En el mundo las personas atribuyen a una cadena de circunstancias los hechos que producen alegría y también con el mismo argumento, pero en sentido contrario, a los que apenan.
Tanto en un caso como en el otro, se atribuyen a lo que se denomina buena suerte o mala suerte. Esta es la mirada pequeña propia de la dimensión humana.
Cuál es entonces la diferencia entre la buena o la mala suerte y los milagros?
Tan sencillo y tan grandioso, como resulta tener la fe en el corazón como para agradecer como milagro, lo que los hombres simplemente atribuyen a las circunstancias.
En definitiva: La única diferencia es la convicción que tenemos los hijos de Dios, que hemos sido bendecidos por su Amor y su Misericordia y hemos recibido el presente de algo sobrenatural, que podemos definir como Milagro.
El Eterno desde siempre ha hecho milagros y los seguirá haciendo!
Daniel 4:2 Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo.
Nadie ha exaltado y destacado a la mujer, como Dios lo ha hecho y según consta en la Biblia. La creó de una costilla de Adán que fue hecho con polvo.
Por tanto la mujer es polvo doblemente refinado y por eso le corresponde ser la ayuda idónea para el hombre. Algo que solamente el Eterno puede disponer como una función más que relevante. Génesis 2:22-23 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.
Y parte indispensable de la primera institución que Dios dio a los hombres: El Matrimonio para que unidos en una sola carne, formen la Familia, base fundacional de la sociedad de todos los tiempos. Génesis 2:24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.
En el Libro de Proverbios 31:10 podemos encontrar estas bellas palabras: Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.
Y en uno de los textos más notables de la literatura de todos los tiempos, El cantar de los Cantares, podemos leer lo escrito por el sabio Salomón, en 6:10 ¿Quién es esta que se muestra como el alba,
Hermosa como la luna,
Esclarecida como el sol,
Imponente como ejércitos en orden?
En este día recordemos las palabras del maestro Matthew Henry: La mujer fue formada de una costilla ( es decir de su costado) de Adán; no fue hecha de su cabeza como para tener dominio sobre él, ni de sus pies para ser pisoteada por él, sino de su costado para ser igual a él, de debajo de su brazo para ser protegida, y de junto a su corazón para ser amada.
En estas dramáticas horas que se viven en Ucrania, con muertes y heridos y una gran destrucción, tenemos el poderoso instrumento de la Oración. Podemos clamar por paz y Misericordia o por la Justicia del Dios Todopoderoso. Diego Acosta – MENSAJE CONGREGACIÓN SÉPTIMO MILENIO
Utilizando el plural, interpretando el sentido de la Santísima Trinidad, el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Génesis 1:26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
De esta manera quedó eliminada toda posibilidad de que alguien pudiera argumentar, que los hombres participaron junto al Eterno, en alguna parte de la Creación porque fue el último ser vivo creado. Génesis 2:7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.
El primer hombre tuvo poder sobre todo lo Creado e incluso recibió la potestad de dar nombre a todo lo que Dios había puesto sobre la tierra, incluyendo los seres vivos.
El Eterno advirtió que el hombre no tenía ayuda idónea para él, pues estaba solo en medio de la Creación. Se puede afirmar que Adán fue polvo refinado de la tierra, pero la mujer fue Creada de su costado y por tanto es polvo doblemente refinado.
Adán recibió el maravilloso presente que se le entregaba y definió la condición de los sexos, pero no de su naturaleza. Génesis 2:23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.
Dios consagró entonces la primera institución, el matrimonio. Génesis 2:24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. También el Eterno estableció esta primera ley y su observancia, es lo que demuestra la santidad del matrimonio.
Nada ni nadie pueden provocar su disolución. Imaginemos que Adán hubiera rechazado a Eva, con quién hablaría o con quién se uniría si ella era la única mujer?
El hombre y la mujer son iguales delante del Eterno. Esto quedó establecido en Deuteronomio 10:17 Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho. Hombre y mujer fuimos Creados y en el matrimonio nos debemos unir, para ser una sola carne y para formar una familia con los hijos.
En el Libro de Éxodo se nos revela como Moisés y Aarón por mandato de Jehová, pidieron a Faraón que liberara al pueblo israelita. Fue un reclamo y no una amenaza.
Cuando la respuesta fue negativa, la situación cambió. Los que debían ser liberados fueron sometidos a un régimen más riguroso que el que estaban soportando.
Moisés y su hermano Aarón fueron ante Faraón en el momento en el que estaba en el río y le dijeron, según consta en Éxodo 7:17:19 Así ha dicho Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová: he aquí, yo golpearé con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre.18 Y los peces que hay en el río morirán, y hederá el río, y los egipcios tendrán asco de beber el agua del río. 19 Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos y sobre sus estanques, y sobre todos sus depósitos de aguas, para que se conviertan en sangre, y haya sangre por toda la región de Egipto, así en los vasos de madera como en los de piedra.
Este anticipo tenía el propósito de dejar establecido que lo que ocurrió luego, no fue debido ni a una casualidad ni a cualquier otra circunstancia. El Eterno siempre avisa para dar una oportunidad de cambio de actitud.
Pero los hechiceros hicieron lo mismo y el corazón de Faraón se endureció e ignoró los reclamos recibidos y también el hecho que los enviados de Jehová hubieran convertido las aguas de Egipto en sangre.
El pecado de la soberbia de Faraón fue el responsable de la situación que se enfrentaron los egipcios durante siete días. Los pozos y las aguas subterráneas aliviaron las penurias del pueblo.
Dos cuestiones deben ser remarcadas: Las aguas no adquirieron el color de la sangre sino que se convirtieron realmente en sangre. Además el Faraón no advirtió el detalle que sus hechiceros repitieron el milagro dispuesto por Jehová, pero no fueron capaces de restaurar el principio fundamental: convertir la sangre en las aguas de las que se servían los egipcios.
Así se ve en el espacio nuestro hogar el planeta Tierra, el que el Eterno creó para que viviéramos, lo pobláramos y lo cuidáramos. Una imagen de lo pequeños que somos. LA CREACIÓN
El Eterno nos enseñó como vivir en estos tiempos de confusión que deben ser de afirmación. Jesús nos dejó Mandatos para amar a Dios y al Prójimo. Diego Acosta – MENSAJE
CONGREGACIÓN
SÉPTIMO MILENIO
En las horas de incertidumbre de rumores de guerra tenemos el arma más poderosa de todos los hombres: La Oración. Podemos clamar al Dios Todopoderoso por ayuda y consuelo en los tiempos difíciles. Diego Acosta – MENSAJE
CONGREGACIÓN
SÉPTIMO MILENIO
PERSONAL Cuando dudemos, recordemos que el Eterno creó el tiempo, como una Gracia para los hombres. Por tanto, ÉL cumplirá sus promesas
con cada uno de nosotros, en el momento Perfecto, ni antes ni después. No lo olvidemos!
El Hijo del Hombre destaca en la sexta Bievaventuranza a los hombres de limpio corazón, porque ellos verán a Dios, por fe y estarán ante su Gloria Celestial. JESÚS Y MATEO