redic

INSPIRADO

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Los creyentes somos muy afectos a identificar la iglesia con un pastor, como si fuera su propietario y a los mensajes con un predicador, como si fuera el mejor.

En ambos casos cometemos un error que revela hasta qué punto nuestra relación con el Señor, es más emotiva que profunda.

Lo superficial predomina totalmente sobre aquello otro que es lo sustancial, porque está relacionado con la Majestad del Soberano.

Esto pensaba cuando escuché un mensaje en una iglesia, por un joven hermano que no era el predicador habitual y que resultó una maravillosa experiencia personal.

Pronto me olvidé de sus años, de su evidente inexperiencia, porque fue usado con una intensidad tremenda por el Espíritu.

Frente a la opinión de muchos creyentes, esta clase de mensajes son aquellos que resultan inesperados, porque son asiduos seguidores de un determinado predicador.

Porque les gusta su estilo, su modo desenfadado, su capacidad para contar chistes en medio del mensaje, su forma grata de expresar el mensaje.

Pero, que tienen que ver todas estas cuestiones con Dios?

A menos que el modernismo y la actualización de la iglesia indiquen que ese es el modelo, podríamos decir que todo lo expuesto nada tiene que ver con el Eterno.

La Palabra siempre será una y deberá ser siempre Inspirada, porque solamente así nos acercaremos a la Profecía que el Señor quiere brindarnos para nuestro crecimiento espiritual.

Por todo esto agradecí al Todopoderoso  por el joven predicador que había utilizado para traer un mensaje Inspirado y profundo. Aunque en las formas no haya sido el florido y colorido mensaje, que algunos desean escuchar.

1 Corintios 12:9

Diego Acosta / Neide Ferreira

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aparcados

DESUSO

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Puede que utilizar la palabra desuso, para referirse a las personas mayores provoque más de una reacción contraria.

Como casi siempre, importa más lo anecdótico que lo sustancial. Molesta más el uso de una palabra que el trato que reciben muchos ancianos.

Es exactamente lo mismo que ocurre cuando se muestran imágenes de un aborto. Hay quienes se preocupan más por la crudeza de ver un cuerpito sin vida, que por el hecho de habérsela quitado.

La Palabra de Dios nos advierte severamente a propósito de la consideración que debemos a nuestros mayores. Más específicamente a los ancianos.

Resulta sorprendente la frivolidad con las que algunas personas se comportan frente a quienes están en el ocaso de sus vidas.

Son despreciadas, hechas a menos, simplemente porque tienen muchos años y porque ya no pueden valerse como cuando eran jóvenes.

Este cruel comportamiento no solo es reprobable desde la visión de la sociedad organizada, sino también porque se desestiman los valores que los ancianos pueden transmitir, debido a su experiencia.

Puede resultar sorprendente pero hay quienes se comportan como si sus años llenos del impulso vital de la juventud, fueran a prolongarse indefinidamente sin menguar nunca.

La vida es un ciclo vital que comprende determinados años, según lo que Dios haya establecido para cada persona.

Pero sí podemos estar seguros que cuando vamos llegando al final de la natural existencia, el respeto debido es deseable como comportamiento racional e inexcusable como mandamiento.

Tengamos cuidado cuando enviemos a los ancianos a las vías del desuso… Puede ocurrir que también sea nuestro propio final.

Levítico 19:32

Diego Acosta / Neide Ferreira

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ENVANECIDO…

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Tal vez en el diccionario podría encontrarse como definición para esta palabra: Envanecido, dícese del hombre que está dominado por la vanidad.

Si hacemos un pequeño ejercicio de memoria, rápidamente nos vendrán las imágenes de personas que se encuentran en esta situación.

Cómo son?

Cómo se las distinguen?

Cómo se manifiestan?

Es muy triste, pero la mayoría de las personas que vienen a mi memoria, son todos hombres y mujeres a quienes consideramos hermanos de fe.

Por esta razón debo ser más que prudente en todas las apreciaciones, porque afectan en forma directa a personas que jamás nombraré, pero que sí forman parte directa o indirecta de mi propia vida.

Como se comporta un ser arrogante?

Mirando siempre por encima de nuestros ojos, porque nos considera indignos y por tanto no se rebaja a sostener la mirada con un ser inferior.

También estas personas siempre tendrán un punto de presunción, es decir siempre se considerarán más importantes que cualquier otra.

