Como casi todo lo que hacemos, los excesos pueden tener efectos contraproducentes.
La autocrítica, es una de esas cuestiones que generalmente practicamos en la intimidad y que tiene el propósito de analizar lo que hemos hecho y como lo hemos hecho.
Es buena o es mala la autocrítica?
Si nuestras referencias son las del mundo, puede resultar sumamente peligrosa, porque fácilmente podremos caer en algunas situaciones igual de malas: La autocompasión, el desánimo, la soberbia de sentirnos superiores.
Si nuestra referencia es Jesús, las perspectivas cambian rotundamente. La primera cuestión que nos deberíamos plantear es: Para qué hacemos autocrítica?
Es por una moda en los tiempos que vivimos?
Es una necesidad espiritual?
O es algo que intentamos hacer para mejorar nuestra vida?
Lo importante es tratar de determinar cómo es nuestra vida con relación a los que Dios nos ha mandado, si estamos obrando rectamente o si es necesario modificar algunas de nuestras acciones.
Siempre tendremos oportunidad de analizar en profundidad esa relación con el Señor, para no apartarnos de su Camino, ni a derecha ni a izquierda.
Si nuestra revisión tuviera un sentido positivo, deberemos de tener especial cuidado. Es algo parecido a la euforia, a la alegría desmedida.
Si llegáramos a la conclusión de que estamos obrando adecuadamente, pensemos que esa es la Obra del Eterno en nuestra vida y por tanto no podemos adjudicarnos ningún mérito y mucho menos vanagloriarnos.
La autocrítica, en todo caso debe llevarnos a establecer una nueva visión de nuestra vida, teniendo como modelo Supremo al propio Jesús.
Si eso es lo que buscamos, bienvenida la autocrítica!
Si en cambio buscamos la jactancia por ser mejores que otros, tengamos cuidado. No es lo bueno para nosotros.
Gálatas 6:4-5
Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de
gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro;
Hablar y callar: Estos extremos pueden ser determinantes en la vida de una persona. Generalmente son los que marcan las diferencias entre los necios y los prudentes.
Por esta razón es que se comenta que hay quienes abren su boca y expresan lo primero que se les ocurre, sin pensar ni en las consecuencias ni tampoco en el sentido de lo que han dicho.
Yo digo lo primero que pienso!
Esta afirmación desafiante, define bastante bien a quienes obran con matices cercanos a la necedad.
Frente a ellos están los que callan más de lo que hablan y que se equivocan mucho menos, logrando más respeto por sus dichos.
Estas son las cuestiones mundanas relacionadas con el hablar y el callar!
En el mundo espiritual recordemos lo que dijo Jesús: El Espíritu pondrá palabras en tu boca!
Esta debería ser la máxima de nuestra vida antes de hablar y también antes de callar.
Si el Espíritu pone palabras en nuestra boca, no tenemos autoridad para negarnos a hacerlas públicas. Lo contrario sería pura rebeldía.
Pensemos: Por qué obraríamos de esta manera, callando lo que el Espíritu nos manda decir?
Por una mera y mezquina actitud de hacer lo que creemos que nos conviene, para no ser radicales cuando lo deberíamos ser.
Esta forma de rebeldía, también nos será contada!
Por el contrario, cuando el Espíritu nos manda callar, debemos ser obedientes, aunque supuestamente estemos arriesgando lo que torpemente llamamos nuestro honor.
Un fiel hijo de Dios, hablará cuando el Espíritu ponga razones en su corazón. Un necio, hablará siempre, por pura maldad para ser esclavo de sus propios dichos!
Proverbios 13:2
Del fruto de su boca el hombre comerá el bien;
Mas el alma de los prevaricadores hallará el mal.
Uno no puede ir muy lejos en el sendero de la vida sin encontrarse con tribulaciones. «Tribulación» es un término relativo que no significa lo mismo para todas las personas. Algunas de las experiencias humanas que denominamos tribulación tienen que ver con aflicciones corporales. Para otros es una gran tristeza producida por la muerte de algún ser amado. Para otros puede tomar la forma de un fracaso o de un desengaño. Puede que la tribulación se manifieste por la falta de trabajo y la inseguridad que esto produce.
