ASISTIR…

Hace unos domingos nos preguntábamos a qué íbamos a la Iglesia. Una pregunta que lejos de la retórica nos confrontaba con la realidad de nuestra vida.

Cuando extendimos a otras personas la inquietud, las respuestas fueron sorprendentes y no hicieron otra cosa que ahondar la preocupación inicial sobre la cuestión.

Nos dijeron que algunas personas asistían al Culto para reunirse con los amigos y escuchar el mensaje. Otros que a recibir. Otros que a cumplir con lo de los domingos.

Pero quizá la respuesta más sorprendente fue la de un hermano cuando dijo que iba al Culto porque era su obligación y de esta manera cumplía con su compromiso de creyente.

Volviendo a la pregunta inicial, porque asistimos al Culto, tal vez podríamos decir que todos los motivos que escuchamos ninguno se acercaba a lo que necesitaba o esperaba escuchar.

Pero la respuesta vino en el propio Culto. Cuando nos enteramos cuántos hermanos estaban pasando necesidades concretas, reales, difíciles, más graves que las dificultades normales en las familias.

También pudimos conocer las necesidades de la congregación. Entonces comprendimos que asistir al Culto, era ratificar nuestro compromiso no con una congregación ni con una Iglesia, sino con Dios.

2 Corintios 6:16
Diego Acosta García

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PERDÓN… SIN OLVIDO

Hace muchos años vimos escrita en un muro de grandes dimensiones, una frase que todavía recordamos a causa del impacto que nos provocó: Ni olvido ni perdón.

Entonces no éramos creyentes ni sabíamos de la tremenda importancia del perdón, como expresión de amor y como expresión superior de ese mandato que nos dejó el Señor.

La frase tenía un gran sentido político pero reflejaba sin duda el sentimiento que muchas personas tienen del perdón, que es posible que lo concedan pero nunca sin olvidar.

Espiritualmente debemos comprender que esta frase revela una actituf, que no es otra cosa que la incapacidad de perdonar y la de olvidar.

Pero también podemos decir: Perdono pero no olvido. En otro sentido esta frase al contrario de la anterior, encierra una gran contradicción. Si no olvidamos no hemos perdonado.

Una de las condiciones fundamentales que tiene el perdón es el olvido del hecho que lo provocó. Por eso nuestros pecados son perdonados… y olvidados.

Nunca más se nos reclamará por nuestros pecados por parte de Dios. Será el enemigo de nuestra fe el que nos acuse y nos persiga por nuestros malos hechos del pasado. El enemigo es quién no olvida.

Aprendamos que así como recibimos el Perdón para siempre por nuestros pecados, así debemos perdonar a los demás. La suprema grandeza del perdón, consiste en olvidar. Para siempre.

Salmos 32:1
Diego Acosta García

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RENOVEMOS EL PACTO

Cada vez que recordamos que la Misericordia de Dios se renueva cada día, nos produce una alegría y una confianza notable, digna de quién proviene esa Gracia.

Vivimos confiadamente en la certeza de que la Misericordia de Dios nos acompaña cada nuevo amanecer, sabiendo que esa Gracia es para ese día y que mañana tendremos nuevas y renovadas misericordias.

Pero, alguna vez pensamos en como respondemos a esa Misericordia? No deberíamos acaso ser verdaderamente fieles a nuestra condición de hijos de Dios y obrar de otramanera?

La respuesta necesariamente debe ser afirmativa y entonces la relacionaremos con la renovación de nuestro Pacto personal con Dios, con la renovación de nuestra fe en Él.

Debemos plantearnos renovar cada día nuestro Pacto con Él, nuestro compromiso de ser sus hijos totalmente entregados a cumplir con los mandatos que recibimos.

No se trata de corresponder al renuevo de sus Misericordias. Se trata de establecer un grado superior de nuestra relación con el Eterno, renovando nuestro Pacto con Él todos los días.

Deuteronomio 4:31
Diego Acosta García

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PASARLO BIEN…

Esta frase parece encerrar una forma de vivir o una fórmula para vivir y a fuerza de ser utilizada está ganando la condición de ser una referencia para muchas personas.

Pasarlo bien se aplica a casi todas las circunstancias de la vida o lo que es lo mismo, a tratar de que todo lo que hagamos nos de cómo resultado una desprejuiciada concepción de la vida.

