Se conmemora el final de la Segunda Guerra Mundial el más grande conflicto armado que desangró
a la humanidad, dejando el horror del Holocausto judío
y bombas atómicas sobre ciudades japonesas. Diego Acosta – BLOG del TIEMPO
Se cumplen 80 años de las horas que consumieron las avanzadillas del ejército soviético, para liberar los campos de concentración que el nazismo había levantado en territorio polaco controlado por sus fuerzas.
Quienes fueron testigos directos del horror que quedó en evidencia superó la capacidad de asombro de los soldados y sus superiores, que no podían entender cómo unos hombres habían llevado a otros hombres a esos límites inhumanos.
Aún así hay quienes desde amplios sectores de la izquierda y otros de la derecha, se niegan a aceptar la existencia del Holocausto del pueblo judío. Y por supuesto desde el mundo islámico la negativa a aceptar la existencia de este terrible episodio de la historia, alcanza niveles proporcionales a la propia tragedia.
Serenamente asumamos como parte de la sociedad global la existencia del Holocausto, como el testimonio más elocuente de lo que puede llegar a ocurrir cuando se rompen todos los límites establecidos para los miembros de la especie.
Y este pensamiento no solo concierne al pueblo judío, sino a todos quienes nos llamamos seres pensantes.
Todos los días 15 de Junio la minoría aramea en Israel y en todo el mundo, conmemora el Sayfo, el genocidio perpetrado por el imperio otomano hace más de un siglo.
La conmemoración es muy similar a la del Día del Holocausto del pueblo judío. La recordación evoca la muerte de miles de arameos que fueron asesinados por el imperio turco.
Es significativo que este exterminio coincidió en el tiempo y en los métodos empleados, y también por las mismas razones que con los armenios.
La limpieza étnica fue iniciada por los turcos en 1895 y se aceleró al estallar la Primera Guerra Mundial, con la pretensión de eliminar las poblaciones cristianas.
En ese exterminio fueron muertos armenios, griegos pónticos y los maronitas que residían en el Líbano. Los arameos son los descendientes de Aram, hijo de Sem y nieto de Noé.
Este pueblo se declara descendientes de Abraham, Rikvá, Lea y Raquel entre otros y todos los nombrados en la Biblia e identificados con esta etnia.
Habitaban en el sudeste de Turquía y en la región de Tadmor, que ahora se conoce como Palmira en Siria. Desde las primeras épocas abrazaron el cristianismo, ya que el propio Jesús hablaba arameo.
Pedro, que era de Galilea, fundo la Iglesia de Antioquía y desde entonces se llama cristianos a los seguidores del Hijo de Dios. El arameo es usado coloquialmente y también en la liturgia.
Israel ha reconocido como nacionalidad a la minoría aramea y a través de la Asociación Cristiana Aramea, ha permitido la creación de una escuela.
En Israel viven entre 15 mil y 20 mil arameos, e incluso miembros de la minoría étnica pasaron a formar parte de las Fuerzas de Defensa del Estado de Israel.
Se ha conmemorado un nuevo Día del Holocausto, en memoria de los seis millones de judíos que fueron asesinados por el régimen nazi durante su vigencia.
Resulta relevante hacer Memoria de esta fecha por cuanto es un episodio que por su magnitud y consecuencias, es uno de los más horrendos hechos de la historia.
No solo se trata del ejercicio de las palabras, sino de la reflexión profunda para que la historia no vuelva a repetirse, en un afán de superación de la propia condición humana.
Precisamente en este día de conmemoración del Holocausto, el jefe del ejército de Irán anunció que dos ciudades judías, Haifa y Tel Aviv, podrían ser arrasadas si Israel concreta alguna acción contra su país.
Nunca más oportuna la recordación del Holocausto, frente a amenazas que provienen de uno de los enemigos del estado judío.
El 27 de enero de 1945 las tropas soviéticas ingresaron en el campo de concentración de Auschwitz, levantado por el nazismo en la Polonia ocupada.
Esta fecha marca el momento en el que mundo oficialmente conoció la maquinaria de muerte que el régimen de Hitler aplicó contra los judíos de toda Europa.
Hacer Memoria de quienes fueron muertos por su condición de judíos es una responsabilidad indeclinable, porque recuerda a la humanidad la tragedia que se vivió entre 1933 y 1945 en el continente europeo.
También se cuentan entre las víctimas miembros de otras minorías, pero es preciso recordar que el número de judíos muertos es muy aproximado al número de judíos que residen en la actualidad en Israel.
Los modelos totalitarios de cualquier signo son una amenaza contra la especie superior de la Creación de Dios. Tenerlo presente es una forma de prevenir para que esta gigantesca tragedia no vuelva a repetirse.
Se cumplieron 80 años de la decisión del gobierno de Vichy, de arrestar a los judíos residentes en París, dando cumplimiento al requerimiento de las autoridades nazis.
