silvania

COMEÇA O COMEÇO

CONGREGAÇÃO

SÉTIMO MILÊNIO

Quando eu era criança e pegava uma tangerina para descascar, corria para meu pai e pedia: – «pai, começa o começo!». O que eu queria era que ele fizesse o primeiro rasgo na casca, o mais difícil e resistente para as minhas pequenas mãos. Depois, sorridente, ele sempre acabava descascando toda a fruta para mim. Mas, outras vezes, eu mesmo tirava o restante da casca a partir daquele primeiro rasgo providencial que ele havia feito.

Meu pai faleceu há muito tempo (e há anos, muitos, aliás) não sou mais criança. Mesmo assim, sinto grande desejo de tê-lo ainda ao meu lado para, pelo menos, «começar o começo» de tantas cascas duras que encontro pelo caminho. Hoje, minhas «tangerinas» são outras. Preciso «descascar» as dificuldades do trabalho, os obstáculos dos relacionamentos com amigos, os problemas no núcleo familiar, o esforço diário que é a construção do casamento, os retoques e pinceladas de sabedoria na imensa arte de viabilizar filhos realizados e felizes, ou então, o enfrentamento sempre tão difícil de doenças, perdas, traumas, separações, mortes, dificuldades financeiras e, até mesmo, as dúvidas e conflitos que nos afligem diante de decisões e desafios.

Em certas ocasiões, minhas tangerinas transformam-se em enormes abacaxis. Lembro-me, então, que a segurança de ser atendido pelo papai quando lhe pedia para «começar o começo» era o que me dava a certeza que conseguiria chegar até ao último pedacinho da casca e saborear a fruta. O carinho e a atenção que eu recebia do meu pai me levaram a pedir ajuda a Deus, meu Pai do Céu, que nunca morre e sempre está ao meu lado. Meu pai terreno me ensinou que Deus, o Pai do Céu, é eterno e que Seu amor é a garantia das nossas vitórias.

Quando a vida parecer muito grossa e difícil, como a casca de uma tangerina para as mãos frágeis de uma criança, lembre-se de pedir a Deus:

«Pai, começa o começo!». Ele não só «começará o começo», mas resolverá toda a situação para você.

Não sei que tipo de dificuldade eu e você estamos enfrentando ou encontraremos pela frente neste ano. Sei apenas que vou me garantir no Amor Eterno de Deus para pedir, sempre que for preciso: «Pai, começa o começo!».
BOA NOITE A TODOS NÓS!

Silvania De Cassia Buzeto de Paula

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EL ORIGEN DEL TÉRMINO JUDÍO / I

LA OTRA

HISTORIA

La palabra que define al Pueblo de Dios, inequívocamente proviene de Judá, que era el antiguo reino que tenía por capital Jerusalén.

El patriarca de la tribu que derivó con su nombre, nació en Padan-aram, Génesis 29:35. La bendición que le otorgó Jacob en su lecho de muerte fue un anticipo de la trascendencia que tendría su familia.

Judá fue el jefe de su pueblo hasta el tiempo de Cristo, Génesis 49:8-12. Fue el antecesor de Isaí padre de David y de su descendencia nació Jesús para el cumplimiento de las profecías.

La mención más antigua del Reino de Judá es una tablilla encontrada en Nimrod, la capital del imperio Asirio. En ella probablemente datada en 737 a.C. se describen las hazañas del reino Tiglath- Pileser III, que entre otros venció a Joacaz de la tierra de Judá.

El reino original israelita recibió el nombre de Judá. Durante el dominio de los persas se convirtió en una provincia de ese imperio, llamada Yehud.

El nombre Judá, ha sido sometido a múltiples análisis y ha originado también grandes controversias. Una de las tesis más aceptadas destaca que el nombre proviene de dos palabras:Yehu, el nombre divino y Udah, que significa dar gracias. Esto en síntesis llevaría a la conclusión de que Judá significa: Gracias a Dios. O con más precisión: A Dios, por Yehu y gracias por Udah.

Para la secuencia del razonamiento, es importante recordar lo que ocurrió con el Reino de Judá. Parte II.

Diego Acosta

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cuauhtemóc

EJECUTADO EL EMPERADOR AZTECA

HACIENDO MEMORIA – DCCXCIV

28 de Febrero de 1525

En un oscuro episodio el conquistador español Hernán Cortéz, consumó el final del dominio sobre los nativos mexicanos.

Mandó a matar al último emperador Cuauhtemóc, liquidando de esta manera la resistencia de los aztecas y consolidando la victoria española.

Diego Acosta

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TU SIERVO ESCUCHA…

La historia de Samuel es la historia de un milagro y también de la convicción que tuvo desde niño en que todo lo relacionado con Jehová era sobrenatural.

Cuando respondió al llamado del Supremo, estuvo totalmente dispuesto a obedecerle en aquello que le fuera mandado.

Pero, si nos detenemos precisamente en ese punto,  advertiremos que lo que se le reclamó a Samuel era además de importante muy grave.

Que le dijo Jehová a Samuel?

Le anunció nada más y nada menos que obraría en contra del supremo sacerdote Elí, por las iniquidades que cometían sus hijos y porque las permitía.

Samuel a pesar de ser un niño no tuvo ningún reparo en contar al propio Elí lo que el Supremo le había anunciado que haría.

Con esa firmeza fue que el hijo de Ana y Elcana, a medida que crecía en edad también aumentaba la consideración que se le tenía como profeta del Señor.

Leyendo y pensando me he preguntado más de una vez si hubiera sido capaz de hacer lo mismo que Samuel, obrando con valentía ante los hombres y con plena confianza en el Eterno?

Lo verdaderamente notable de la historia de Samuel, es que desde niño obró con total fidelidad a Quién lo mandaba y por eso también el Creador fue fiel con él.

Esta es la gran enseñanza que trato de aplicarme en cada uno de mis hechos. Sin pretender considerarme profeta, hago cada día lo que tengo la seguridad que me manda hacer el Señor.

Al final, al único que le tendré que rendir cuentas es a ÉL!

Como hizo Samuel!

1 Samuel 3:10

PT – Então, veio o Senhor , e ali esteve, e chamou como das outras vezes: Samuel, Samuel. E disse Samuel: Fala, porque o teu servo ouve.

ES –  Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: !!Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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tesalonica

EL IMPERIO ROMANO ES CRISTIANO

HACIENDO MEMORIA – DCCXCIII

27 de Febrero de 380

El emperador Teodosio I, dispone que el cristianismo sea la única religión del imperio, tanto el de Occidente como el de Oriente.

Lo hizo a través del llamado Edicto de Tesalónica, siguiendo la  política que había adoptado Constantino favorable a la libertad de culto para los cristianos.

Este pronunciamiento sería el último entre el imperio occidental y el oriental.

Diego Acosta

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