OLVIDOS SOSPECHOSOS

DEVOCIONAL

En otros tiempos tenía un amigo que siempre que le era infiel a su esposa, me decía: Menos mal que yo siempre me arrepiento después, nunca antes.

Tanto disfrutó de esta forma de olvido, que terminó por romper su matrimonio y ocasionar un grave daño a su familia. Un  caso muy parecido al mío. Lamentablemente.

Haciendo memoria de estas situaciones, me vuelvo a colocar en la vida de aquel amigo que quedó en el pasado, cuando acepté a Jesús.

Y lo que veo me entristece porque fácilmente puedo advertir que el engaño, comienza por el propio engaño, por la mentira que nos hacemos a nosotros mismos, para perseverar en las malas acciones.

Ahora que mi vida ha cambiado radicalmente, entiendo que ser un hombre nuevo, implica entre otras cosas la libertad de cumplir con los Mandatos del Eterno y la alegría de ser libre de la tragedia del pecado.

Lucas 7:48
Y a ella le dijo:
Tus pecados te son perdonados

Diego Acosta / Neide Ferreira

 

MANDATOS

 

CONGREGACIÓN

del SÉPTIMO MILENIO

Con demasiada frecuencia nos olvidamos de los Mandatos que nos ha dado Dios y también su Hijo Jesús.

Pareciera que consideramos que estos Mandatos tienen el carácter de optativos y que no nos conciernen en forma directa.

Incluso hay quienes aseguran no vivir bajo la Ley y por tanto todo lo que signifique Mandamientos quedamos exentos de ellos.

Esto contradice frontalmente con lo que dijo Jesús, cuando afirmó que no solamente que no había venido a abolir la Ley sino que había venido para cumplirla.

Por tanto el ejercicio de Obediencia hacia lo dispuesto por el Eterno, es absoluto y no podemos quedarnos al margen bajo ninguna causa ni por ningún pretexto.

Esto también encierra una promesa del Omnipotente, como por ejemplo en el caso de honrar a nuestros padres, para que nos vaya bien y vivamos muchos años.

Pero, pensemos: Que nos ocurrirá si no cumplimos con el Mandato de honrar a nuestro padre y a nuestra madre?

Lo contrario de la promesa: No nos irá bien ni viviremos muchos años.

La vida de cristianos no es un juego!

Así como nos regocijamos con las bendiciones, debemos ser fieles cumplidores de las obligaciones.

Y nuestra vida no es una aventura caprichosa, sino una Verdad que nos puede llevar a la Eternidad.

Diego Acosta

www.septimomilenio.com