Pasarlo bien no es otra cosa que una frivolidad expresada con acierto y que muchas personas adoptan, simplemente porque se dejan llevar por el oleaje del oportunismo.

Pero qué significa “pasarlo bien”? Tal vez para comprender mejor su significado le deberíamos agregar algunas palabras a la frase en cuestión y entonces seríamos más precisos.

Pasarlo bien, de cualquier modo, por ejemplo? Pasarlo bien, sin importar lo que hagamos ni medir las consecuencias? Pasarlo bien, en el verano o las vacaciones sin pensar en el futuro?

Pasarlo bien nos puede llevar a que espiritualmente provoquemos en nuestro interior un desorden de principios muy grave y perdamos la referencia del bien y del mal.

No aceptemos las propuestas del mundo con tanta ligereza. Pasarlo bien se parece mucho al “vive como quieras”, es decir sin límites de ningún tipo. Pasarlo bien debería ser vivir como Dios quiere que vivamos.

Salmos 4:8

Diego Acosta García

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HAY MILAGROS?

Hace poco una señora preguntaba: Cómo era posible que hubiera personas que todavía creyeran en los milagros?. Decía que si en realidad alguna vez hubo milagros, seguramente fue en el pasado.

Esta incredulidad se basaba en las cosas que ocurren en el mundo y que a ella le mostraban que Dios se había olvidado de las personas y que había dejado librado a los hombres a su propia suerte.

En casos como este es necesario pedir Sabiduría de lo Alto para poder dar las razones  oportunas y que pudieran llegar hasta la mente y el corazón de quién se siente frustrado y hasta traicionado.

Como siempre hay quién tiene el argumento necesario. Le preguntó: Señora, Ud. viaja todos los días en el metro? Ella dijo que sí, que todos los días, a eso de las siete de la mañana.

Y Ud. tiene seguridad de que el metro va a funcionar? Por supuesto contestó ella, como no habría de funcionar. Y Ud. compra pan todos los días? Claro, antes de irme de casa.

Si Ud. cree que el metro y la panadería estarán abiertos todos los días, por qué no puede creer que Dios hace milagros todos los días? Y uno de esos milagros es la fe que Ud. tiene para poder viajar y poder comprar alimentos para comer.

Daniel 4:2
Diego Acosta García

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LA INFLUENCIA

En las relaciones humanas siempre se van estableciendo determinados niveles, que permiten que unas personas predominen sobre otras, en lo que llamamos la influencia.

Esto puede ser bueno o puede ser malo, dependiendo de cómo es la otra persona, de cuáles son sus ideas y sobre todo como son valores espirituales.

En otras palabras, si la influencia que recibimos es la correcta estaremos creciendo en la dirección adecuada. Pero si no fuera así, estaremos abandonando la senda estrecha.

Esto no significa que la persona que pueda tener predicamento sobre nosotros sea un hombre o una mujer de malos principios, simplemente se trata de entender que quizás esos principios no coincidan con los nuestros o no nos sean convenientes.

Los buenos principios de otros pueden entrar en conflicto con los que debemos sostener como elementos fundamentales de nuestra fe y entonces, dejaran de ser buenos para convertirse en alarmantes.

Esto significa que constantemente debemos de escudriñar las actitudes y los pensamientos de quienes nos rodean, para tratar de contrastar todo lo que dicen o lo que hacen con la Palabra de Dios.

Este ejercicio de prudencia nos ha sido dado como un mandato, a efectos de que nadie nos engañe y también para que con nuestras actitudes permisivas nos dejemos engañar.

Proverbios 1:10
Diego Acosta García

BENDECIR ESCUCHANDO

Cuando pensamos como podemos bendecir a otras personas, siempre nos imaginamos que es orando, intercediendo, clamando por sus vidas y sus necesidades.

Desde luego que es una manera preciosa de bendecir a quienes nos rodean o aún a aquellas otras que estando lejanas, sabemos que están en pruebas o en aflicción.

Debemos recordar que además de orar tenemos otras maneras de bendecir y debemos estar atentos para percibir las necesidades que quienes nos rodean puedan tener.

Hemos recibido el mandato de amar al prójimo y bendecir forma parte de ese mandato, puesto que nos preocupamos con misericordia de los problemas de los demás.

Bendecir es también una forma de alejarnos de nuestras actitudes egoístas que nos impiden llorar con el que llora y sufrir con el que sufre, que es como debería ser nuestra vida de creyentes.