Algunas personas piensan que la mejor manera de enfrentar las tribulaciones, es sonreír: «¡¡Sonría!!», se nos dice a veces cuando no reímos ante una situación adversa.
Esa filosofía es buena hasta donde es aplicable; pero ¡cuán inadecuado resulta reírse de las tribulaciones cuando tenemos que enfrentarlas en la cruda realidad. Pienso que el Gozo del Señor, que es nuestra fuerza, no consiste en reír, sino que es la condición, el estado de paz interior, que se produce al creer y entender, por Su Gracia, que «Todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios, a los que conforme a sus propósitos son llamados», por lo que se puede llorar y tener el Gozo del Señor.
Lo importante no es qué tipo de tribulación nos ha venido, sino qué actitud hemos tomado en este caso. La autocompasión, el resentimiento, la queja y el reproche a Dios, no son buenos compañeros de viaje en este Camino de Vida.
¡A veces reaccionamos de esta manera ante el dolor y la tribulación!
Dios nos capacita para vencer en nuestras tribulaciones, si dejamos que Él cumpla sus planes en nosotros.
El propósito de Dios para nosotros es transformar las tribulaciones en triunfos, de la misma manera que la ostra herida por el grano de arena sufre el largo proceso de envolver el lugar afectado con una sustancia gomosa, hasta producir una perla de gran valor, nuestro sufrimiento puede ser transformado en una bendición.
No es tanto el poder reír ante la tribulación, sino sufrir rodeando, como la ostra, nuestra tribulación con agradecimiento a Dios, con alabanza, con adoración, con honra, dándole la Gloria y esto puede hacerse sufriendo y llorando como hizo aquella mujer, en casa de Simón, que con sus lágrimas regaba los pies del Señor Jesús.
Así podremos transformar nuestras tribulaciones en triunfos. En esa actitud podrá ocurrir que Dios transforme nuestro lamento en baile y nuestro lloro en regocijo.
2ª Corintios 4:16-18
16 Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.
17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;
18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas
Puede que existan varias razones para hacerlo, pero básicamente el día elegido fue por disposición del papa Liberio en el año 354.
Fue él quien dispuso que la iglesia católica romana y sus seguidores celebraran ese día el Nacimiento de Jesús.
La intención más probable, fue la de cristianizar las fiestas paganas que estaban relacionadas con el 21 y 25 de diciembre.
Las del 21 corresponden al del solsticio del invierno, al ser el día más corto del año o si se quiere, la noche más larga del año.
En el imperio romano se celebraba el 25 como el día del dios Apolo, en Grecia era el día consagrado al dios Helios. Pero donde más trascendencia tenía era entre los romanos, que celebraban las llamadas Saturnalias.
El emperador Julio César al establecer el nuevo calendario en el año 45 a.C. determinó que en el calendario Gregoriano, el nacimiento de Jesús coincidiera con el 25 de diciembre.
También el día 25 era para los romanos, el día del nacimiento del Sol Invicto.
Los pueblos escandinavos celebraban el día 26 de diciembre el día del dios Frey, que también recordaban los germanos.
Lo cierto es que podemos llegar a un argumento final sobre el tema. Si el Inspirador de la Biblia hubiera considerado importante que los hombres conociéramos la fecha exacta del nacimiento de su Hijo hecho Hombre, lo sabríamos. Por lo tanto al no haber sido determinado de forma fehaciente en la Biblia, es porque el día preciso, es un tema menor frente a la Grandiosidad de su significado.
Esta pregunta estuvo flotando en una conversación, en la que se debatía el propósito de una celebración, que ha pasado de ser Feliz Navidad, a Felices fiestas y más simplemente a decir: Felices días.
Tiene algún significado esto de decir felices días?
Alguien seguramente se lo buscará y a su modo tal vez lo encuentre, pero seguirá siendo una solemne tontería decir: Felices días…
El lado oculto de estas conversaciones-discusiones no es otro que pretender restarle importancia al acontecimiento más notable de la Historia de la humanidad.
Por utilizar un lugar común podríamos decir: Se pretende tapar el sol con las manos. O ignorar que el prodigioso orden que reina en la Creación, es obra de un proceso que nadie sabe cómo ha empezado ni como ha continuado.
El nacimiento de Jesús constituye por sí mismo, un hecho tan asombroso, que se merece respeto solamente por todas las profecías que lo anunciaron.
