LA LEPRA ESPIRITUAL

Históricamente la lepra ha sido una de las enfermedades más terribles que podían soportar los seres humanos, al punto que dos Capítulos del Libro de Levíticos en la Biblia, le dedican una especial atención.

Puede suponerse que con los adelantos de la ciencia médica la lepra ha sido derrotada, pero estamos como casi siempre frente a un grave error en base a enfocar todo desde un simple punto de vista material.

La lepra de la que nos habló Jesús, es mucho más graves que la física y también mucho más presente de lo que nos podamos imaginar o reconocer, en nuestra vida cotidiana.

El pueblo hebreo hablaba de la lepra como la enfermedad de las tres muertes y se estaban refiriendo a los estragos tremendos que causa la lepra espiritual, que no es otra cosa que la maledicencia.

Las tres muertes de la maledicencia afectaban a quién murmuraba, calumniaba o denigraba, afectaba a quién prestaba sus oídos para escuchar cosas tremendas y finalmente dañaba cruelmente a quién era objeto de esas palabras.

Se nos advierte que podemos bendecir o maldecir, dar vida o dar muerte, con la maledicencia que no es otra cosa que la lepra espiritual. Cuidemos nuestras palabras, las dichas y las oídas para no padecer y no hacer padecer gravemente.

Mateo 8:3
Diego Acosta García

LLAMAR LAS COSAS…
Los refranes populares muchas veces tienen conceptos engañosos o que tienden a confundirnos, pero otras veces nos revelan cosas que sería muy importante tener en cuenta.

En esto pensábamos cuando escuchamos a una persona decir: Es necesario volver a llamar a las cosas por su nombre. Pocas palabras que encierran una gran enseñanza.

Especialmente en este mundo en el que vivimos en el que todo se diluye en las medias palabras, en las indefiniciones, donde lo ambiguo parece que tiende a ser más importante que lo categórico.

Si nos ponemos a pensar en esta suerte de hablar sin decir nada, en decir cosas sin comprometernos, en asumir posturas equívocas, es bastante fácil vivir, podríamos decir que muy plácidamente.

Pero es así como debemos vivir? Si obramos así quién hablará de la Esperanza y de la Salvación? Es para esto que fuimos llamados? Cada pregunta, genera muchas respuestas.

Llamar las cosas por su nombre es una exigencia que nos obliga a ser fieles a nuestra creencia, aunque las circunstancias no sean las adecuadas para mantener posturas de firmeza.

No fuimos llamados a la ambigüedad y menos a participar del peligroso mundo de las semiverdades. No tengamos miedo a hablar de la Verdad y mucho menos a hablar con la Verdad.

Éxodo 23:22
Diego Acosta García

LA MOCHILA…

Los médicos recomiendan a los padres controlar el peso que llevan sus hijos en la espalda cuando van y vuelven del colegio, porque les afecta la columna vertebral y les puede ocasionar problemas importantes.

Los profesionales alertan acerca de la necesidad de no llevar mucho peso en la espalda, lo mismo que decía el poeta español Antonio Machado, cuando escribía que era bueno ir ligero de equipaje.

Estas dos referencias al peso que debemos soportar en nuestras espaldas, están relacionadas a una misma cuestión: a que el peso es un enemigo considerable estando en movimiento.

Cuando Jesús dijo: Yo soy el Camino…nos estaba señalando que deberíamos seguir sus huellas, es decir transitar por la senda que nos había marcado durante su ministerio terrenal.

El Camino por tanto no es una idea física, sino que es un mensaje espiritual. No usamos el camino para ir de un sitio a otro, teniendo un punto de partida y un punto de llegada.

El Camino es un proceso como el que estuvo sometido el pueblo judío cuando estuvo dando vueltas en el desierto durante cuarenta años, tras la libertad del cautiverio egipcio.

Si vamos ligeros de equipaje, sin mucho peso en nuestras mochilas sentimentales, mentales y materiales, seguramente podremos andar por el Camino, sabiendo que solamente así podremos seguir las huellas de Jesús.

Salmos 119:105
Diego Acosta García

LAS OBRAS Y EL AMOR

Hay algunos pasajes bíblicos que deberíamos de leer con mucha frecuencia, por no decir todos los días, relacionados nuestras actitudes personales.

En sus  mensajes a las siete Iglesias en el Libro de la Revelación, Jesús le dice a la de Efeso: Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Y les advierte: que si no vuelven al primer amor les será quitado su candelero.

Tremendas palabras que nos deben servir de referencia para nuestras propias vidas, porque seguramente la mayoría de nosotros nos encontramos en la misma situación que la Iglesia de Efeso.

Los logros de los efesios fueron notables: hicieron obras, trabajaron, fueron pacientes, reprobaron a los malos, probaron a los que se llamaban apóstoles, sufrieron y trabajaron arduamente y no desmayaron.

Pero la gran mayoría de nosotros repetimos las mismas acciones que los efesios, nos afanamos por las obras, por trabajar y nos olvidamos rápidamente el sentido profundo de nuestra vida: Tener siempre presente a Cristo.