El gobierno colaboracionista amplió el alcance de este pedido y fueron detenidos 12.884 judíos, de los cuales casi la tercera parte, 4.051 eran niños menores de entre dos y 12 años.
El Velódromo de Invierno de la capital francesa fue el principal centro de detención, en las cercanías de la Torre Eiffel. Además fueron llevados a otros tres campos donde quedaron privados de su libertad.
Tras cinco días de hacinamiento, fueron trasladados a los campos de exterminio que habían levantado los nazs, principalmente al Auschwitz.
De todos los detenidos en París solo sobrevivieron luego del Holocausto, menos de medio centenar. Algunos de los cuales dieron detalles de aquellos trágicos días.
Este episodio solo fue reconocido como responsabilidad del estado francés, por el presidente Jacques Chirac en el año 1995 en el que pronunció un discurso del que se guarda Memoria.
Sí, la locura criminal del ocupante fue secundada por los franceses, por el Estado francés. Francia, patria de la Ilustración y de los Derechos Humanos, tierra de acogida y de asilo, ese día cometió lo irreparable. Faltando a su palabra, entregó a sus protegidos a sus verdugos.
El presidente Macron en el acto de recordación de este episodio, destacó el antisemitismo rampante, que se puede verificar en Francia.
Se conmemora el día del Holocausto la mayor tragedia que ha sufrido la conciencia de la humanidad.
Hacer memoria de los caídos es un compromiso con el futuro para que nunca más las fuerzas del mal vayan contra los hombres, por el solo hecho de haber nacido con una creencia.
Recordar el Holocausto es un homenaje y una toma de posición en la lucha contra el odio.
Se recuerda el DÍA UNIVERSAL DE CONMEMORACIÓN DE LA MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DEL HOLOCAUSTO.
Una jornada que conmemora una de las mayores tragedias de la humanidad. Cuando los hombres decidieron eliminar a otros hombres, por el hecho de ser judíos.
Es justo recordar a las víctimas de las minorías étnicas que también sufrieron el horror del nazismo y de la crueldad que solamente los humanos podemos tener con otros seres.
El recuerdo debe mantener vivo el espíritu para que nunca más vuelva a ocurrir algo semejante. Debe ser el compromiso de las naciones civilizadas del mundo.
Mucho más en estos tiempos cuando el antisemitismo se ha tornado más grave que nunca en los últimos años. Hacer Memoria, es hacer justicia.
Hace 75 años se realizó en las proximidades del segundo lago más grande de Berlín, la que se conoce como la Conferencia de Wannsee, de la que se conserva un acta que revela crueldad y el cinismo del régimen nazi.
Esa reunión sirvió para poner todo el dispositivo bajo una única autoridad, de lo que Hitler anticipó que sería el exterminio del judaísmo internacional, a pocos meses de iniciar la Segunda Guerra Mundial.
La Conferencia adoptó varias decisiones sobre la forma de hacer más eficaces los planes de exterminio. Adolf Eichman, el tristemente célebre ejecutor de esos planes, declaró que en Berlín se acordó cuáles serían los distintos métodos de asesinato.
Sin embargo en el momento de la reunión en el frío invierno de la capital alemana, las acciones contra los judíos ya habían comenzado el 18 de Octubre de 1941.
Ese día fue cuando partió desde el andén 17 de la estación de Berlín-Grunewald, el primer tren con casi 1.100 judíos hacia el guetto de Lódz en la Polonia ocupada por los nazis.
Todo lo demás lo recoge la Historia y el Holocausto queda como una de sus páginas más crueles y trágicas. Y que no debe olvidarse, nunca.
En las afueras de Kiev había unos barrancos, conocidos como Baby Yar, que hace 80 años fueron utilizados por las tropas nazis de ocupación de Ukrania, como brutal comienzo de lo que conocemos como Holocausto.
Los rebeldes ukranianos atentaron con explosivos contra los edificios elegidos por los nazis, para concretar la ocupación de Kiev, en el marco de la ofensiva contra Rusia.
Las fuerzas ocupantes decidieron entonces utilizar este episodio, como el pretexto para comenzar a fusilar principalmente a los judíos de la capital.
Se estima que en solo dos días fueron fusilados más de 33 mil personas, en su enorme mayoría judíos, entre los que se contaba un bebé de dos días.
Se estima que hasta la derrota de los nazis, entre 70 y cien mil personas fueron asesinadas en los barrancos de Kiev. Pero el comunismo, profundamente antisemita, condenó al olvido la masacre, rellenando los barrancos y levantando un parque en el lugar de los hechos.
Recién en 1976 se hicieron las primeras menciones a la masacre y en 1991, luego de que Ukrania se independizara de Rusia comenzaron a realizarse las primeras alusiones a la Baby Yar.
La propaganda comunista prevaleció sobre la verdad histórica y durante años se omitieron las menciones a lo que el nazismo había realizado en las afueras de Kiev. Que no fue otra cosa que el comienzo del Holocausto.