BRISA SUAVE

Si deseamos que un determinado lugar recupere el saludable y sano aspecto de limpieza, una de las cosas que hacemos es abrir las ventanas.

Esto permite que una suave brisa recorra el ambiente y todo se transforme. Lo que antes parecía un mundo cerrado y por momentos impenetrable, se convierte en un lugar agradable.

Resulta más fácil respirar y la luz invade por completo aquello que estaba en una cierta penumbra, en una cierta oscuridad.

Esta situación es la misma que se repite cuando volvemos nuestra mirada y atención hacia Jesús. Todo se renueva y el aire limpio llena nuestra vida.

La similitud con un ambiente cerrado es también válido para nuestro corazón, que estaba anhelante de que un soplo renovara su estado.

Donde antes había zonas oscuras, ahora hay plena claridad, porque ÉL es la Luz. Y la suave brisa que nos invade no es otra cosa que el impulso del Espíritu en nuestro interior.

Recobremos la plenitud de vivir con la Majestad del Hijo del Hombre y dejemos que Espíritu renueve como una nuestro interior.

Ezequiel 37:9

ES – Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.

PT – E ele me disse: Profetiza ao espírito, profetiza, ó filho do homem, e dize ao espírito: Assim diz o Senhor Jeová: Vem dos quatro ventos, ó espírito, e assopra sobre estes mortos, para que vivam.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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HONRA A…

Por las expresivas palabras de una joven mujer, pude volver comprobar lo difícil que puede resultar cumplir con los Mandamientos del Eterno.

Me explicaba con dolorosos detalles los problemas que tenía con su madre y con la indiferencia de su padre para tratar de solucionarlos.

En estas situaciones los argumentos resultan muy poco convincentes, sobre todo cuando es el propio Dios el cuestionado.

Como es posible que deba honrar a mis padres si son una parte de la tragedia de mi vida?

Creo firmemente en la Obra del Espíritu Santo, que nos capacita y pone las palabras apropiadas en nuestra boca y en el momento preciso.

No intenté convencer a la joven ni tampoco utilicé ningún argumento con relación al Altísimo. Solamente le dije que si se nos había mandado a honrar a los padres, solamente por eso era una razón suficiente para hacerlo.

Sin condiciones ni tampoco tratando de justificar situaciones especiales. Los padres deben ser honrados siempre, aunque nos cueste lágrimas y sufrimiento.

Un día llegara que el Supremo hará Justicia y nos brindará el Consuelo que nos falta y cumplirá la promesa que nos alienta.

Deuteronomio 5:16

Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.

Deuteronômio 5:16

Honra a teu pai e a tua mãe, como o Senhor, teu Deus, te ordenou, para que se prolonguem os teus dias e para que te vá bem na terra que te dá o Senhor, teu Deus.

Diego Acosta / Neide Ferreira

NADA OCULTO

Más de una madrugada he tenido la necesidad de pedir perdón por mis temores y por mis flaquezas.

En realidad todo lo que pude haber hablado, el Eterno ya lo sabía, pero era necesario proclamar con mis palabras aquello que había hecho mal.

El origen de esta situación no es otro que el de esperar que el tiempo solucione los problemas, como es habitual que en el mundo se haga.

Procediendo así lo único que conseguí que las situaciones  tuvieran otra dimensión más grave, además de recibir la consabida pregunta: Por qué no hablaste antes?

Y es en ese momento cuando se comprende la magnitud del error cometido. Hablamos cuando no debemos y nos callamos cuando debemos hablar.

Por qué?

Porque ignoramos al Espíritu Santo que nos inquieta para tomar una determinada actitud y porque tenemos temor de las consecuencias de lo que podamos decir.

Y esto es lo triste: Si sabemos que Dios tiene todo bajo su Autoridad, por qué tememos cuando manda a obrar?

Se trata de que no debemos permitir que nada quede oculto, porque las aparentes buenas intenciones, destruyen relaciones, afectan a las congregaciones y lo que es peor, nos colocan muy tibiamente al lado del Altísimo.