Jesús no resta ningún mérito al trabajo en la Iglesia, ni al que se hace con las manos ni al que se practica en el espíritu, pero si nos reclama que nos arrepintamos, para volver a las primeras obras.

No debemos permitir que el trabajo mecánico perfectamente controlado, que el celo por la disciplina y la rigidez de las normas internas, sustituyan al primer amor. Caso contrario nos será quitado el candelero!

Apocalipsis 2:4
Diego Acosta García

SER O PARECER

Con el paso de los años fuimos convirtiendo una frase en una norma de vida a la que adheríamos con gran seriedad: La mujer del César no solo debía ser honesta, sino parecerlo.

Se le reclamaba a la mujer la pesada tarea de ser honesta, lo que de por sí ya es todo un alarde, sino que además debería parecerlo a los ojos de todas las personas que la rodeaban.

Al haber acuñado esta frase la sociedad nos dejaba mensajes sorprendentes: No basta con ser honestos? No basta con vivir de acuerdo a las normas que recibimos?

Por qué entonces debemos parecer lo que realmente somos? Es más importante aparentar que ser? Tal vez sean demasiadas preguntas y pocas las respuestas.

Desde la perspectiva espiritual no se nos exige que aparentemos ser honestos, se nos demanda que lo seamos en toda la extensión de la palabra y con todo lo que representa.

Por tanto si somos honestos, obviamente no deberemos parecer que lo somos porque nuestros hechos y nuestras actitudes lo demostraran sin que tengamos que declamar o aparentar que vivimos de una determinada manera.

Estamos llamados a ser Luz del mundo, no una lucecita o algo que se la parezca. Estamos llamados a ser una referencia entre quienes nos rodean y por tanto siempre deberemos ser y jamás parecer lo que realmente somos.

Filipenses 4:8
Diego Acosta García

ASÍ COMO JUZGUEMOS…

Tal vez con demasiada frecuencia estamos dispuestos a censurar determinadas actitudes de las personas con las que convivimos o que forman parte de la sociedad de nuestro tiempo.

Tal vez con excesiva asiduidad estamos propensos a ejercer una crítica a veces feroz, sobre determinados comportamientos que consideramos poco apropiados o indignos.

Esta predisposición a tener actitudes inflexibles frente a la conducta de nuestros semejantes, nos lleva a transformarnos en jueces implacables de prácticamente todo el mundo.
Frente a esta realidad cabe preguntarnos: Cuántas veces analizamos con el mismo rigor que a los demás, nuestras actitudes personales? Cuántas veces confrontamos nuestras decisiones con la Palabra de Dios?

Es más que evidente que juzgar y criticar a los demás de demasiado fácil, lo verdaderamente difícil es asumir frente a ellos una actitud de amor y de misericordia.

Mucho más, cuando eso es lo que reclamamos cuando nos convertimos en protagonistas de historias de malas acciones o conductas impropias de creyentes.

No juzguemos sin amor ni misericordia, porque esa será la medida que se utilizará para juzgar nuestros propios actos. Entonces nos arrepentiremos de haber sido tan rígidos e inflexibles.

La extensión de la vara con la que seremos juzgados la determinamos nosotros mismos con nuestras actitudes frente a las demás personas. Si buscamos amor y misericordia, obremos con amor y misericordia.

Salmos 7:8
Diego Acosta García

YO COMPITO…TU COMPITES…

Estas frases tan sencillas en apariencia, resumen de una manera magistral buena partes de las intenciones de los hombres en la sociedad de nuestro tiempo.

Tal vez podríamos decir que competir ha sido una necesidad humana desde el comienzo de nuestra presencia como parte de la Creación, porque seguramente siempre hubo quién deseó ser superior a los demás.

La cuestión de competir todos los días y con todos quienes nos rodean nos lleva inevitablemente a la formulación de la pregunta más elemental: Por qué competimos?

Se trata de la necesidad de sentirnos por encima del resto de los hombres y la mujeres? Será tal vez porque competiendo disimulamos nuestros temores o nuestro sentimiento de inferioridad?

Difíciles respuestas porque seguramente que todavía quedan más cuestiones que plantear sobre una cuestión tan especial para casi todos nosotros.

Entonces nos hagamos una sola pregunta más: Esta bien que compitamos? Si no encontramos razones para otros interrogantes, procuremos contestarnos esta con la máxima sinceridad.

No fuimos creados para competir, fuimos creados para ser superiores al resto de toda la obra maravillosa de Dios. Y cada uno de nosotros tiene un propósito que nos hace diferentes y necesarios para Dios. Entonces: Por qué competimos?

Eclesiastés 9:17
Diego Acosta García

BUSCAR A DIOS

Algunos hermanos analizábamos nuestras vidas y los objetivos más importantes que nos planteábmos y hubo muchas discrepancias en cuanto a que era lo más trascendente para un creyente.

Esta especie de debate fue un amplio repaso a muchas cuestiones que los creyentes debemos plantearnos y sobre todo, debemos definir pensando en las razones de nuestra presencia en el mundo.

