alegria

ALEGRIA

TEXTO EN ESPAÑOL

¡Gracia y Paz, una vez más, os sean multiplicadas por el pleno conocimiento del Señor Jesús! Nuestro tema de hoy es la Alegría. Empiezo preguntando: ¿Debe el salvo en Cristo ser una persona feliz o una persona triste? ¿Es Dios un Ser feliz o triste? ¿Era Jesús, como Hombre, feliz o triste? El gozo de los salvos es distinto al de los impíos. Nuestro gozo viene del Espíritu Santo, no de las bromas televisivas, ni de la prosperidad material, ni de la salud o de los chistes de los hombres. Considerando que una persona con rostro alegre expresa el gozo de la salvación, y tal gozo atrae a las personas y es testimonio de vida, ¿por qué vivimos tristes, ceñudos y con la cara seria? Pensemos en el gozo de Dios. Por ejemplo, en la parábola del hijo pródigo, cuando el hijo volvió a casa, ¡qué alegría hubo en esa casa! Qué alegría en el cielo, dice la Biblia, cuando un pecador se arrepiente. Cuando nació Jesús, los ángeles saludaron a los pastores diciendo: «¡He aquí, os traigo buenas nuevas de gran alegría!». Apocalipsis 19:7 habla de regocijo en el cielo por las bodas del Cordero. Naturalmente será una alegría tremenda, la de esa fiesta. ¿Por qué debemos estar alegres? ¡Porque hemos sido convertidos en hijos de Dios! Esta es la bendición principal. Transformados por el nuevo nacimiento, por supuesto. Gritemos con alegría: «Somos hijos de Dios, no solo siervos». Hijos del Gran Dios Altísimo. Somos hijos de Aquel que es más grande que el sol, la luna y los vientos, sean suaves o los grandes tifones. Ya sean tornados o tormentas. Somos hijos del Creador de océanos y mares, ríos y montañas. De los más bellos bosques y flores. Él más grande que el oro, más grande que la plata y las piedras preciosas, porque fueron creadas por Él. Mayor que el poder de las bombas nucleares y las guerras. Mayor que cualquier poder social y económico del mundo. En resumen: somos, además de hijos, coherederos con Cristo de todas las cosas en el cielo. Por qué, entonces, no proclamar a todo pulmón: somos poderosos por Dios, y el futuro es de Cristo y nuestro también. Sí, lo somos no por mérito propio, es cierto, sino por la inconmensurable gracia divina. Vivimos en un mundo gris y triste, contaminado, amenazante. Un mundo de disputas y guerras, de millones de abandonados y fugitivos de sus propios países, de podredumbre moral y social. Pero nosotros somos, como Iglesia de Cristo, hijos adoptivos y eternos del Gran Dios. Así que estemos alegres y mostremos alegría. Porque ella es nuestra fuerza y la puerta que se abre a este mundo desabrido y triste. Y es también una forma de predicar el Evangelio. Jesús fue ciertamente una persona alegre, cuando fue hombre, con semblante alegre. Por lo tanto, incluso los niños y los adultos, que temen a los desabridos, se sienten atraídos por Él. ¿Quieres ganar almas para Cristo? Además de predicar la Palabra, gózate también en las aflicciones y tribulaciones. El Evangelio significa “Noticia de gran alegría”. Dios está gozoso, porque Él creó el gozo, y ciertamente tiene un humor agudo y santo. Es fácil saber si la persona está constantemente triste o feliz. Basta con mirar ciertas arrugas en la cara. Muchas en la frente y entre los ojos, significan tristeza. En los costados de los ojos, es alegría. Claro que hay que saber cuál es la fuente de la alegría. Por supuesto, hay momentos de tristeza y lágrimas en la vida, pero también momentos de alegría. Hay una carta en el Nuevo Testamento que es la más gozosa de todas: la carta a los Filipenses. Pablo cita la palabra “alegría”, regocijarse y alegrarse 12 veces. En los Salmos, el tema de la alegría es tratado 66 veces en todos ellos. Isaías 61 dice que Jesús vino a traer el aceite de alegría en lugar de tristeza. Tenemos que acostumbrarnos a ser y estar alegres, porque en el cielo habrá gozo constante y gozo eterno. Proclamemos, pues, para que los demás oigan: Somos hijos del Gran Dios en Cristo, por eso nos alegramos. Del Pastor Autilino para la Gloria de Dios. Amén.

