LA ENSEÑANZA

 

Un viejo y añorado maestro hablaba a propósito de la importancia de aprender, todos los días, un poco más sobre la Biblia.

Siempre fue un hombre directo, sin caer en el ejercicio de dejar sugeridos argumentos, que podían dar lugar a interpretaciones equivocadas.

Con ese estilo, una tarde inolvidable nos sorprendió con una afirmación. Se refirió a la humildad y a la importancia que tiene en la vida de los creyentes.

Pero dijo algo más: La humildad es un obstáculo casi insuperable cuando no está en el corazón de quién recibe la enseñanza.

Y agregó: Pero también la humildad es un obstáculo casi insalvable, cuando no está en el corazón de quien imparte la enseñanza.

Tanto en un caso como en el otro, la importancia de la humildad es tan grande, que la mayoría de las veces grandes maestros y aventajados alumnos, no llegan a la profundidad de la Palabra de Dios, por su falta de humildad.

Desde entonces, me aplico la enseñanza y oro para no ser vanidoso al enseñar y orgulloso cuando me enseñan.

Santiago 4:10

Humillaos delante del Señor,

y ÉL os exaltará.

Tiago 4:10

Humilhai-vos perante o Senhor,

e Ele vos exaltará.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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SERVIR A JESÚS

Blog del… TIEMPO!

Cuando el Hijo del Hombre declaró que había venido a servir y no a ser servido, dejó una grandiosa lección de humildad.

Recuperar el sentido de su actitud es uno de los compromisos que debemos asumir quienes nos llamamos sus seguidores y aspiramos a ser sus discípulos.

Servir representa lo contrario de lo que muchos líderes hacen en sus congregaciones, donde solamente buscan ser servidos olvidando el mandato de Jesús.

Estamos advertidos una vez más. En el Juicio no podremos alegar ignorancia y por el contrario, más se nos reclamará porque sabemos, que debemos servir y no ser servidos.

Diego Acosta

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OFENSA…

Se comenta que nunca hay que dejar un animal salvaje herido, porque se torna tremendamente peligroso y además vengativo.

Salvando las distancias, ocurre más o menos lo mismo con un ser humano que ha sido ofendido por otro!

Hay ofensas que ni el tiempo logra borrar del todo de nuestro ánimo, de nuestra memoria. Lo digo por experiencia personal.

Sentirse humillado, herido en eso que llamamos el amor propio o la dignidad, es algo que se convierte rápidamente en una poderosa raíz en nuestro interior.

Todavía me recuerdo de algunas ofensas que he recibido y a pesar de los años y de haberme convertido al Señor, todavía quedan restos del daño sufrido.

Por qué duele tanto una ofensa?

Generalmente porque es injusta y consideramos que es inmerecida. Esto equivale a decir que nos ha ofendido  quién menos lo esperábamos.

De allí que la sorpresa por el hecho contribuye a alterar la capacidad de razonar y de pensar en lo que ha ocurrido con la suficiente serenidad como para darle la verdadera dimensión que tiene.

Por qué Jesús soportó las ofensas…y nosotros no?

Con total seguridad porque ÉL es el Hijo del Hombre y por tanto es Dios y nos dio un tremendo ejemplo de mansedumbre y humildad.

En cambio yo me debato entre la violenta reacción de la carne humillada y aquello que se nos demandó de que fuéramos mansos y tranquilos.

Pienso y creo que debemos concordar, que la reacción a cada ofensa será una evidencia de cómo es de profunda nuestra relación con el Señor!

Mateo 18:35

ES – Así también mi Padre celestial hará con vosotros

            si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.

PT – Assim vos fará também meu Pai celestial,

            se do coração não perdoardes, cada um a seu irmão, as suas ofensas.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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