Recordemos como hablaba Jesús, sin omitir nada y sin herir a nadie. Solamente con el supremo argumento de la Verdad.

Lucas 12:56

ES – !Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no distinguís este tiempo?

PT – Hipócritas, sabeis discernir a face da terra e do céu; como não sabeis, então, discernir este tempo?

Diego Acosta / Neide Ferreira

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CALLADOS

Hay personas que muestran su sabiduría hablando. Otras, lo hacen callando.

Son igual de sabias?

Probablemente sí, pero si nos atenemos a las enseñanzas bíblicas, tal vez podamos estar más cerca de la Verdad si aprendemos a guardar nuestra boca.

Hay personas que hablan para no estar calladas y en consecuencia son imprevisibles en cuanto a lo que puedan llegar a decir.

Por lo tanto darle valor a lo que el Espíritu Santo nos manda hablar o callar, resulta fundamental para una vida en obediencia y con buenos frutos.

Debemos recordar que la promesa del Espíritu es poner las palabras que debamos hablar en nuestra boca. Pero no siempre lo hace y entonces hablamos a pesar de no haber recibido lo Sabiduría de lo Alto.

En esto consiste el valor del silencio!

Ser sabios con la Sabiduría que nos da el Eterno, para hablar lo que debemos y también para callar lo que es necesario.

No se trata de ocultar nada. Se trata de hablar lo que debemos hablar que no es otra cosa que lo que el Espíritu nos manda.

Diego Acosta

Lucas 12:11-12

ES – Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las    autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir;

porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.

PT E, quando vos conduzirem às sinagogas, aos magistrados e potestades, não estejais solícitos de como ou do que haveis de responder, nem do que haveis de dizer.

Porque na mesma hora vos ensinará o Espírito Santo o que vos convenha falar.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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ATENTOS…

Siempre estamos atentos…a muchas cosas pero nunca a lo verdaderamente importante.

Somos esclavos de las necesidades que nos hemos ido creando, de estar siempre informados, de mantener al día nuestras relaciones.

En eso consiste la forma de vivir que tenemos en estos tiempos, pero hemos perdido la perspectiva de lo que es necesario, por no decir fundamental.

Con tanto ajetreo nos olvidamos de escuchar al Espíritu, porque estamos aturdidos con tantas cosas en nuestros oídos y en nuestra mente.

El Espíritu no vendrá a nosotros para sumarse a esa confusión, buscará hablarnos en el momento idóneo, que muchas veces puede ser mientras estamos descansando.

Lo grave es que aún en esas circunstancias, tal vez seamos incapaces de percibir quién es el que nos habla, quién es el que nos visita.

Debemos reaccionar y debo reaccionar, para dejar de vivir de esta manera alocada y frívola, de saber muchas cosas, que es la mejor forma de no saber nada.

Guardemos nuestros oídos para percibir al Espíritu…para escuchar aquello importante que tiene para decirnos o advertirnos.

Hebreos 3:7

Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:

Si oyereis hoy su voz.

Hebreus 3:7

 Portanto, como diz o Espírito Santo,

se ouvirdes hoje a sua voz.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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LAS CRÍTICAS

Un recuerdo que siempre conservaré por lo que tuvo de enseñanza, es el del primer mensaje que pronunció un joven predicador en una congregación.

A sus evidentes nervios y emoción, se agregó la notoria falta de experiencia, lo que rápidamente generó un ambiente propicio a las críticas.

Algunos hermanos fueron muy severos en sus afirmaciones, olvidando de una manera sorprendente lo que les ocurrió cuando ellos pasaron por el mismo trance.

Incluso yo mismo me olvidé de mis primeras veces y me sumé a las críticas, hasta que el Espíritu me amonestó severamente con relación a lo que estaba haciendo.

En circunstancias como estas, es cuando advertimos que pese a utilizarlas muchos, las palabras Amor y Misericordia, las ponemos muy poco en práctica.

Demostramos además, que no tenemos el menor sentido de grandeza, cuando criticamos y hasta nos burlamos de quién predica por primera vez en una iglesia.