El detalle identificador será el de su consideración personal, que se supone es tan elevada, que escapa a la capacidad de quienes los rodean, para poder evaluarla o ponderarla.

Estas personas son las que alimentan cotidianamente su propia importancia, con jactancia y prepotencia, valiéndose de la humildad con la que obramos quienes nos consideramos sus hermanos.

Ese espacio indefinido es el que se atreven a operar, mostrando su lado más pérfido, porque utilizan a su favor una actitud que debería ser propia de todos quienes nos llamamos hijos de Dios.

Como debemos obrar con los envanecidos?

Con misericordia y con amor, orando por ellos y por nosotros mismos, para evitar caer en su situación!

Eclesiastés 2:22

Diego Acosta / Neide Ferreira

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negarse

NADA MÁS…?

negarse

En un momento de gran incertidumbre, alguien preguntó qué era lo mejor que podría hacer para solucionar la situación.

La respuesta fue categórica: ORAR!

Quién estaba afrontando el problema, preguntó: Nada más…?

Confieso que me sentí profundamente conmovido por esta actitud, por inesperada y también porque fue reveladora de una tendencia natural a hacer, pero a partir del esfuerzo personal.

Hice un intento de hablar acerca de cómo la Biblia nos enseña que debemos orar en todo momento, por todo y por todos.

Incluso llegué a mencionar a algunos de los hombres que fueron utilizados por Dios y que siempre confiaron en el Poder tremendo de la Oración.

Pero todo resultó en vano!

Vino a mí un pensamiento, relacionado con el grado de responsabilidad que podía tener en un caso como este y como debería obrar.

Muchas veces me he afanado en tratar de ayudar a las personas a comprender el grandioso significado que tienen las cosas de Dios.

Pero en un momento como este, pude advertir que era parte de mi culpa, el haber intentado convencer y no permitir que el Espíritu hiciera su Obra.

En otras palabras: Me había permitido ocupar el lugar de Dios!

No nos mandó Jesús a convencer a nadie!

Nos mandó a predicar el Evangelio!

Solamente eso, pero sin darme cuenta había caído en el mismo error que el hombre que tenía el problema y que buscaba solucionarlo, sin la ayuda del Eterno.

En mi caso por buscar convencer y en el de la persona que afrontaba una seria situación, porque había desdeñado la Guía del Espíritu y se negaba a orar.

1 Corintios 14:15

Diego Acosta / Neide Ferreira

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Hanukkah 2

CIRO

Hanukkah-2

Elegiríamos al rey de un imperio que tenía cautivos a los judíos, para cumplir algún propósito?

Exactamente este fue el caso del rey Ciro que gobernaba sobre los medos y los persas y tenía cautivos a los judíos que habían sido llevados desde Israel a Babilonia.

Los designios humanos son irrelevantes con relación a las grandes decisiones de Jehová!

Ciro no solamente recibió el título de pastor, sino que también fue nombrado Ungido por el Todopoderoso, con la Autoridad que solamente ÉL ha tenido y tendrá.

Como pastor Ciro debía anunciar a Jerusalén que sería edificada y su Templo levantado. El Eterno comenzaba a obrar como el Restaurador de Su Pueblo!

El rey persa, recibe la Unción del Supremo, es decir lo declara Ungido, que es el título que luego recibiría el propio Cristo!

Si recordamos que Cristo es la denominación griega que identifica al Mesías, Meshiah en hebreo, podremos tener una idea más profunda de la magnitud de la decisión del Creador.

Recordar este pasaje bíblico nos debe llevar al temor y temblor, al contemplar la Majestad de Dios!

Nadie como ÉL!

Nadie mayor que ÉL!

En las horas amargas de las pruebas, hagamos Memoria de este pasaje para renovar nuestra Confianza y para renovar la grandiosa e inmerecida condición que tenemos de ser los elegidos como hijos por el Soberano, sobre todo y sobre todos.

No en vano tuvo el gesto maravilloso de enviar a Su Hijo para salvarnos!

Si ÉL utilizó a un rey como Ciro, como no nos utilizará a nosotros que somos sus hijos?

Confiadamente esperemos que llegue ese glorioso momento!

Isaías 44:28-45:1

Diego Acosta / Neide Ferreira

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justificar

DIMINUTIVOS…

justificar

Los hombres tenemos una innata capacidad para engañar y para engañarnos a nosotros mismos.

