La Biblia 2

LA BIBLIA – 1 Juan 2:1-14

Juan advierte acerca de la imperiosa necesidad de permanecer fieles a las enseñanzas de Jesús, ante la obra de maldad de los falsos profetas.

2:1 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. 
2:2 Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. 
2:3 Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. 
2:4 El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; 
2:5 pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. 
2:6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.
2:7 Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio. 
2:8 Sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra. 
2:9 El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. 
2:10 El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. 
2:11 Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.
2:12 Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. 
2:13 Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. 
2:14 Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno. 

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A BÍBLIA – 1 Joao 1:1-10

«João, um dos homens que esteve mais próximo a Jesus, diz que essa proximidade com o Verbo da Vida forma a base para crer no fato dele ter sido um homem como nós. E também que a sua Mensagem deve estar viva dentro de nós».

1 O que era desde o princípio, o que vimos com os nossos olhos, o que temos contemplado, e as nossas mãos tocaram da Palavra da vida

2 (porque a vida foi manifestada, e nós a vimos, e testificamos dela, e vos anunciamos a vida eterna, que estava com o Pai e nos foi manifestada),

 3 o que vimos e ouvimos, isso vos anunciamos, para que também tenhais comunhão conosco; e a nossa comunhão é com o Pai e com seu Filho Jesus Cristo.

4 Estas cosas vos escrevemos, para que o vosso gozo se cumpra.

5 E esta é a mensagem que dele ouvimos e vos anunciamos: que Deus é luz, e não há nele treva nenhuma.

6 Se dissermos que temos comunhão com ele e andarmos em trevas, mentimos e não praticamos a verdade.

 7 Mas, se andarmos na luz, como ele na luz está, temos comunhão uns com os outros, e o sangue de Jesus Cristo, seu Filho, nos purifica de todo pecado.

8 Se dissermos que não temos pecado, enganamo-nos a nós mesmos, e não há verdade em nós.

9 Se confessarmos os nossos pecados, ele é fiel e justo para nos perdoar os pecados e nos purificar de toda injustiça.

10 Se dissermos que não pecamos, fazemo-lo mentiroso, e a sua palavra não está em nós.

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HM

CATÓLICOS Y PROTESTANTES ENFRENTADOS

HACIENDO MEMORIA – DCCC

6 de Marzo de 1629

El emperador Fernando II firma el Edicto de Restitución, por el que los bienes expropiados a la iglesia católica vuelven a ser de su propiedad.

Los príncipes protestantes del norte de la hoy Alemania, reaccionan con violencia y la Guerra de los 30 Años vuelve a intensificarse.

El conflicto entre católicos y protestantes tiene un nuevo motivo de disputa. El Edicto de Restitución provocó graves situaciones sobre el dominio de los bienes expropiados.

Diego Acosta

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LA POBREZA

CONGREGACIÓN

SÉPTIMO MILENIO

Un amigo me dijo: Que triste es ser pobre!

Me dejó doblemente sorprendido, porque no me lo esperaba de él y porque el tono de su voz era francamente desolador.

Entonces le pregunté: Y por qué dices eso…?

Y con el mismo tono me respondió: Porque hace días que vengo pensando en esto y estoy cansado de luchar siempre por lo mismo.

Como se obra en una situación como esta?

Como siempre pedí auxilio al Espíritu para darle a mi amigo una respuesta que le fuera de ayuda y no de controversia.

Entonces le pregunté varias cosas:

Alguna vez te ha faltado cobijo? No

Alguna vez te ha faltado el pan para tu familia? No

Alguna vez has estado desprotegido por Dios? No

Entonces tu problema no es por la pobreza, es por otras cosas. Y no eres el único que se encuentra en esa situación, yo mismo por ejemplo.

Creo que la pobreza es una cuestión que tiene que ver más con nuestro hombre viejo que con la vida de hombre nuevo que debemos de tener.

Lo que entendemos por pobreza, es en realidad una comparación indigna de alguien que se llama hijo de Dios. Es una comparación más propia del mundo y de su influencia en nuestras actitudes.

Si no nos ha faltado nunca lo que podríamos llamar lo básico, por qué nos consideramos pobres?

Simplemente porque creemos que lo básico es insuficiente y que nos merecemos más que eso, anhelamos más que eso.

Creo que este es el verdadero fondo de la cuestión. Si no me falta de nada, por qué no acepto lo que tengo?

Tal vez porque escucho la voz del mundo que me dice todos los días que preciso más, que debo tener más, que mis necesidades son mayores que las reales.

Y en ese inconformismo nos convertimos en máquinas voraces de desear cosas y sobre todo de tener más dinero, que es el verdadero amo de la vida de muchas personas.

Yo no soy un hombre rico pero no me considero un hombre pobre. Si miro mi vida como seguidor de Jesús, lo único que puedo decir es que tengo la Provisión de lo  que necesito y que todo lo que mi corazón ansía es lo que mundo me sugiere y por tanto lo desecho.

Deseo que mi amigo haya comprendido estos pensamientos. Que no son míos, sino enseñanzas de Jesús!

Diego Acosta

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