Cuando intentamos resumir todo lo que se había hablado, percibimos con gran desconcierto que en la lista de todos los asuntos que teníamos pendientes nos habíamos olvidado de Dios.

Esta comprobación nos llevó rápidamente a un interrogante: Como es posible que nos hayamos olvidado de Dios? Que significado tenía ese olvido para personas que nos consideramos sus hijos?

Nuevamente nos adentramos en otra especie de debate, pero decidimos apartarnos y tratar de responder por nosotros mismos, estas dos preguntas tan inquietantes.

Quizás lo que más nos ha sorprendido de nuestro análisis personal, es que vivimos con demasiada confianza en nosotros mismos, teniendo como recurso final y hasta podríamos decir que como salvavidas, al propio Dios.

Pero es así que debemos vivir? Por qué mos lo fundamental en accesorio? Por qué no buscamos a Dios con ahinco, con denuedo, en las buenas y en las malas circunstancias? Creemos que las respuestas son estrictamente personales.

Deuteronomio 4:29
Diego Acosta García

SÉPTIMO MILENIO: EUROPA CONMEMORA EL PENTECOSTÉS

El lunes 26 de mayo es fiesta en varios países de Europa, para recordar el Día de Pentecostés.
Por considerarlo una notable singularidad, reproducimos el comentario que publicó el períodico Berliner Zeitung, bajo el título:

EL ANIVERSARIO DE LA IGLESIA
Pentecostés es una fiesta del cristianismo, quizás la más extraña para las personas a los que los cielos y el más allá les están cerrados.
Principalmente las asociaciones económicas exigen repetidamente que se termine con los festivos de Pentecostés porque sirven apenas como recuerdo de un milagro que sucedió a los discípulos de Jesús, justo después de la ascensión.
Ellos estaban juntos y sucedió un rumor repentino del cielo que llenó toda la casa y aparecieron lenguas como de fuego, que se asentaron sobre cada uno de los que estaban reunidos y apareció el Espíritu Santo y empezaron a predicar en otras lenguas como el Espíritu les daba que las hablaran.
Es así que lo cuenta el Nuevo Testamento, por lo tanto un rumor y un don y que llena a las personas con un Espíritu de poder y amor y de prudencia, como lo ha descripto el Apóstol Pablo.
El Evangelista Mateo lo ha comparado con una paloma y Jesús como un rio de agua vivas.
Este Espíritu promueve sed y confianza en Dios y por lo tanto el Pentecostés es también considerado el nacimiento de la iglesia, de la comunión de los creyentes, ”aquellos que son movidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios”, dijo Pablo.
Qué bonito.
Pero la cuestión de lo que es el Espíritu Santo exactamente llevó no solo a la gran división de la Iglesia en el año 1054, entre la Iglesia Oriental y la Occidental sino que hasta hoy es controvertido. La Biblia tampoco dice nada de la Trinidad, del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Es una invención de los teólogos y resultado de disputas complicadas en el cuarto siglo dC. Pero el dogma de la Trinidad tiene sus buenos razonamientos bíblicos.
Indica que Dios no es un hombre viejo con barba blanca que está sentado solito en una nube pero sí como dicen los teólogos es un evento del relacionamiento tripartito, que posibilita también una relación de los hombres con Dios.
Suena complicado teóricamente pero para los creyentes es una realidad originada por la experiencia. Por eso Pentecostés es una celebración del encuentro con Dios, en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo.

Fuentes: Berliner Zeitung – Alemania
Diego Acosta García

EL EQUILIBRIO PELIGROSO

De cuando éramos niños uno de los espectáculos más asombrosos que recordamos es la actuación de unos equilibristas alemanes, que cruzaron caminando sobre un cable por una altura de vértigo.

Quizás la altura no haya sido tan grande como nuestra mente lo imaginaba, pero si era lo suficientemente importante como para que alguien que se cayera perdiera la vida.

Precisamente en eso consistía todo el atractivo del espectáculo que se desarrollaba muy lentamente, como lentos eran cada uno de los pasos que daban aquellos hombres que arriesgaban su existencia por dinero.

Desde entonces el equilibrio siempre nos ha llamado la atención, tal vez porque sin darnos cuenta, comparamos cualquier situación con aquellos hombres que miraban la tierra desde lo alto, con el peligro de perderlo todo.

No es esta también la forma en que vivimos? Haciendo peligrosos equilibrios entre lo que nos manda nuestra fe y lo que nos permitimos hacer al margen de ella.

Como casi todos los equilibrios, tienen un enorme peligro, porque ponemos en juego no solo nuestra vida finita sino que arriesgamos la promesa de vida Eterna que recibimos.

El equilibrio puede resultar un espectáculo muy atractivo porque genera una tensión tremenda, pero seamos conscientes que el equilibrio de ninguna manera nos debe tener por protagonistas. No estamos llamados a ser equilibristas!

Deuteronomio 29:9
Diego Acosta García