Una de las formas del engaño es utilizar el diminutivo para aludir a cosas que sabemos que están erradas, pero que debemos justificar.

Uno de los métodos que empleamos es el de los diminutivos. De esta forma transformamos algo concreto en algo que no lo parece tanto.

Una mentira, se convierte en una mentirita…

Un pecado, en un pecadito…

Un insulto, en un insultito…

Fácilmente nos podemos imaginar que la lista puede resultar tan larga, como lo sea nuestra imaginación para crear esta clase de argumentos. Pero, sabemos de manera categórica, que:

Una mentirita, siempre será una mentira!

Un pecadito, siempre será un pecado!

Un insultito, siempre será un insulto!

Esta forma de pretender alterar las cuestiones fundamentales nos puede llevar a alterar nuestra visión de los hechos concretos.

En esto pensaba a propósito de mi propia vida y de cómo más frecuentemente de lo que me imaginaba, siempre trato de justificar mis errores y mis fallos.

Lo que es algo que está en contra de lo establecido por Dios, lo convierto en algo menos relevante, mediante argucias que no engañan a nadie y menos a ÉL.

Esta peligrosa forma de comportarme me coloca frente al Supremo, pensando que todos mis hechos serán juzgados.

No habrá forma de evadir ninguna responsabilidad!

Lo que hice mal, estará mal!

Ningún pretexto me será aceptado y la Misericordia del Eterno no se extenderá para justificar ninguno de mis pecados.

Por esta razón entiendo que es un grave llamado de atención, evitar el uso de diminutivos…Muchos menos, para disimular mis faltas!

2 Samuel 24:10

Diego Acosta / Neide Ferreira

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LA ESPERA

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El refranero popular es casi inagotable en sus referencias a la vida de los hombres.

Uno de esos dichos, lo mencionamos como especialmente indicador de cómo son nuestras actitudes. Dice más o menos textualmente: El que espera…desespera.

Podríamos decir que es casi un axioma, una verdad irrebatible, porque se lo considera absolutamente cierto e inapelable.

Cada vez que alguien menciona a la situación en la que se encuentra alguien que espera, se le agregará rápidamente la frase en cuestión.

Sorprende y mucho, que esta frase sea aplicable también a algunos creyentes que están viviendo ese tiempo tan especial.

Sorprende, porque si alguien no debería desesperar en la espera, es precisamente un hijo de Dios, pues debería estar afirmado en la Roca de la Fe.

Por qué desesperamos en el tiempo de la espera?

Deberíamos apelar a la rotunda elocuencia de Jesús, para hacer Memoria de todo lo que se nos ha enseñado…y tener presente todo lo que no hemos aprendido.

Quién tiene su confianza puesta en el Señor, siempre podrá aguardar pacientemente, sin caer en ninguna clase de desesperación o en la amargura.

Quién espera en el Señor, SIEMPRE tendrá respuesta!

La cuestión fundamental es entender que el Tiempo del Todopoderoso, es diferente del nuestro. ÉL es Eterno y nosotros gozamos del Tiempo, como una Gracia de su Misericordia.

Si no tuviéramos la medida del Tiempo, viviríamos la inconcebible realidad de no tener referencias de lo que hacemos en la inacabable sucesión de los días.

Cuando llegue el tiempo de la espera, no nos abandonemos a la desesperación. Entreguemos nuestra ansiedad al Señor y ÉL obrará!

Salmo 31:24

Diego Acosta / Neide Ferreira

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DESDÉN

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Demasiado frecuentemente podemos comprobar cómo nos cansamos con lo que estamos haciendo, como un servicio a la iglesia donde congregamos, por ejemplo.

Demasiado frecuentemente también comprobamos como nos sentimos fatigados, abrumados por tanto esfuerzo en la vida cotidiana.

Son dos formas demasiado comunes de expresar cansancio, que confluyen en nuestra vida personal y en nuestra actividad como creyentes.

Tan confluentes son, que tienen un denominador absolutamente común: El cansancio siempre es el producto de obrar según nuestras fuerzas!

No es otra cosa que cuando confiamos en los caballos y en los carros de guerra, que en otros tiempos eran la base de los ejércitos enfrentados en batallas.

Cuando no confiamos en nuestras fuerzas personales, confiamos en los aliados circunstanciales y también en todo aquello que nos puede representar una ayuda para librar la lucha cotidiana.

