EL CUBO DE AGUA

DEVOCIONAL

Me preocupa y mucho cuando alguien afirma que Dios lo ha abandonado, que no le habla, que no le contesta. Por qué razón? Porque pienso que esa persona está distraída o verdaderamente no le interesa lo que el Eterno tiene para decirle.

Por el contrario, creo que el Altísimo siempre habla, siempre tiene una enseñanza, una advertencia. Otra cosa distinta es que lo que me tiene que hablar, enseñar o avertir, me guste.

Y en eso radica el fondo de la cuestión. Como sucedió cuando se anunció que iba a haber un corte del servicio de agua durante varias horas. Inmediatamente hicimos la previsiones, pero ocurrió algo muy importante.

Cuando estaba llenando un cubo de agua, el Señor me recordó la parábola de las diez vírgenes y de las cinco que fueron previsoras y tenían aceite para sus lámparas.

Dios habla?

Siempre habla, aunque en este caso fue para enseñarme que si no hubiera escuchado la advertencia, hubiera lamentado la falta de agua.

Y para recordarme que no sólo tengo que llenar cubos y sino que debo cuidar que mi vaso de aceite del Espíritu siempre debe estar lleno.

Deuteronomio 5:24
Y dijisteis:
He aquí Jehová nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza,
y hemos oído su voz de en medio del fuego;
hoy hemos visto que Jehová habla al hombre,
y éste aún vive.

Diego Acosta /( Neide Ferreira

 

EL JOVEN DIEGO

BLOG DEL TIEMPO

Conocí a Maradona en el año 1983 en Barcelona, pues se me había encomendado que opinara sobre un proyecto, que resultó tan atractivo como irrealizable.

Cuando le confirmé los datos él me agradeció con desilusión, pero tenía la mirada alegre de un joven que comenzaba a mirar la gloria. Fue un poco tiempo antes que un miserable le destrozara un tobillo.

Lo volví a ver varios años después, pero sin poderlo saludar y pude apreciar que su mirada era la de un hombre que miraba la gloria cara a cara, pero sus ojos transmitían dureza y tristeza.

Lo que me hizo reflexionar acerca de lo que nos ocurre a los humanos cuando ansiamos, deseamos o buscamos la gloria que conceden otros hombres.

Siempre tendrá la dimensión pequeña que todos tenemos, por eso precisa de la desmesura, la grandilocuencia o la exageración. Olvidando lo que la Biblia nos advierte acerca de hacernos dioses, que como todos los dioses humanos son falibles y también perecederos.

El Único Dios verdadero, el Dios de Israel, está infinitamente por encima de cualquier dios humano, por ser Eterno y Todopoderoso. Con esta certeza me recuerdo del joven Diego, con su mirada alegre, tan distinta de cuándo conoció la gloria de los hombres.

Diego Acosta