Aunque solamente fuera por eso, deberíamos inclinarnos ante la grandiosidad del alumbramiento de Belén.
Pero también es verdad que las tradiciones le restan valor a todo lo que verdaderamente tiene importancia. Y la Navidad, es una de ellas.
Pero no por eso podemos poner en duda, que el Glorioso Nacimiento, es un hecho maravilloso para cada uno de los hombres y las mujeres que a lo largo de la Historia poblamos la Tierra.
Es verdaderamente penoso imaginar, por qué hay quienes lo niegan, intentan denigrarlo o ignorarlo. Por mucho empeño que se ponga, en afirmar lo contrario, Jesús nació como prueba del Amor de Dios para cada uno de nosotros.
Isaías 42:2
He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones.
Quienes somos padres sabemos lo maravilloso que es el nacimiento de un nuevo ser!
También sabemos cuánto nos duele el sufrimiento de nuestro hijo!
Hablo en singular porque aunque tengamos varios hijos, siempre que tenemos alguna situación con uno de ellos, hablamos en singular por el problema que tenemos con ese hijo en particular.
Esto me hace reflexionar acerca del Nacimiento más notable de la Historia humana: El de Jesús!
Aún quienes lo niegan, no lo aceptan o lo repudian, deben aceptar que su presencia en la Tierra siendo Dios como Hombre, es tan extraordinaria, que marcó la época en el tiempo que medimos en años y siglos y milenios.
El Nacimiento de Jesús es el símbolo maravilloso del Amor de Dios por las joyas de su Creación y su preocupación por nuestra Salvación.
De allí el significado de este Nacimiento, Jesús nació para dejarnos el más importante legado que podríamos recibir: La Vida Eterna, tras el arrepentimiento, el perdón y el bautismo, que acredita nuestra nueva condición de Hijos.
Pensando en esto, es que creo que en estas horas debemos tratar de aislarnos del bullicio del mundo, para en silencio dar gracias por el Nacimiento Glorioso.
Podríamos decir que ese es el más grande presente que Dios nos ha dado a los hombres. Tal vez sea por eso que no somos capaces de valorarlo en su auténtica magnitud.
Hagamos de estas horas, un tiempo diferente en nuestra vida, con abstracción de si la fecha del 24 es correcta o no. Eso es lo menos relevante.
Lo importante es que un Niño nos es nacido!
Mateo 1:23
He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,
y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.
Más de una vez, creo que la mayoría de nosotros, hemos empleado un tono desafiante para pronunciar esta breve frase de ocho letras: Yo soy así!
Y digo que es desafiante, porque es una declaración de que somos de una determinada manera y que nada nos hará cambiar.
O para decirlo de otra forma: Somos así y estamos muy contentos de serlo y por tanto los demás deben aceptarnos.
Esta frase en el mundo sería vista como una forma de fuerte personalidad, avasallante y categórica, capaz de definir con propiedad la propia naturaleza.
En el mundo, tal vez alguna persona nos podría mirar con una cierta envidia, al ver a alguien tan seguro de sí mismo.
Pero qué valor tiene esta afirmación desde la perspectiva espiritual?
La visión cambia y los conceptos también!
Esta forma de expresarse, desafiante y agresiva, no es lo que se espera de una persona que afirma que tiene al Señor en su vida.
No es la forma de expresar el conocimiento que tenemos del Hijo del Hombre y sus enseñanzas!
Porque como serán nuestras obras si somos tan prepotentes?
Acaso hay alguien que pueda desafiar a Dios?
Quién soy yo para afirmar que nadie me puede cambiar?
Es necesario ser prudente con las respuestas que vayamos a dar. Tal vez las primeras palabras que salgan de nuestra boca, deberían ser de arrepentimiento por haber sido tan irreflexivos.
Cada hombre y cada mujer que el Eterno ha Creado está sujeto a su Autoridad y por tanto, ÉL puede cambiar lo que crea conveniente en nuestra vida.
Incluso hasta la forma arrogante de hablar!
Jeremías 49:16
Tu arrogancia te engañó, y la soberbia de tu corazón. Tú que habitas en cavernas de peñas, que tienes la altura del monte, aunque alces como águila tu nido, de allí te haré descender, dice Jehová.