ROMANOS, Epístola

Paulo, el autor de la Epístola fue un hombre de una gran cultura y también de notables conocimientos de la Torá. Su padre fue fariseo y por su posición social y religiosa pudo estudiar con uno de los grandes maestros del judaísmo: Gamaliel.

De allí la importancia de su tremenda conversión.

Pablo, según los historiadores, podría haber nacido en Tarso en el mismo tiempo que Jesús lo hiciera en Belén. Como Tarso formaba parte del imperio romano, el apóstol adquirió el derecho a ser ciudadano.

La Epístola para su comprensión debe ser analizada como un documento que Pablo dirigió a una congregación que no conocía, pero que ansiaba visitar y por tanto expuso sus pensamientos en los tiempos fundacionales de la Iglesia de Cristo.

Diego Acosta

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TRADICIÓN…?

Por qué festejamos el nacimiento de Jesús?

Esta pregunta estuvo flotando en una conversación, en la que se debatía el propósito de una celebración, que ha pasado de ser Feliz Navidad, a Felices fiestas y más simplemente a decir: Felices días.

Tiene algún significado esto de decir felices días?

Alguien seguramente se lo buscará y a su modo tal vez lo encuentre, pero seguirá siendo una solemne tontería decir: Felices días…

El lado oculto de estas conversaciones-discusiones no es otro que pretender restarle importancia al acontecimiento más notable de la Historia de la humanidad.

Por utilizar un lugar común podríamos decir: Se pretende tapar el sol con las manos. O ignorar que el prodigioso orden que reina en la Creación, es obra de un proceso que nadie sabe cómo ha empezado ni como ha continuado.

El nacimiento de Jesús constituye por sí mismo, un hecho tan asombroso, que se merece respeto solamente por todas las profecías que lo anunciaron.

Aunque solamente fuera por eso, deberíamos inclinarnos ante la grandiosidad del alumbramiento de Belén.

Pero también es verdad que las tradiciones le restan valor a todo lo que verdaderamente tiene importancia. Y la Navidad, es una de ellas.

Pero no por eso podemos poner en duda, que el Glorioso Nacimiento, es un hecho maravilloso para cada uno de los hombres y las mujeres que a lo largo de la Historia poblamos la Tierra.

Es verdaderamente penoso imaginar, por qué hay quienes lo niegan, intentan denigrarlo o ignorarlo. Por mucho empeño que se ponga, en afirmar lo contrario, Jesús nació como prueba del Amor de Dios para cada uno de nosotros.

Isaías 42:2

He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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BELÉN Y LA BUROCRACIA ROMANA

LA OTRA HISTORIA

Los especialistas ponen en duda algunas de las teorías existentes con relación al censo que fue decretado en Palestina, en los tiempos del nacimiento de Jesús.

Las discrepancias surgen como consecuencia de los errores del calendario que se utilizaba, que era el de Dionisio Exiguo, confeccionado en el II siglo después del nacimiento del Mesías.

También existen controversias para determinar cuál fue el censo que debieron cumplir José y María. Hubo censos que afectaron a todos los ciudadanos del imperio y hubo otros provinciales, como pudo ser el de Palestina.

Ellos debieron viajar desde Nazaret en la Galilea, hasta Belén. Este traslado también ofrece dudas porque el avanzado estado de gravidez de María, no lo habría hecho aconsejable.

Estas disputas entre historiadores antiguos y modernos, no impiden que la realidad sea que efectivamente el Hijo del Hombre naciera en Belén.

Los censos convocados por los romanos tenían un doble propósito: El más obvio de todos, conocer el número de habitantes pero también se buscaba conocer el nivel de riqueza de los pobladores.

Estos conocimientos eran importantes para la aplicación de los impuestos que debían abonar quienes vivían bajo el mandato imperial romano.

Lo cierto es que por el imperativo de la burocracia romana, tanto José como María, viajaron hasta Belén, para que se cumpliera la profecía de Miqueas, formulada alrededor de 800 años antes del nacimiento de Jesús y expuesta por Mateo en el segundo capítulo de su Evangelio, versículo 6:

Y tú, Belén, de la tierra de Judá,
No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;
Porque de ti saldrá un guiador,
Que apacentará a mi pueblo Israel.

Diego Acosta

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