 

una sonrisa

UNA SONRISA

DEVOCIONAL

Tengo un vecinito que ha cumplido un año y al que conozco desde el vientre de su madre. Ha resultado una Gracia verlo crecer y llegar hasta este tiempo, cuando se ha convertido en una deliciosa criatura.

La sonrisa con la que recibe las atenciones que le prodigo, me llevan a pensar en el momento en que Jesús pidió a los discípulos que dejaran que llegaran a ÉL los niños.

Seguramente porque son los portadores de los sentimientos genuinos, sin la influencia del mundo ni tener todavía la capacidad para la maldad.

Y también por esas razones les explicó a los discípulos que debíamos ser como niños, para entrar en el Reino de los Cielos. Esto no significa ser infantiles, sino hombres y mujeres de corazón como niños.

La sonrisa de mi vecinito me recuerda cada vez que lo veo, la urgente necesidad de abandonar todo vestigio de hombre viejo, para nacer de nuevo cada día.

Lucas 18:17
De cierto os digo,
que el que no recibe el reino de Dios como un niño,
no entrará en él.

Diego Acosta / Neide Ferreira

el acusador

EL ACUSADOR

DEVOCIONAL

En los lejanos tiempos de mi juventud, teníamos un amigo al que le sugeríamos que estudiara derecho para de esta manera poder ser fiscal.

La razón de esta sugerencia, era la de que siempre estaba acusando a los demás, por sus faltas, sus errores, sus contradicciones, como si él fuera perfecto.

Con el tiempo fuimos comprendiendo que esta actitud de vivir acusando, era una manera de defender u ocultar sus propios, podríamos decir, pecados.

Aprendí al lado de mi amigo, como somos de severos los seres humanos cuando se trata de juzgar a los demás y como somos de generosos y comprensivos, cuando se trata de valorar nuestra propia conducta.

Tanto que a partir de aquel tiempo y mucho más después de aceptar a Jesús, comencé a ser menos severo con los demás y más riguroso con mi propia persona. Fue una forma de acercarme en mi pequeñez a mi Salvador.

Lucas 6:37
No juzguéis, y no seréis juzgados;
no condenéis, y no seréis condenados;
perdonad, y seréis perdonados
.