Bueno sería transformar críticas en palabras amables de y ánimo, para alentar a continuar, a quién ha recibido la alta responsabilidad de traer la Palabra del Señor por primera vez a los suyos.

Salmo 26:3

ES – Porque tu misericordia está delante de mis ojos,

           Y ando en tu verdad.

PT –  Porque a tua benignidade está diante dos meus olhos;

             e tenho andado na tua verdade.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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COMO HABLABA…?

En estos tiempos en los que buscamos ser amables y agradables con todo el mundo, bueno sería recordar como hablaba Jesús.

En su Ministerio Terrenal, ÉL siempre fue contundente, radical, aún cuando usaba las parábolas, siempre sus expresiones fueron ROTUNDAS.

Nosotros en cambio, antes de llevar cualquier mensaje, pensamos a quienes va a molestar, quienes se pueden sentir ofendidos o si es oportuno que la congregación escuche palabras muy duras.

Nunca o casi nunca somos fieles a la Palabra que debe traer el Espíritu Santo. Nuestra fidelidad está dirigida cuidar nuestros mezquinos intereses personales.

Estos pensamientos vienen a mí, cada vez que escucho o leo un mensaje, donde resulta evidente que se trata de una palabra con un gran trasfondo humano y con nada o casi nada de inspiración del Espíritu.

Es evidente que cada uno debe hacerse responsable de sus hechos y de sus dichos. Pero también es evidente que cada congregación debe demandar con orden y misericordia, palabras fieles a Dios y no a los hombres.

Marcos 7:6

ES – Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí.

PT E ele, respondendo, disse-lhes: Bem profetizou Isaías acerca de vós, hipócritas, como está escrito: Este povo honra-me com os lábios, mas o seu coração está longe de mim.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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EL MEJOR TIEMPO

Cuando nos aprestamos a leer la Palabra de Dios, debemos prepararnos, profundamente para un gran momento de nuestra vida.

No es solo prepararnos para una lectura sino también para adentrarnos en las revelaciones que el Espíritu pueda darnos.

Pero, debemos apreciar que son dos situaciones distintas. Una cosa es leer, con detenimiento, sin prisas. La otra es dejar pasar nuestra vista sobre Capítulos y versículos, buscando lograr de leer el máximo posible de páginas.

Como es comprensible, el Espíritu difícilmente podrá enseñarnos lo que tiene para nosotros, si solo pasamos  nuestra vista, con rapidez sobre las páginas como si estuviéramos compitiendo contra nosotros mismos.

Cuando leemos debemos elegir el mejor momento del día, aquel en el que estaremos más tranquilos, más serenos, para no tener ninguna clase de prisa ni caer en la tentación de hacerlo rápido para acortar los tiempos.

Estas cuestiones fueron momento, una gran revelación para mí, pues un día el Espíritu me mostró mi gran torpeza, mi auténtica necedad a la hora de leer el Texto Sagrado.

Un buen ejemplo de lo que estamos comentando, es el momento en el que Jesús habla de la semilla de mostaza y de lo pequeña que es.

Creo que todos nos quedamos en la primera parte del versículo, al que damos por sabido y por entendido, sin detenernos ni un solo instante en lo que podríamos llamar la segunda parte de lo que dijo el Hijo del Hombre.

Hablando de la calidad de nuestra fe la comparó con una semilla de mostaza y mencionó que podríamos cambiar a un monte de lugar.

Y pareciera que ese es el fin de la historia. Pero Jesús formuló una promesa: Si nuestra fe fuera mayor, podríamos hacer cosas mayores que esa.

Sería bueno que leyéramos el pasaje, en el Evangelio de Mateo, para comprender acabadamente la necesidad que tenemos de profundizar en el Texto y permitir que el Espíritu nos hable.

Con el paso de los años, he podido valorar la importancia de esta enseñanza. Cuando le dediquemos el mejor tiempo a la lectura de la Biblia, entonces nuestra vida comenzará a cambiar.

Mientras tanto caminaremos como si no tuviéramos una brújula y estaremos perdidos y sin rumbo.

Diego Acosta 

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