Oremos por los que se resisten a la autoridad de Dios! Oremos por los que reniegan del Eterno! Oremos por los que no aceptan a Jesús! Oremos por los que niegan la Biblia! Oremos por los que se proclaman ateos! Oremos por los que conociendo la Verdad la repudian!
Algunos recientes y escandalosos episodios relacionados con el liderazgo de iglesias evangélicas, actualizan una cuestión sobre la que es necesario insistir.
Nadie ha proclamado que las iglesias evangélicas sean perfectas, con líderes perfectos y con congregaciones perfectas. Hacerlo es una necedad total.
Simplemente se debe afirmar que las iglesias están formadas por hombres con todo lo bueno y con todo lo malo que eso significa.
Lo que es evidente, que en ningún caso ni por ninguna razón se debe mezclar a Dios con la valoración de las iglesias. El Eterno es la perfección y ÉL ha proclamado que se glorifica en la debilidad de los hombres.
Por tanto el argumento de que siendo imperfecta la iglesia, afecta también a la Majestad del Creador, además de equivocado es profundamente temerario y perverso.
Con serenidad y firmeza, asumimos los errores de algunos líderes, del mismo modo que asumimos los errores de la sociedad en la que vivimos.
Solo que con este gesto, proclamamos la infinita Perfección de Dios!
Seguramente los hombres
somos los mayores enemigos de la Tierra porque cada vez más nos empeñamos en destruir o arruinar lo maravilloso que el Eterno ha Creado. Ser Mayordomos no es lo mismo que ser destructores. LA CREACIÓN
Pablo habla del aguijón de la carne
y de la respuesta del Señor: Bástate mi Gracia, por cuánto Él se glorifica en su debilidad. Todos tenemos un aguijón y todos tenemos la Gloria del Señor sobre nuestras vidas. Diego Acosta – MENSAJE DOMINICAL
Oremos por los que viven con miedo al futuro! Oremos por los que tienen miedo a la muerte! Oremos por los que dudan de Dios! Oremos por los que niegan al Creador! Oremos por los que tienen miedo de la Luz! Oremos por los que tienen miedo a la Verdad
Está bien recordar a los hombres y mujeres, a los niños y jóvenes que murieron por causa de la soberbia de algunos supuestamente iluminados que se creen superiores.
Tan superiores se consideran que asumen que tienen derechos para quitarle la vida a sus semejantes, mediante la más vil, más cobarde y más perversa de las actitudes humanas.
Matar a ciegas, indiscriminadamente es la esencia del terrorismo, pero es lo que revela la profunda ruptura espiritual de quienes son instigadores y de quienes son los ejecutores de cualquier forma de atentado.
Tan tremendo es el que cobardemente ataca por la espalda y le dispara en la cabeza a un indefenso, como el que coloca una bomba con la esperanza de causar el mayor número de víctimas posible.
En medio de esta sinrazón recordar a las víctimas y a sus familias, es importante saber que quienes tenemos a Dios en nuestras vidas, conocemos el alto valor que tiene la de cada uno de nuestros semejantes.
No hay ninguna idea, ni principio, ni razón que sea más importante que una vida. Sabiendo, como sabemos que es el Eterno el Único que la concede o la quita.
Clamar al Espíritu también pone en marcha mi fe, porque solamente creyendo se puede pedir por cuestiones materiales pero que pueden tener consecuencias espirituales. Clamar intercediendo por otras personas, pone en marcha la Fe! Diego Acosta – DEVOCIONAL
Uno de los riesgos de estos tiempos es decir
lo que se quiere escuchar ignorando de que no estamos para agradar sino para decir la Verdad. Es más fácil utilizar palabras seductoras que hablar lo que nos dejó Jesús como Mandato. Diego Acosta – DEVOCIONAL
Cuando la peste parece recrudecer es necesario cuidarnos los unos a los otros, dando cumplimiento a lo que la Palabra de Dios
nos pone como Mandato. El cuidado que tengamos en forma personal lo debemos extender al Prójimo,
como responsabilidad social. Diego Acosta . PODCAST
Una de las grandes premisas mundanas
es que seamos tolerantes, empezando por el pecado y terminando por quienes niegan o reniegan de Dios. La tolerancia no forma parte de la Biblia y aceptarla nos aparta de nuestra condición
de hombres nuevos. Diego Acosta – MENSAJE