Diego Acosta / Neide Ferreira

cruz ou getsemani

CRUZ OU GETSÊMANI

TEXTO DEL MENSAJE EN ESPAÑOL

Gracia y Paz os sean multiplicadas. En cumplimiento de mi ministerio de predicaciones y mensajes divinos, estoy aquí de nuevo. Por favor escuchen el mensaje hasta el final ya que es muy profundo. ¿Qué fue más doloroso: ¿la Cruz o el Getsemaní? Cuándo el Señor Jesús sufrió más, ¿En la Cruz o en el Huerto de Getsemaní? Lo normal sería en el Gólgota o Calvario. Ese lugar mal oliente, empapado de sangre coagulada de otras crucifixiones, sería donde aparentemente agonizaría y sufriría más. Pero, en realidad, fue en el Getsemaní donde Su sufrimiento alcanzó dimensiones incalculables. Su dolor allí fue mas intenso, porque se centraba en el ámbito moral y espiritual, más que en el Calvario. Cuando Jesús pidió a los Apóstoles que velaran en oración con Él, por supuesto que estaba en agonía. Él hasta exclamó: “Mi alma está profundamente triste, hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo”. Y en agonía oraba más fuertemente, y sucedió que su sudor se volvió como gotas de sangre que rolaban sobre la tierra. Lo que pasa es que, en el Getsemaní, era el Hijo Amado de Dios quien agonizaba, era Su alma o Su espíritu quien agonizaba con los peores dolores y las peores agonías. Cuando llamó a Dios “Padre”, era exactamente eso: era el Hijo de Dios, o El Dios-Hombre que agonizaba, y era el momento que Le estaba reservado desde antes de la fundación del mundo como Cordero de Dios. No ha sido fácil, en ese momento, que Jesús asumiera nuestras miserias y pecados, pecados de todo tipo, desde los días del primer hombre hasta el último que vivirá. La presión moral y espiritual fue tan intensa e insoportable, que Su sangre salió de Sus vasos periféricos y se mezcló con el sudor, empapando toda Su frente y, ciertamente, todo Su cuerpo. La copa era tan insuperable y abyecta, que sólo Él, que vino para esto, podía soportarla y beberla, como de hecho la bebió intensamente, hasta la última gota. En la cruz, ha sido Su cuerpo el que sufrió. Claro está que el dolor moral y espiritual de Getsemaní estaba asociado con el dolor físico, que era terrible e inhumano. En la cruz, Él clamó, como sabemos: “Eloí, Eloí, Lema Sabactani” o “Lama Sabactani”, es decir, “Dios Mío, ¿por qué Me has abandonado?” Ahora no clamó “Padre, Padre”, porque quien está colgado del madero vil es el Hombre-Dios, el Hijo del Hombre, o la Semilla de la Mujer, o por extensión, el Cordero de Dios. De cualquier manera, el dolor que llevaba Jesús sólo fue posible de soportarlo porque Su compasión y amor eterno hablaron mucho más fuerte. Ya en el desierto Jesús ha sentido el olor asqueroso de la copa, justo al comienzo de Su ministerio. Bebió una parte en Getsemaní y el resto en el Calvario. Cuán inescrutable e incalculable es el Amor de Dios. Amor rechazado, primero por Su propio pueblo, el Pueblo de Israel, y luego por los gentiles, cosa que infelizmente sigue sucediendo hasta el día de hoy. Pero la historia de Cristo no terminó ni en el Calvario ni en la Tumba. Dios lo resucitó de las tinieblas de la Muerte, llevándolo a vencer al último enemigo, la Muerte, y habiéndole restaurado todo Poder en el Cielo y en la Tierra. Volvió al Cielo para ser exaltado como el Cordero Vencedor y Dios que es. Y nos queda levantar nuestras manos y almas a lo alto y exclamar: Bendito y Maravilloso Dios Padre, Dios Hijo, sea glorificado mucho más hoy y siempre. Amén. Gloria a Dios por esto. Amén. 

ejercicio de humildad

EJERCICIO DE HUMILDAD

DEVOCIONAL

Una tarde estaba lavando la loza o los platos que se habían utilizado para la comida del mediodía, me vinieron estos pensamientos que me fueron de gran ayuda.

Antes, había estado terminando un trabajo relacionado con la Biblia y sus enseñanzas. Y de golpe me encontraba haciendo algo tan sencillo como lavar los utensilios que habíamos utilizado.

Lo primero que me vino a la cabeza fue un pensamiento irónico, porque había pasado de las profundidades bíblicas, a las simples tareas cotidianas.

Desde lo alto había caído a lo bajo, haciendo un resumen de lo que estaba en mi cabeza. Pero pronto el Espíritu Santo acudió para enseñarme.

Nunca debe importarnos lo que hagamos ni en la forma en que se producen nuestros quehaceres. Lo importante es con qué actitud del corazón los enfrentamos.

Si nos alegramos por unos y nos lamentamos por otros, con toda seguridad no podremos servir al Prójimo como nos mandó Jesús. Porque a veces usaremos la Palabra y a veces nuestras manos.

Marcos 12:32 Y el segundo es semejante:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
No hay otro mandamiento mayor que estos
.

Diego Acosta / Neide Ferreira