Estas decisiones representan, por mucho que intentemos disimularlo, un desdén hacia todo lo que se nos ha enseñado con la Palabra de Dios.

Debemos confiar en nuestras propias fuerzas?

NO.

Lo hacemos?

SI.

Esta es la gran contradicción en la que vivimos, por un lado confiamos en nuestra capacidad personal y por otro, nos declaramos hijos de Dios.

Si verdaderamente hubiéramos asumido la condición de ser los elegidos por el Eterno, nunca deberíamos librar ninguna batalla, pequeña o grande, confiando en nuestra fortaleza.

Pero, lo hacemos!

Pero, lo hago!

Por qué? Simplemente por la vanidad que domina nuestra mente y nuestro corazón. Por la soberbia con la que vivimos.

Antes de caer derrotados, aprendamos definitivamente que nada es posible sin el Todopoderoso!

Aprendamos que cada vez que lo olvidamos, estamos desafiando la Majestad de quién nos ha Creado!

Jeremías 46:9

Diego Acosta / Neide Ferreira

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BURLADOR

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Muchos conflictos entre las personas se podrían evitar adoptando actitudes drásticas, aunque en su momento puedan resultar difíciles.

En las congregaciones los conflictos entre los hermanos son más graves, porque tienen otro carácter dado que se trata de hombres y mujeres que deberían estar animados por un mismo sentir.

Es notable como en ambos casos las soluciones son muy parecidas, pero demandan posiciones muy concretas que no siempre estamos dispuestos a adoptar.

Definiendo el origen de las contiendas, se entenderá mejor la raíz del problema y la profundidad de la solución a utilizar.

Hay personas que tienen la ingrata capacidad de burlarse de los demás. En una acción que se suele ejemplificar como escarnecer. Y quién lo hace, se convierte en un escarnecedor.

Algunas veces por prudencia y en otras por exceso de tolerancia, se permite que quién se burla de alguien, no solo cumpla con su papel sino que casi siempre busca y encuentra cómplices para su deplorable comportamiento.

La cuestión es: Que hacemos con el escarnecedor?

En una congregación la cuestión se convierte en muy problemática, porque frecuentemente se eluden las responsabilidades para impedir que estas cosas sucedan.

Bien por comisión o bien por omisión, lo cierto es que recién se llega a obrar cuando las situaciones han llegado a sus puntos extremos.

Pero en la Palabra de Dios encontramos una contundente solución: Debemos apartar al burlador para que de esta manera la armonía y las heridas causadas, puedan ser restauradas.

No debemos ser temerosos de obrar según lo que el Creador ha establecido. No hacerlo, nos convierte en cómplices solidarios de las malas prácticas.

Proverbios 22:10

Diego Acosta / Neide Ferreira

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UN BEBE!

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Un joven preguntaba a sus amigos quién le enseñaría a ser padre, dado que su hijo estaba próximo a nacer.

Luego de las clásicas bromas que siempre originan estas situaciones, uno de ellos le dijo: Mira, no te preocupes, es tu hijo quién te enseñará a ser padre.

Pero como un bebé me va a enseñar?  Que sabe él?

No es él el que sabe, es quién nos ha Creado quién le dará sabiduría a su hijo para enseñarte…!

Pero como voy a aprender algo de un recién nacido?

Te gusto o no, te parezca bien o no, ten presente estas palabras. Por mucho que te esfuerces y por muchas opiniones que recibas o que leas, será tu hijo quién te enseñe a ser padre.

Él será tu mejor maestro!

El futuro padre se apartó de la conversación y finalmente se retiró. Horas después volvía a hablar con quién le había respondido.

Es que no puedo creer que mi hijo me vaya a enseñar. No lo acepto, me parece algo completamente sin sentido.

Creo saber lo que te ocurre: Te niegas a aceptar algo que a muchas personas les ha pasado. Solamente que la mayoría de ellas no tenía ni la vanidad ni la prepotencia tuya.

Te cuesta admitir que un bebé te vaya a enseñar, porque tu falta de humildad te impide comprender lo esencial: Quién es padre por primera vez tiene que aprender su papel.

Y el mejor maestro que tendrás será tu hijo, el niño recién nacido. Si aceptas esto, podrás disfrutar de los momentos más preciosos que pueden disfrutar un hombre y una mujer.

Y…aprendió!

Salmo 32:8

Diego Acosta / Neide Ferreira

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