manera pretendió dejarle en claro, que lo importante eran sus enseñanzas y no las preocupaciones que estaba mostrando Marta como anfitriona.

Es importante advertir que Jesús no la reprendió, sino que trató de que entendiera que siempre deberíamos escoger entre dos alternativas, buscando siempre la más relevante.

Incluso el conflicto que le planteó Marta porque su hermana María permanecía a sus pies, escuchándolo, no tenía la menor importancia, por cuanto era su Palabra lo que más les valía escuchar.

Muchas veces los afanes, aunque sean legítimos, nos impiden tener la perspectiva de lo Verdadero y de lo que puede edificar nuestra propia vida.

En el episodio de la resurrección de su hermano Lázaro, Marta exhibe la dimensión de su fe aunque el Señor hubiera llegado demasiado tarde, según ella, para devolverle la vida a su hermano.

Marta le dijo al Hijo del Hombre: Sí, Señor… Creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, que ha de venir al mundo según consta en el Evangelio de Juan 11:27.

No debemos juzgar a quienes se afanan y preocupan en el servicio a Dios, al contrario, tratemos de que perciban, con Amor y Misericordia, que es lo mejor para sus vidas.

Diego Acosta