ESPERAMOS O DESESPERAMOS?

Una frase del mundo asegura que quién espera, desespera!

Esta frase es una de las grandes verdades con las que se manejan quienes viven bajo la influencia mundana, dando como cierta una consecuencia del hecho de esperar.

Confieso que durante mucho tiempo, también hice mía esta afirmación, por la sencilla razón de que también formaba parte de mi realidad.

Creo que somos muchos lo que significa desesperarse cuando estamos esperando algo…cualquier cosa que sea, desde una respuesta hasta la compra de algo muy valioso.

Un día dejé de creer en esta frase y a entender que no se puede vivir de esta manera, bajo una casi permanente desesperación.

Por qué?

Porque desde nuestra humana condición, es natural y lógico que todos los días estemos esperando algo. Pero si seguimos viviendo como el mundo desea que vivamos, continuaremos así.

Cuando acepté a Jesús, comprendí el grave error que estaba cometiendo por desesperarme ante una espera. Casi, hasta lo consideré absurdo.

Cuando esperamos en Dios, lo hacemos con la confianza de que todo llegará y lo que llegue será lo mejor para cada uno de nosotros.

Entonces: Por qué desesperarnos?

Miqueas 7:7

Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación;

el Dios mío me oirá.

Miqueias 7:7

Eu, porém, esperarei no Senhor; esperei no Deus da minha salvação;

o meu Deus me ouvirá.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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TRAMPA

No hay peor trampa, que la que somos capaces de tendernos nosotros mismos.

Y caemos en ella con una facilidad sorprendente, porque es lo que tenemos en el corazón, aunque digamos lo contrario.

Y por mencionar una de esas trampas, para utilizarla como ejemplo, hablaremos de lo que llamamos la falsa modestia.

Es decir: Lo que simulamos delante de los demás, para aparecer como hombres y mujeres dotas de ese carácter tan especial que tienen los verdaderamente modestos.

La trampa consiste en que toda esa actuación casi teatral, la comenzamos a tomar como verdadera a medida que vamos viendo los buenos resultados que logramos.

Cada vez somos más osados en nuestro ejercicio de mostrar a los demás, la modestia que no tenemos pero que sí mostramos.

Y un día esa trampa nos atrapa y advertimos que nos habíamos olvidado de lo esencial: Podemos engañar a todos, menos a Dios.

ÉL sabe lo que hay en nuestro corazón, aunque nuestra boca proclame lo contrario. Y entonces nos sentiremos indefensos, para afrontar el Juicio que caerá sobre nosotros.

La falsa modestia quedará al descubierto, como lo que es: Otra forma de mentira, que comienza por afectarnos a nosotros mismos.

Miqueas 6:11

¿Daré por inocente al que tiene balanza falsa

y bolsa de pesas engañosas?

Miqueias 6:11

Seria eu limpo com balanças falsas?

E com um saco de pesos enganosos?

Diego Acosta / Neide Ferreira

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TODA CLASE DE EXCELENTES FRUTOS…

 

CONGREGACIÓN SÉPelie1TIMO MILENIO

Toda clase de excelentes frutos, nuevos y viejos, reservé a mi amado. (Cantar de los Cantares 7:13).

A veces abro la Biblia y quedo impactada por lo que leo y me quedo pensando, (predicando para mí misma) sobre lo leído.

Hoy no ha sido diferente: Frutos viejos y nuevos!

Debemos dejar de lado los frutos viejos? O los debemos aprovechar porque son más dulces que el azúcar? No sirven para nada más los frutos viejos?

Sirven para jalea, compotas, colocar en una ensalada para dar un toque de dulzura, usar para plantar un nuevo fruto. Eso para plantar un fruto nuevo.

Y cuando comer los frutos nuevos? Si nos anticipamos estarán verdes y ácidos y si los recolectamos antes pueden estar aguados y no tener ningún sabor. Todo tiene su tiempo determinado, habló Salomón, el Sabio.

Cuando pienso en un mango que comí hace unos días, me acuerdo del dulce sabor que tenía y no que lo tuve que lavar, quitar la cáscara, cortar…los frutos viejos son para recordar y traer a la memoria (Lamentaciones 3:21). Lo agradable del fruto es pensar que otro mango podrá estar en mi boca como ese que comí y así tener ánimo para plantar, recoger y comer el fruto nuevo.

Los frutos nuevos nos aportan frescura, vitaminas, cierta necesaria acidez y alegría de un tiempo nuevo.

Lo que Dios tiene para nosotros es una pregunta que nos hacemos siempre y para lo que buscamos respuesta constantemente en varias partes (devocionales matinales, versículos del día, una palabra encontrada en las redes sociales).

Miqueas 6:8 nos habla de lo que Dios requiere de nosotros: “Que practiques la justicia, que ames con benevolencia y camines humildes con Dios”.

Cuando plantamos la simiente del Espíritu Santo, recogeremos el fruto fresco que trae la vida.

Tendremos siempre frutos nuevos, disfrutando del buen sabor de los frutos que recogeremos y comeremos, alegrándonos de poder plantar y cosechar, sabiendo que cuidar la tierra es muy importante para tener buenos frutos.

Deje que el Espíritu Santo labre y limpie la tierra de su corazón – lugar de donde procede la vida – plante la simiente de la Palabra de Dios, riegue con el Agua viva y los frutos nacerán abundantes y buenos.

Elié Ferreira

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