Bendigamos con nuestras oraciones y también con nuestros hechos, aquellos que representan ayudas o aquellos que representan tener amor a través de actitudes humildes y sin grandilocuencias.

Escuchar con paciencia, con atención es también otra forma de bendecir, a quién precisamente necesita que se lo escuche, que busca comprensión y sobre todo busca amor en otra persona.

Deuteronomio 15:10
Diego Acosta García

LÍCITO O CONVENIENTE?

Un joven recién convertido estaba maravillado leyendo la Biblia, cuando descubrió un versículo que le pareció tremendamente contradictorio y por tanto se preocupó grandemente.

Comentaba que como Pablo podía decir que lo que nos era lícito nos podía resultar inconveniente. Si era lícito, no había más que decir, simplemente era conveniente.

Frente a razonamientos como este, es donde debe surgir la misericordia y el amor de quienes siendo mayores en la fe que el joven hermano, debían ayudarlo a interpretar la Palabra.

La primera reacción es responder con formalismos basados en la Escritura, sin reparar que debemos ser sabios y amorosos para tratar con personas que tienen dudas.

Sin embargo la cuestión es tratar de hacer comprender al hermano, que su interpretación era muy distinta al que había inspirado al Apóstol al escribir esa sabia recomendación.

Lo lícito era el legalismo que en la mayoría de los casos está inspirado en opiniones de hombres. Lo permitido es aquello que por la revelación del Espíritu sabemos que es lo mejor para nosotros.

Precisamente se trata de no dañar a los jóvenes creyentes con palabras y con hechos que puedan afectar su fe creciente y no caer en legalismos que los aparten del amor que contiene la Palabra de Dios.

1 Corintios 10:23
Diego Acosta García

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LOS INDIFERENTES

 

Seguramente todos conocemos a personas que viven con la mayor indiferencia con relación a todos lo que los rodea, como si pudieran caminar por las alturas sin tocar la tierra.
Esas personas son las que tienen una profunda preocupación por ellas mismas y están totalmente centradas en sus propias vidas, no dejando lugar a nada que sea ajeno a ellas.
La indiferencia se convierte en una seña de identidad, en una forma de comportarse y en una forma de relacionarse. Solamente hay interés cuando se trata de un tema que les afecte.
Ignoran de esta manera lo que nos pasa a los hombres y mujeres que vivimos junto a ellos, y tratan que todo lo que nos ocurra no les produzca ningún inconveniente.
Como distinguimos a los indiferentes? Son altivos, distantes, con una cierta dosis de prepotencia y otra de superioridad que los hace ser distintos a todos nosotros.
Nos deben preocupar los indiferentes? La respuesta debería ser que no, por la simple razón que ellos no se preocupan por nosotros, pero esa no es una respuesta digna de los hijos de Dios.
La indiferencia de algunas personas, nos tiene que hacer reflexionar cuanto trabajo queda por hacer para establecer el Reino. Mientras queda un solo indiferente, la tarea no estará terminada.
Proverbios 16:5
Diego Acosta García

LOS DESTRUCTORES

La mayoría de nosotros nos comportamos como si estuviéramos en una burbuja donde todo es más o menos ideal, donde pareciera que la maldad del mundo está alejada de nuestras vidas.

Pareciera que la frase la «vida color de rosa” nos alcanzara de pleno simplemente porque somos creyentes, porque se nos enseña que todo está bien y que el mal difícilmente nos alcanzará.

De tanto escuchar buenas palabras, acabamos por creerlas sin advertir que no hay nada más alejado de la realidad, que esos argumentos que solo sirven para que nos sintamos contentos con el lugar donde estamos.

Pero es verdad que la «vida es color de rosa”? Aunque se nos insinúe que efectivamente es así, estamos frente a una tremenda distorsión de lo que nos enseñó Jesús.

El Maestro nos advirtió que pasaríamos aflicciones y también que seríamos perseguidos por ser sus seguidores y que seríamos humillados, difamados, calumniados.

De este modo podemos comprobar que en el mundo real existen los destructores, los hombres que pretenden que la obra de Dios esté bajo su control y si no logran conseguirlo, simplemente arrasan con todo.

Estamos advertidos. La “vida color de rosa” es una frase mundana que se opone a la realidad que nos toca vivir. Enfrentemos con decisión a los destructores, porque nunca serán más poderosos que Dios.

Salmos 91:3
Diego Acosta García

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